Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 28 de abril de 2017

Asbjorn, el Vikingo (II). La carcajada

O sea, que me dejan en tierra vamos (exclamó Asbjorn, mentalmente). ¡Será posible! Después de tantos años acompañándolos en sus ataques, convirtiendo en arte sus hazañas…injustificables, que es lo que tiene el arte, que es mágico y puede transfigurar en bueno lo malo y hacerlo inmortal, claro está. Además, ejerciendo de terapeuta de todos, porque muy chulitos en público alardeando de ser un vikingo feroz. Pero en privado, muchos hombretones he visto desmoronarse por esa lucha interior que aparece después del combate. ¿Y quién estaba ahí, siempre?: Asbjorn. Y con mi lira y mis poemas, calmé y humanicé a  todos los monstruos que se les aparecían en el duermevela.
 Y me van a  dejar aquí, en el poblado... ¿Por qué? Porque soy viejo. ¡Increíble!
<<Asbjorn, tienes que entenderlo: no podemos parar cada medio reloj de arena a que orines, porque tengas la próstata grande. Que para un vikingo, el factor sorpresa es fundamental>>
<<Pues recordad lo que os digo: Sin arte en el barco, vuestros días y vuestra...perdón, nuestra cultura, está perdida. Que las espadas no son nada sin la música y la poesía >>
<< ¡Jajajajajajajajajaja!  (fuerte carcajada)>>

jueves, 27 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 465. Asbjorn, el vikingo

Corría el año 1017 en una pequeña aldea vikinga. Sus componentes masculinos, cuando lo consideraban, montaban en su flamante barco e iban a saquear pueblos lejanos. Nuestro protagonista, Asbjorn, era un vikingo de pura cepa, sólo que la espada la llevaba de adorno. Su arma real era la lira, y durante el viaje de ida y el de vuelta, animaba a sus compañeros en su ardua tarea. Pero realmente Asbjorn estaba un poco harto de su cometido ya que tenía la sensación de que era algo parecido al hilo musical, que hace más liviano el trabajo pero que nadie le da importancia. Y Asbjorn tocaba y recitaba a lo más importante de su vida: el amor y el desamor. Claro, el siempre bajaba el último en los ataques (así se lo había ordenado el capitán)  y cuando llegaba a la saqueada aldea con su lira, en las mujeres y hombres a los que acababan de robar todo sus colegas, no despertaban mucho interés sus rimas amorosas. Así que a la vuelta de uno de los viajes, le contó al hechicero su problema, y éste, que era un mago acojonante, le proporcionó una pócima para que se adelantara mil años exactamente y viera si en esa época futura su arte tendría mayor consideración <<Algún día estos bárbaros dejarán de saquear. Mira a ver si eso es cierto. Yo creo que te irá bien. De hecho te doy un segundo frasco de poción por si decides quedarte allí para siempre>> Y allí fue Asbjorn, al 2017. << ¿Ya estás aquí? Cuéntame, ¿cómo es el futuro? >> Y nuestro vikingo poeta le relató que le habían llamado perroflauta, que: ¡cómo iba por ahí con una lira!; y que un niño, cuando decidió volverse a su época y tiró la pócima de la permanencia a un río, le dijo que era un sinvergüenza porque eso se deja en el contenedor de orgánicos. <<Malos tiempos…siempre, para los poetas, pues>>, exclamó el mago.

martes, 25 de abril de 2017

Manorrelato Nº 464. La mora

Se esforzó por ser una buena mora. Sus pinchos, escogidos y afilados, daban dignidad a toda la planta, que a ella le importaba “el todo”. Su color morado era espectacular, sin igual. Incluso, con tiempo y mucho esfuerzo, llegó a conseguir la excelencia de las moras: que su mancha, si se diese, jamás se quitaría con otra verde. Pero no se dio. No. Nadie la recogió. A todas las personas que por enfrente de su zarza pasaban, ninguna se interesaba por ella. Unos que si iban a hacer mermelada y que claro, si la mezclaban con las otras de sabor más normal, pues eso, que el bote no tendría un sabor continuo. Otros, que iban comiendo según cogían, pues que para qué, si ya estaban acostumbrados al sabor mediocre ¡No querían sorpresas! Preferían comer...lo de siempre. Y allí, sola entre espinos, que también estaban enfadados con ella ya que nunca habían pinchado a nadie,  se pudrió nuestra esforzada, honrada y muy preparada mora. Fin. 

jueves, 20 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 463. Vientos de sintasol

    ¿Te has enterado?
    ¿De qué?
    ¡Hija, es que estás más despistada! Pero si no se habla de otra cosa.
    Ya, es que llevo una actividad frenética. Dime
    Pues eso, que parece ser que nos van a sustituir.
    ¿A nosotras? ¿Por?
    El porqué, no lo sé realmente. Pero sí por quien: por un sintasol.
    ¿Sintasol? Pero…eso no puede ser. Si el sintasol es una imitación barata de baldosa. Anda, anda, que vaya tonterías se comentan.
    Te lo juro. Es totalmente cierto.
    Pero… ¡si nosotras hemos cumplido siempre con primor nuestras obligaciones!
    Eso no tiene nada que ver, por lo visto. Vamos, es lo que dice la que está más cerca del escritorio del jefe que oye todo a la perfección. Creo que lo que más preocupa ahora es la posibilidad de cambiar más fácilmente.
    ¿De cambiar? ¿Por un sintasol?
    Claro, nosotras somos fijas. Para quitarnos tienen que hacer mucha obra, contratar a mucha gente, pedir licencias costosas y cosas así. En cambio con el sintasol  el compromiso es menor. Lo quitan y lo ponen cuando quieren.
    Pero, no entiendo nada ¿Y todo este tiempo cumpliendo con nuestra obligación? ¿Te acuerdas de aquel año, el del problemón, de todos esos cigarrillos apagados con el pie y nosotras sin rechistar, brillando a pesar de la adversidad? ¿Te acuerdas de los saltos tan tremendos en aquella fiesta y nosotras tan resistentes? Ah ¿y recuerdas aquella vez que aquel jefazo se tumbó con su amante…y nunca dijimos nada de nada? Fuimos discretas para evitar cualquier problema a la empresa. ¿Y todo eso? ¿Ya  no les importa?
    Pues por lo visto no. Creo que lo más relevante es “disminuir el compromiso”
    Estoy perdida. Vamos a ver: ¿van a hacer una obra costosísima para sustituirnos por un plástico?
    No, no has entendido nada. No nos van a quitar. Nos lo van a pegar encima. Así, de esa forma, se ahorran todo lo demás. En teoría, legalmente hablando, no nos quitan y por tanto…bueno no sé exactamente lo que quieren decir, pero es algo así como vacío legal.
    Pero si nos ponen encima un plástico nosotras ya no existimos. Ahora lo entiendo menos.
    Yo tampoco comprendo nada amiga mía.
    Dios mío ¿qué es ese olor tan horroroso?
    El pegamento. Y luego, vendrá la oscuridad y el olvido.

miércoles, 19 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 462. ¡Qué razón llevaba!

Miró la radiografía del derecho y del revés. La alejaba y acercaba con el objetivo de que esos cambios de distancia, como hacía con el crucigrama del dominical para no confundir verticales con horizontales, le diesen alguna pista. No veía nada reconocible o que tuviese algún sentido, salvo una mancha, parecida a un borrón de esos que de chico echaba en el cuaderno. Sonrió levemente al recordar cuando su maestro, don Agapito, le repetía hasta la saciedad, adornada de coscorrones: «Cuidado con los tachones, Marianito: te pueden costar muy caros». « ¡Qué razón llevaba!», dijo en voz alta dando otra vuelta a la radiografía.

miércoles, 12 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 461. Los seres invisibles

Una vez, en un viejo pañuelo, fueron a encontrarse una lágrima y una gota de lluvia . En un primer instante no se dijeron nada, pero al poco empezaron cada una a esgrimir sus poderosas razones de posesión de la tela.
   Este pañuelo es de mi propiedad, ya que el dueño se secó en él el resultado de un desastre amoroso, que soy yo.
   De eso nada. Este pañuelo fue tirado en la calle y yo, caída del cielo, fui a posarme en él. Por tanto es mío.
Después de un buen rato discutiendo, oyeron un grito desesperado:<< ¡Dejadme en paz. Respetad mi silencio y…mi soledad! >> Les dijo el pañuelo, que empezaba a ser agitado por el viento de la madrugada.

martes, 11 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 460. ¿Psiquiatra o siesta?

Los sueños, sus sueños, sí, esos que eran como pájaros de tonalidad rosada muy agradable, fueron de repente perdiendo altura hasta que, ya a tiro de un grupo de crueles y certeros cazadores que portaban las mejores escopetas existentes en el mercado, empezaron a disparar contra ellos derribándoles a todos sin excepción. Una vez en el suelo, que no era un mullido colchón de hierba fresca como en las praderas de las películas del lejano oeste, sino un barro húmedo y pestilente, fueron pisoteados por una manada rabiosa y descontrolada de ñúes, cuyas pezuñas iban rematando a aquellos rosados sueños que habían tenido una segunda oportunidad después de la perdigonada recibida.
<< Ufff..., vaya pesadilla ¡No sé si debería ir al terapeuta o no volver a quedarme dormido viendo estos programas de animales!>>