Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


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domingo, 25 de octubre de 2020

Nanorrelato Nº 630. El epidemiólogo

Se adueñó del sueño el mismísimo Groucho Marx, su ídolo de juventud. He de añadir, mientras nuestro protagonista duerme, que se había visto y revisto todas sus películas infinitas veces. Pues lo dicho, se le “apareció” Groucho y le dijo mientras se movía de un sitio a otro con grandes pasos y agitando el puro: “Hijo mío, eres un desastre. A nadie se le ocurre hacerse médico epidemiólogo. Nadie te escuchará jamás…como a mí”

jueves, 27 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 620. Coronavirus y negocio

- Y digo yo, Dextro, que a quién le habrás pisado los tres dedos gordos del pie central, en la Dirección General, para que nos vuelvan a mandar de misión a esta mierda de planeta.

- Ya sabes, Levo, que soy un bocachancla. La computadora sigue diciendo barbaridades de esta especie. Yo creo que se va a cansar y se va a reiniciar ella misma, que aunque sea una máquina, estas cosas duelen.

- Pues guarda bien ese informe que he oído que se han filtrado los anteriores y que ya se está vendiendo, a buen precio y subiendo, la superficie del azulado planeta.

- ¿Vendiendo? ¿Para qué?

- Jopé Dextro, con lo listo que eres para algunas cosas…. Para que va a ser, pues para venir de vacaciones. ¿Has visto las playas que tienen?

- Pero, ¿Van a venir y convivir con estos deleznables habitantes?

- Dextro: La computadora central, gracias a nuestros informes, ha cuantificado los niveles de cobardía, sumisión, mentira, deshonor, traición y mediocridad, los ha metido en un algoritmo y:  ¡que van a desaparecer! Eso es lo que se ha filtrado a las inmobiliarias de nuestra galaxia.

- O sea, que nosotros soportamos esta barbaridad como funcionarios sin protestar, para el bien común, y otros hacen negocio…..igual ese es el principio de nuestra desaparición.

- Como acojonas, Dextro.



viernes, 21 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 618. Coronavirus......

 

- Pero bueno, Dextro ¿No pasamos con el platillo por este planeta hace unos seis meses?

- Sí. Estaban en medio de una pandemia acojonante, Levo.

- Pues mira los datos: van a pasarlo peor. No lo entiendo; pero si tenían claro lo que había que hacer para evitar que ocurriese lo mismo.

- Ya, pero si te acuerdas del informe que mandamos a nuestra galaxia, quedamos en que una de las causas más importantes de la catástrofe era que mandaban los peores.

- Me acuerdo, Dextro. Pero lo que me llama poderosamente la atención es que los que sí saben no hagan nada.

- En eso estaba, Levo. He analizado sus ondas cerebrales de algunos de sus mandos bien formados del siguiente nivel , y por lo visto hay una cosa que les bloquea: una síntesis elevada de unas hormonas que en esa especie se generan cuando sienten miedo, una preocupación por no perder…, su puesto directivo o algo así. Parece que eso provocaría que no pudiesen pagar todo el dinero que deben a alguien que llaman “Banco”. Eso es lo que dice la computadora.

- Pero vamos a ver ¿Les da igual que se puedan morir sus abuelos? Y eso que tienen solo cuatro…si fueran como nosotros que tenemos veinticuatro, diez maternos, diez paternos y cuatro neutros ¿Qué harían? Porque te digo yo a ti una cosa: te juro por mis ocho antenas que no permitiría que ninguno de ellos se muriera injustamente.

- Pues ya ves. No tienen claro que la cualidad más importante de un jefe es la valentía, seguida de la honradez y la formación. Estoy hasta mis fosforescentes huevos de este planeta. Termino el informe y salto a la velocidad luz, que esta especie da un asco…..


jueves, 20 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 617. Coronavirus y otra vez.

Se desplomó. No, no me refiero a que se cayese al suelo o cosas de ese estilo. Se desplomó de desplomarse, de plomo en su cabeza y en su corazón, de peso, de carga inaguantable, pero que tengo que resistir, y no sé si voy a ser capaz. Otra vez, otra vez, cómo es posible, se decía repetitivamente viendo la pinta de la curva, de la maldita gráfica. Otra vez, otra vez el aire del respirador chocando contra la guadaña. Otra vez esa mirada perdida ante la desesperación. Otra vez el hielo sembrado de cadáveres que no les había llegado la hora, que les faltaban muchos besos y partidas de julepe. Otra vez el terror. Otra vez esa aleación entre gritos y silencio, ese oxímoron inexplicable salvo para quien ha estado ahí. Otra vez sin dormir a pierna suelta. Otra vez que no sé qué voy a llevar a mi casa, a los que amo, esos que me miran con admiración nada más llegar mientras me desnudo casi antes de entrar. Pero si estaba todo muy claro…solo había que hacer caso a los libros. Aplausos…., otra vez. Otra vez.


martes, 18 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 616. Coronavirus y poderoso caballero.....

Y el Covid-19 hizo su siguiente movimiento: invertir en bolsa. Y ganó, ganó varias veces seguidas, lo que en ese mundo se denomina “un chicharro”. Y concomitantemente a ese éxito, y por ende aumento de dinero en su poder,  subió su imagen, y ya no se le veía tan malo, sino que aparecieron voces, sobre todo de los periódicos en los que invirtió ingentes cantidades de dinero, periodistas totalmente independientes (demostrado) que dijeron de él que era un buen tipo, “Duro pero justo”, creo que se llegó a poner en algún titular. Y después vino el premio literario Covid-19, el más prestigioso de la literatura española que ganaban los mejores, los que sus letras eran las más valientes, claro.  También se creó un galardón científico llamado, como no puede ser de otra forma, “I+D+i Covid, sí sí sí” donde ganaban aquellos que su ciencia combatía las enfermedades más terribles, siempre en defensa de la salud. Y los que en su día lucharon en las UCIs, vieron como borraban todo rastro en internet, eso que se llama derecho al olvido, para evitarles problemas….” ¡Qué necesidad de señalarse!”, les justificaron desde el poder político a través de los distintos boletines oficiales, mientras veían indefensos como desaparecían de la pantalla del móvil, como azucarillos en el café, artículos y entrevistas. Y el mundo siguió dando vueltas alrededor del Sol, las vacaciones en agosto, las olimpiadas cada cuatro años, y como decía uno de los pensadores más influyentes de la época: somos un poco mejores.


viernes, 19 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 607. Coronavirus y fin.


Todo pasó. Todo fue acabando en tiempo y fecha. La palabra pandemia volvió al lumpen de los términos con sus antiguos compañeros que no son pronunciados prácticamente nunca, y que viven en la máxima indigencia lingüística. Otras como aplauso se recolocaron en su sitio de siempre, enfrente del partido de fútbol televisivo, y nunca más volvieron a los alféizares. Solidaridad y reconocimiento también regresaron a su limbo léxico de donde se las había sacado, lugar inodoro, incoloro e insípido por destacar tres de sus máximas características. Recuerdo perdió de inmediato su recién estrenado, unos meses atrás, carácter social, que parecía duradero, y volvió a ser un concepto tremendamente personal, como siempre había sido, y sobre dónde está…,eso ya depende de la intimidad de cada uno, no se puede por tanto asegurar su significado y posición. Nueva normalidad fue la equis resultante de esa compleja ecuación que se generó en su día y cuyo valor es exactamente el mismo que el de vieja normalidad y que no es otro que: todo atado y bien atado. FIN

martes, 26 de mayo de 2020

Nanorrelato Nº595. Coronavirus y derroche de lucidez


La sala de reuniones le parecía muy grande aunque acorde a su categoría, claro está; las banderas enhiestas con su saludo, se encargaban de afirmarlo. Siempre entraba en ella diez minutos antes de que empezase cualquier reunión. Le gustaba ver una  a una, en solitario, con el respeto y la solemnidad que provoca el sonido de tu propia respiración, las paredes en las que un poco más tarde sus palabras rebotarían raudas hacia sus “escuchantes”, superando si cabe la velocidad del sonido, ya que eran suyas, del ¡más importante! Una vez que todo el mundo estaba sentado y justo antes de empezar, siempre el mismo pensamiento mitad y mitad desprecio y regocijo, recorría su bóveda craneal « Estos imbéciles, que se creen muy listos, muy preparados, muy lúcidos, seguro que piensan que soy un mediocre…. ¡Panda de pringaos! Jamás estaréis en mí puesto por eso mismo: por estar preparados. »

viernes, 15 de mayo de 2020

Nanorrelato Nº 591. Coronavirus y el poder


En el final de toda batalla hay un perdedor y un vencedor, que nada tiene que ver con lo bueno o lo malo y muchísimo menos con lo justo e injusto. Las batallas son así, se comportan como si fuesen pequeños universos que siguen sus propias leyes físicas. Os explico esto, queridos alumnos, porque eso es lo que ocurrió en un planeta muy lejano, objeto de la clase de hoy. La lucha a la que me refiero se dio entre el poder económico y la ciencia. Y ganó el primero. Y con la rapidez que se dan siempre los vencedores de cualquier liza, empezaron a distribuir su verdad. La primera fue la total modificación de todos los libros de medicina, porque ya sabéis que no hay mejor campo de batalla que la sanidad. Se modificaron los parámetros fisiopatológicos que llevaban siglos demostrando su valía para alargar la vida de aquellos seres. Quedan algunas páginas de algunos compendios médicos, concretamente de cardiología, donde el hallazgo de un infarto de miocardio no dependía de lo que reflejase el electrocardiograma o los datos analíticos. No: el diagnóstico dependía de lo que comunicara su jefe laboral, de si podía faltar al trabajo o no. Ese era el parámetro decisorio. Suponemos que ese libro sería de obligado estudio para todos los médicos de aquel planeta. Y así ocurrió con todos los textos, creemos. Pero uno de ellos, que no se ha encontrado, pensamos que explicaría su extinción: el libro de salud pública, que como sabéis define cómo actuar ante una pandemia. Esa es, según todos los arqueólogos, la causa definitiva de la total aniquilación de aquel mundo. Lo más curioso de todo es que ese valor tan importante que llamaban dinero y que estaba representado por ceros y unos, según algunos restos arqueológicos, no se ha hallado ninguna prueba de su existencia. Es un misterio que algo considerado tan importante, como para jugárselo todo, no quede nada de nada. Como digo, solo hay de aquella maravillosa civilización, esqueletos y algún libro petrificado.

domingo, 3 de mayo de 2020

Nanorrelato Nº 588. Coronavirus y la pareja


Decidieron darse otra oportunidad, la última; ese fue el pacto. Que era una empresa difícil ambos estaban de acuerdo, casi en lo único. Decidieron aprovechar el confinamiento obligado para esa nueva ocasión. Siguieron a rajatabla y más, todos los consejos de salud pública para evitar enfermar: fregar con lejía al 5% con más asiduidad, llevar guantes en los supermercados, utilización de geles hidroalcohólicos, estornudar en el codo o en un pañuelo y tirarlo de inmediato envuelto en una bolsita a la basura, y por supuesto ponerse mascarilla y hablar a dos metros de distancia. Y, como por arte de birlibirloque, la pareja empezó a sanar. Quizá fuese por la distancia que guardaban, o por el olor a lejía que invitaba a todo menos a discutir, o por no verse casi la cara, que lo mejor también influía el hecho de que la mascarilla amortiguase la voz y casi no se entendían. Lo que fuera, o todo junto. Y la pandemia del covid-19 pasó, pero ellos siguieron con las mismas pautas, que ya se sabe que la pareja es lo más importante y lo que más hay que cuidar, al precio que sea.

miércoles, 29 de abril de 2020

Nanorrelato Nº 587. Coronavirus y los sueños


Desde pequeñito quiso ser lo que quiso ser. Conseguir abrirse paso con su sueño a cuestas le fue muy difícil, pero ya se sabe que si un sueño es de verdad, es imposible que el ser humano que lo tiene agarrado a sus circunvoluciones tire la toalla. Sus padres, cuando les comunicó su plan “para ganarse la vida”, no pudieron disgustarse más. Pero siguió adelante. No le fue sencillo encontrar maestros en su disciplina, ya que desde hacía tiempo dicho saber estaba un poco…olvidado. Para compensar la falta de docentes, veía y veía una y otra vez actuaciones grabadas, muchas de ellas en blanco y negro, del maestro de maestros, Marcel Marceau, y como él, también llevaba cada vez que actuaba una flor en su sombrero con el mismo objetivo que su ídolo: representar la fragilidad de la vida. Quién iba a decir que su profesión, la de mimo, iba a ser de las más demandadas en estos tiempos en que nadie puede tocar nada ni a nadie. Así que iba empresa por empresa, colegio por colegio, enseñando cómo debían de trabajar y relacionarse sin ponerse en peligro. Y esa flor que brotaba de su sombrero les recordaba a todos, además de la fragilidad de su existencia, lo terrible que puede ser la soberbia aquí, en el tercer planeta del Sistema Solar.

sábado, 18 de abril de 2020

Nanorrelato Nº 585. Coronavirus y los extraterrestres.


<< Ni te acerques, Levo. Vamos a dar otra vuelta por este sistema solar, para hacer un poco de tiempo, hasta que solucionen semejante pandemia, y ya tranquilamente cogemos las muestras de esta misión.>>
<< ¿Te acuerdas Dextro, de que en el colegio primario nos explicaron que nuestros planetas sufrieron una epidemia parecida, hace mucho tiempo?>>
<< No muy bien, la verdad, porque yo venía de estudiar dimensiones paralelas y la biología se veía de refilón. >>
<< Pues, te cuento. Hace muchos metrones hubo una epidemia por un virus, que lo denominaron Boinavirus, no me preguntes porqué. Por lo visto fue un desastre, miles de muertos, bueno…, la leche cósmica. Todos los políticos de todas los planetas y distintas regiones no creas, en vez de ayudar, se liaban a hostias todos contra todos con láseres de segunda generación. Así que la solución vino de un pequeño y olvidado artículo de la Constitución de entonces, donde se dejaba claro que, si los políticos iban contra el pueblo,” el pueblo, es su derecho, es su deber, cambiarles de dimensión espacio- temporal y elegir a otros que vayan a su favor”
<< ¡Ah!, por eso ahora, para ser político se necesitan tantísimas pruebas psicológicas, culturales, éticas…, por si acaso llegaran gobernar. Ahora que me acuerdo…, a un sobrino clónico mío le pillaron aparcando el platillo en una zona de carga y descarga y ya no pudo seguir con los estudios de político. Y es un chaval majo que siempre lleva las antenas en posición educada, pero…….>>
<<Eso es.>>

sábado, 11 de abril de 2020

Nanorrelato Nº 582. Coronavirus y la batalla del Ebro


Fue testigo de todo. Observó la evolución de todos los seres humanos que alcanzaba a ver desde su ventana, pero para él era muy importante porque ese universo parecía suficiente para extrapolarlo al resto de ventanas de todo el país. Vio cómo empezaron un buen día saliendo a aplaudir a todos aquellos que se la estaban jugando para que pudiesen continuar con sus vidas, con sus trabajos, con sus amores o finiquitar sus desamores. Después, esos aplausos fueron mutando en caceroladas. Ya no había risas, ni “hasta mañana vecinos”. No. Eran ruidos metálicos en medio del silencio. Después, unos y otros memorizaban como si estuviesen preparándose un examen, las caras de quienes aplaudían y quienes sacaban cacerolas. Después, apoyados en sus alféizar, unos a otros se disparaban con los dedos índices hipotéticos proyectiles lanzados desde la posesión más absoluta de la razón. Y esta vez, a diferencia de la anterior que fue horizontal, aparecieron verticalmente esas dos Españas sobre las que escribía Machado entre lágrimas. Y la batalla del Ebro siguió su curso, ya que nunca terminó, desde aquel 25 de julio del año 38, a las 0:15 horas. Es lo que afirman…, las ventanas.

viernes, 10 de abril de 2020

Nanorrelato Nº 581. Coronavirus y "La Fuentes"


Adelante. Suena el despertador; acción absurda porque llevo una hora con los ojos como platos. Lo primero, lo primero: ponerme las orejeras que tengo en la mesilla, para evitar distraerme del objetivo. Nada, ni caso a Twitter, ni Facebook, ni nada. Solo ciencia y ciencia. Ojalá tuviera más, más certezas, más de todo, pero hay que luchar con los datos que tengo. Acordarse de Napoleón, que de esto de luchar entendía un poco, Cuando el enemigo se equivoca no hay que interrumpirle. No me quiero equivocar. Y además no puedo pedir ayuda, porque el planeta está igual…, o peor. Sigo. Órdenes, resultados, órdenes. En su día prometí ser directora general por y para…el pueblo. No voy a faltar a mi juramento mientras me quede ATP disponible. Me caigo un poco, nadie me ve. Soy médico, por tanto me levanto porque la medicina no se puede ejercer de rodillas. Me acuerdo de cosas buenas. Solo un ratito, como para descansar. Las aparco, ya que en el frente pueden ser muy dañinas. Una llamada y otra, una videoconferencia y otra. Un pasito más. Parece que se aplana la curva. Pero..., sorpresa, todavía hay gente que intenta escapar al pueblo. Fuera pensamiento negativo.  El enemigo es muy fuerte. Pero yo también. Soy de arriba de la montaña. Adelante. Y de algo estoy segura, como la vieja canción de aquellos gallegos: “Y bailaré sobre tu tumba……”  coronavirus.

domingo, 5 de abril de 2020

Nanorrelato Nº 579. Coronavirus y tod@s


A todos. A los que están dentro y a los que están fuera. A los que se les perla la frente de miedo a contagiarse y a los que...ni lo piensan. A los que les dan medicinas a los pacientes y a los que les ofertan la mano virtualmente. A los que no han salido de casa y a los que salieron, y por fin entraron, se dieron cuenta de la maldad de este virus. A los que rezan y a los que solo lo hacen a ratitos, por si acaso. A los que han perdido a alguien insustituible y a los que la suerte les ha tocado con su pluma. A los que se lanzan con los chiquillos al suelo del salón para entretenerles y a los que se tiran encima del paciente para meterle un tubo por el gañote a modo de cordón umbilical con la vida. A los que llaman por teléfono a sus enfermitos para proseguir el tratamiento como sea y a los que llaman a sus padres del pueblo diciéndoles, una vez más, que no salgan a la calle. A los que analizan incansablemente los datos esperando un atisbo de aplanamiento y a los que ya solo ponen la videoconsola. A los poetas que se desesperan porque no les sale un solo verso y no pueden ayudar desde su perspectiva, y a los que lloran al escribir cada parte de defunción. A los que limpian el suelo una y otra vez y a los dejados que no lo han limpiado jamás desde que empezó la cuarentena. A los que reparten alimentos incansablemente y a los que esperan tranquilos delante del súper. A todos y a todas (como se dice ahora): un abrazo. No tengo otra cosa.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Nanorrelato Nº 568. Coronavirus y los jubilados


Miró en derredor y solo veía libros, y ese horizonte le recordó que no había conseguido nunca descubrir la causa, el porqué, a lo largo de sus tres divorcios todos sus libros habían pasado como un testigo en una carrera de relevos. Uno detrás de otro. Ninguno se había quedado por el camino. Y ahí estaban, estáticos, mirándole mientras se ajustaba los tirantes. Pensó en uno de ellos, uno muy especial, de Cicerón, el tratado “de Senectute”, donde el magnífico orador y filósofo de la antigüedad daba un repaso a lo que realmente ocurre cuando llega la vejez, y cómo se debe de afrontar. Recordó uno de los efectos, el de que la vejez nos aparta de las actividades profesionales, de la irrelevancia laboral, y exclamó en voz alta: Cicerón, tú no conocías al coronavirus, por lo visto. Me voy al hospital…, a darle pal’pelo a ese microorganismo deleznable. ¡A ver que me mandan los jovenzuelos, hoy!

lunes, 23 de marzo de 2020

Nanorrelato Nº 566. Coronavirus y lo que saben los psiquiatras.

Sabía muchas cosas, nuestra protagonista. Sabía que todo está relacionado en medicina, que lo más dispar podía convertirse en lo más igual por arte de birlibirloque; de hecho, los físicos afirman que nuestros átomos provienen de estrellas…. ¿puede existir mayor relación entre las cosas? Sabía que un virus que ataca a los pulmones, podía hacer daño a la cabecita de sus enfermos. Sabía que ese mismo virus podía matar a sus familiares más frágiles. Sabía que el enfermito que entraba en la consulta, también podía estar infectado. Sabía, por la primera impresión al ver a su paciente, si el tratamiento estaba siendo efectivo o tenía que darle otra vuelta. Sabía que sus hijos pequeños no entendían muy bien lo que estaba pasando. Sabía que se podía agotar. Sabía el ritmo de crecimiento de las raíces blancas cuando no va a la peluquería. Sabía que el estornudo que acababa de golpear el reverso de su codo, era alérgico. Pero, de pronto, el mismísimo Lacan le dio un puntapié, y la sacó de todos esos “saberes”, y le susurró al oído: “Ya sabes que la verdad tiene estructura de ficción. Adelante, di la frase mágica”

«Que pase el primero»

Y se puso a “curar”


Obra "Bipolar" (Óleo sobre lienzo) Autor: Pedro Carrasco Garijo







sábado, 21 de marzo de 2020

Nanorrelato Nº 562. Coronavirus y el nieto.


Abuela, en el colegio hoy nos han contado la epidemia que hubo cuando tú y el abuelo erais jóvenes, la del coronavirus. ¿Os acordáis? - preguntó el chiquillo nada más entrar en la cocina.
Claro, cariño. ¡Cómo no nos vamos a acordar! Aunque tu abuelo y yo ya pasamos de los noventa…, pero eso nunca se olvida- le contestó su abuela.
Y tú, abuelo, ¿qué hiciste?
¿Yo? Pues te lo voy a contar. Un día, después de venir de trabajar del hospital, con más miedo que vergüenza y el miedo te hace dudar de todo, bueno a mí más que a tu abuela, me senté en una silla de esta misma cocina donde estamos ahora, y me quedé en silencio.
¿Sí? y ¿Por qué? - le interrumpió el niño con la impaciencia lógica de sus siete años.
Sí. Pero al poco me levanté y me hice un arroz a la cubana con dos huevos fritos como dos raquetas de ping-pong, un metro cúbico de arroz, el plátano frito custodiando el extremo del plato y tomate a granel, y después de tocarle el culo a tu abuela, habiéndome lavado las manos, claro, grité: ¡Coronavirus, cómeme la polla!
No hables así al niño….
Y vencimos.
¡Jo!, abuelo. Era en serio. Era una cosa del cole…..
Y en serio te he contestado.

viernes, 20 de marzo de 2020

Nanorrelato Nº 561. Coronavirus y el futuro


Respondiendo a tu pregunta, querido alumno, no se supo nunca con certeza el verdadero motivo, la fulminante causa que derivó en la victoria aplastante de la humanidad sobre el poderoso Covid-19 allá a principios del siglo XXI, que tantos libros, películas, series y demás, ha originado en estos casi cien años recorridos. Existen dos teorías igualmente aceptadas, una de ellas es que la cantidad de memes descojonándose de todo, los aplausos de unos a otros durante toda la duración del conflicto, el trabajo infatigable de todos sin flaquear un solo instante, y el amor extremo que salió desde lo más hondo, generó las certeras inmunoglobulinas destructoras del virus; y la otra es que el propio microorganismo, al ver esa reacción que os acabo de contar, se avergonzó y se autodestruyó. Pero insisto, las dos son consideradas correctas, y fruto de ellas deriva, como bien sabes, el protocolo ante desastres que actualmente está en vigor cuyo eje central es el respeto máximo que todos nos tenemos y el orgullo de ser seres humanos. Ahora poneros los cinturones que en breve saltaremos a la velocidad de la luz para llegar prontito a la galaxia Andrómeda donde comenzaremos nuestra excursión. Nada más llegar, nos comeremos los bocadillos.

jueves, 19 de marzo de 2020

Nanorrelato Nº 560. Coronavirus y mi madre


Mi madre se mató a trabajar. Trabajó de noche como telefonista, sin faltar un solo día .Trabajó de portera durante 24 por 7, como se dice ahora, sin ausentarse de su obligación, nunca. Se deslomó de sol a sol en el campo y nunca se puso mala. Atendió como tendera en un colmado que estaba lejísimos de casa y jamás llegó tarde y, por supuesto, nunca cogió una sola peseta del cajón. Se arrodilló doblándose como una tenaza limpiando portales, y jamás nadie le echó en cara que había olvidada una sola brizna de suciedad por donde ella había pasado agachada. Y me mandó a la Universidad. Y me hice bioquímico, y me hice médico, y me hice abogado, y me hice ingeniero, y me hice físico. Y, ahora, a un clic de ratón tengo desde todo el metabolismo intermediario hasta la última actualización del tratamiento de la pancreatitis del journal of digestive diseases and hepatology, pasando por la mejor ponencia sobre bioética y  los últimos trabajos sobre superconductores, para terminar con una tesis doctoral muy buena sobre la ecuación de Schrödinger. Tengo todo eso, y más. Pero para mi madre no tengo nada, salvo encerrarla en casa para que el Covid-19 no la fulmine. Lo siento, madre. Lo siento.

martes, 17 de marzo de 2020

Nanorrelato Nº 558. A los que están agotados


« Son incansables estos humanos. Es falso lo que nos dijo el Coronavirus-Jefe, de que iba a ser un paseo militar como en el murciélago. Van a poder con nosotros. No se rinden. Todo aquello que nos contaron de vagos, irresponsables y especie egoísta a más no poder, ¡NO ES CIERTO! Se han encerrado en sus casas, y están investigando a marchas forzadas y ¿no los has oído aplaudirse desde las ventanas? Está todo perdido…»
« No grites, que no te oigan. Eso es derrotismo y te pueden introducir sin transcriptasa reversa dentro de un T-Killer»

Dedicado a todos los que están agotados.