Se adueñó del sueño el mismísimo Groucho
Marx, su ídolo de juventud. He de añadir, mientras nuestro protagonista duerme,
que se había visto y revisto todas sus películas infinitas veces. Pues lo
dicho, se le “apareció” Groucho y le dijo mientras se movía de un sitio a otro
con grandes pasos y agitando el puro: “Hijo mío, eres un desastre. A nadie se
le ocurre hacerse médico epidemiólogo. Nadie te escuchará jamás…como a mí”
Un trocito de....
"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner
domingo, 25 de octubre de 2020
Nanorrelato Nº 630. El epidemiólogo
jueves, 27 de agosto de 2020
Nanorrelato Nº 620. Coronavirus y negocio
- Y digo yo, Dextro, que a quién le habrás pisado los tres
dedos gordos del pie central, en la Dirección General, para que nos vuelvan a
mandar de misión a esta mierda de planeta.
- Ya sabes, Levo, que soy un bocachancla. La computadora
sigue diciendo barbaridades de esta especie. Yo creo que se va a cansar y se va
a reiniciar ella misma, que aunque sea una máquina, estas cosas duelen.
- Pues guarda bien ese informe que he oído que se han
filtrado los anteriores y que ya se está vendiendo, a buen precio y subiendo,
la superficie del azulado planeta.
- ¿Vendiendo? ¿Para qué?
- Jopé Dextro, con lo listo que eres para algunas cosas….
Para que va a ser, pues para venir de vacaciones. ¿Has visto las playas que
tienen?
- Pero, ¿Van a venir y convivir con estos deleznables
habitantes?
- Dextro: La computadora central, gracias a nuestros
informes, ha cuantificado los niveles de cobardía, sumisión, mentira, deshonor,
traición y mediocridad, los ha metido en un algoritmo y: ¡que van a desaparecer! Eso es lo que se ha
filtrado a las inmobiliarias de nuestra galaxia.
- O sea, que nosotros soportamos esta barbaridad como
funcionarios sin protestar, para el bien común, y otros hacen negocio…..igual
ese es el principio de nuestra desaparición.
- Como acojonas, Dextro.
viernes, 21 de agosto de 2020
Nanorrelato Nº 618. Coronavirus......
- Pero bueno, Dextro ¿No pasamos con el platillo por este planeta hace unos seis meses?
- Sí. Estaban en medio de una pandemia acojonante, Levo.
- Pues mira los datos: van a pasarlo peor. No lo entiendo;
pero si tenían claro lo que había que hacer para evitar que ocurriese lo mismo.
- Ya, pero si te acuerdas del informe que mandamos a nuestra
galaxia, quedamos en que una de las causas más importantes de la catástrofe era
que mandaban los peores.
- Me acuerdo, Dextro. Pero lo que me llama poderosamente la
atención es que los que sí saben no hagan nada.
- En eso estaba, Levo. He analizado sus ondas cerebrales de algunos de sus mandos bien formados del siguiente nivel , y por lo visto hay una cosa que les bloquea: una síntesis elevada de unas hormonas que en esa especie se generan cuando sienten miedo, una preocupación por no perder…, su puesto directivo o algo así. Parece que eso provocaría que no pudiesen pagar todo el dinero que deben a alguien que llaman “Banco”. Eso es lo que dice la computadora.
- Pero vamos a ver ¿Les da igual que se puedan morir sus
abuelos? Y eso que tienen solo cuatro…si fueran como nosotros que tenemos veinticuatro,
diez maternos, diez paternos y cuatro neutros ¿Qué harían? Porque te digo yo a
ti una cosa: te juro por mis ocho antenas que no permitiría que ninguno de
ellos se muriera injustamente.
- Pues ya ves. No tienen claro que la cualidad más importante
de un jefe es la valentía, seguida de la honradez y la formación. Estoy hasta
mis fosforescentes huevos de este planeta. Termino el informe y salto a la
velocidad luz, que esta especie da un asco…..
jueves, 20 de agosto de 2020
Nanorrelato Nº 617. Coronavirus y otra vez.
Se desplomó. No, no me refiero
a que se cayese al suelo o cosas de ese estilo. Se desplomó de desplomarse, de
plomo en su cabeza y en su corazón, de peso, de carga inaguantable, pero que
tengo que resistir, y no sé si voy a ser capaz. Otra vez, otra vez, cómo es
posible, se decía repetitivamente viendo la pinta de la curva, de la maldita
gráfica. Otra vez, otra vez el aire del respirador chocando contra la guadaña.
Otra vez esa mirada perdida ante la desesperación. Otra vez el hielo sembrado
de cadáveres que no les había llegado la hora, que les faltaban muchos besos y
partidas de julepe. Otra vez el terror. Otra vez esa aleación entre gritos y
silencio, ese oxímoron inexplicable salvo para quien ha estado ahí. Otra vez
sin dormir a pierna suelta. Otra vez que no sé qué voy a llevar a mi casa, a
los que amo, esos que me miran con admiración nada más llegar mientras me
desnudo casi antes de entrar. Pero si estaba todo muy claro…solo había que
hacer caso a los libros. Aplausos…., otra vez. Otra vez.
martes, 18 de agosto de 2020
Nanorrelato Nº 616. Coronavirus y poderoso caballero.....
Y el Covid-19 hizo su
siguiente movimiento: invertir en bolsa. Y ganó, ganó varias veces seguidas, lo
que en ese mundo se denomina “un chicharro”. Y concomitantemente a ese éxito, y
por ende aumento de dinero en su poder,
subió su imagen, y ya no se le veía tan malo, sino que aparecieron
voces, sobre todo de los periódicos en los que invirtió ingentes cantidades de
dinero, periodistas totalmente independientes (demostrado) que dijeron de él
que era un buen tipo, “Duro pero justo”, creo que se llegó a poner en algún
titular. Y después vino el premio literario Covid-19, el más prestigioso de la
literatura española que ganaban los mejores, los que sus letras eran las más
valientes, claro. También se creó un
galardón científico llamado, como no puede ser de otra forma, “I+D+i Covid, sí
sí sí” donde ganaban aquellos que su ciencia combatía las enfermedades más
terribles, siempre en defensa de la salud. Y los que en su día lucharon en las
UCIs, vieron como borraban todo rastro en internet, eso que se llama derecho al olvido, para evitarles
problemas….” ¡Qué necesidad de señalarse!”, les justificaron desde el poder
político a través de los distintos boletines oficiales, mientras veían
indefensos como desaparecían de la pantalla del móvil, como azucarillos en el
café, artículos y entrevistas. Y el mundo siguió dando vueltas alrededor del
Sol, las vacaciones en agosto, las olimpiadas cada cuatro años, y como decía
uno de los pensadores más influyentes de la época: somos un poco mejores.


