Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 24 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 449. Papiroflexia

    ¿Cómo quién seré? ¿A quién me pareceré? ¿A don Quijote? Umm… ¿Madame Bovary?  ¿El Guardián entre el centeno? ¿Bartleby el escribiente?
    No veo nada de eso en mi bola, amiguita.
    Y... ¿qué ve?
    Agua.
    ¡El mar! Eso es: El viejo y el mar. La segunda parte, estoy convencida.
    Puede ser. Pero podría ser un río o un arroyuelo...no estoy seguro.


De pronto la consultante sintió un dolor agudo a lo largo de todo su cuerpo, un dolor ‘rasgado’, como si la arrancaran de algún sitio. A éste le siguieron otros dolores articulares, como si la doblaran en partes más pequeñas. Y… en forma de barquito, escrupulosamente blanca, la hoja de papel fue a perderse en la alcantarilla más próxima.

jueves, 23 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 448. El techo


      — Bueno, tú dirás.
      — No sé por dónde empezar, mejor dicho, por dónde seguir.
      — Tranquilo. Date tu tiempo. No hay prisa
— ¿Tengo mucho?
    El suficiente.
— ¿Para?
    Para ponerte bueno.
    ¿Seguro?
    Si no lo crees, difícil que ocurra.
    Ya. Al final todo en esta vida se resume en creer o no creer ¿verdad?
    Oye, que el psiquiatra soy yo.
    Ya, pero no te hablaba a ti.
    ¿Ah no? ¿Entonces a quién?
    Al techo, que me mira y escucha. ¡A quién va a ser! ¿No es él el que te cuenta la verdad cuando dejo el diván?

miércoles, 22 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº447. ¡Tan requetebién!

No entendió en absoluto las tres razones, quizás cuatro, que le habían esgrimido para echarle de su puesto de trabajo. No tenían ni pies ni cabeza…ni cuerpo de dónde salir.  Y aquel instante incomprensible se estiró como un chicle, y comenzó una carrera de entendimiento negativo o a medias, siendo generoso, de la mayoría de las cosas que se asomaban a su vida. Al poco tiempo, tampoco se entendía con su familia, ni con amigos, ni tan siquiera consigo mismo. Y sobre todo, no comprendía cómo los cartones, que tantas veces había tirado a la basura, podían calentar tan requetebién.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 446. Que pase el siguiente

Érase un hombre honrado. Mucha gente importante desconfiaba de él. Bueno, no quiero exagerar: desconfiaban muy pocos, la verdad, lo que pasa es que al resto le importaba una mierda su cualidad, que es prácticamente lo mismo que desconfiar. Y no hay mucho más que decir. Es triste, sí, pero me cuesta añadir algo más. Bueno, no quiero ser un narrador omnisciente injusto y me voy a explayar un poco. Nuestro protagonista era médico, y a pesar de todas las órdenes absurdas, incoherentes, egoístas y que en el fondo nada tenían que ver con la curación de las personas, él seguía siendo médico. Y, diciendo día tras día la frase mágica qué, como si de la mismísima piedra filosofal se tratara, hacía resistir al Sistema Sanitario para el cual trabajaba convirtiendo el plomo en oro: << Que pase el siguiente>> Fin.

jueves, 9 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 445. Bipartición

Érase una vez una bacteria muy buena. Digo buena porque no quería hacer daño a ninguna célula, aunque pudiese de sobra. Todas sus compañeras de cepa se reían vehementemente mientras colonizaban y atacaban sin piedad  sus objetivos, mientras que ella no lo hacía. Nuestra amiga simplemente se dividía, y su bondad era repartida entre sus dos hijas recién nacidas, las cuales seguían siendo objeto de mofa. Pero curiosamente, las risas sólo estaban dirigidas a una de ellas, ya que la otra bacteria resultante de la división dejaba rápidamente de ser buena y se convertía en mala; vamos, en normal, como el resto. Así que, por ahora (hasta el término de este nanorrelato), siempre quedaba una buena.
 — ¡No está todo perdido, chicas!— se decían unas a otras, las células supervivientes.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 444. Las gafas oscuras

<<Pero… ¿por qué?>> se preguntaba ante la sacudida que le volvía a ‘regalar’ la vida. << ¡Otra vez en el mismo carrillo!>> De nuevo, todo el proceso de encontrar una razón a tantas bofetadas, inundó su cabeza. Volvía a comenzar la búsqueda con el manido <<Pero si yo no soy mala persona >> Doy fe, como narrador, que así era. Era una persona buena, muy buena y con unos valores de esos que ahora se consideran ‘pasados de moda’. Lo que sí que era evidente, es que hasta algunos (menos mal que no todos) de los seres a los que había ayudado, por ejemplo, de una muerte existencial segura, le habían devuelto semejante acción con un amargo mandoble (por no decir un hostia tremenda). Hasta que… en su desesperación consultó a un adivino; sí, de esos que piden la voluntad. <<Cómprese unas gafas de sol>> le diagnosticó. Y así hizo. Y todo mejoró: disminuyeron drásticamente los mamporros. ¿Por qué?  Pues porque  nadie podía verse reflejado en sus ojos como realmente era, cualidad que suelen tener los órganos visuales de las buenas personas. Por tanto, gracias a la oscura barrera cristalina, la ‘mala gente’ siguió engañándose, debido a que el espejo de la reina del cuento Blancanieves dejó de estar disponible. Bueno, se las quitaba ante quien le daba la gana. Claro, ¡no van a ganar los malos!

lunes, 6 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 443. La Conjura de...

Érase una vez una persona dada por loca. Él luchaba insistentemente por defender su cordura, pero el veredicto le llegaba por muchos caminos: en alto, en susurro, escrito…, y a veces, con un dedo girando en torno a una sien. Pero de repente, el mundo empezó a cambiar según sus profecías:
<< ¡A lo mejor no estaba tan loco!>>
<< ¡Es posible que lo supiera!>>
<< ¡Habría que pedirle cuentas!>>
<< ¡Habrá que ver cuanto se callaba!>>
<< ¡Ha sido por su culpa!>>
<< ¡Eso!>>
<< ¡CLARÍSIMO!>>

…Y el loco acabó en el fondo del volcán para apaciguar la furia de los dioses.