Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 13 de julio de 2018

Nanorrelato Nº 517. Actor de primera

Era un actor de primera. Su Séneca era impresionante, te trasladaba en volandas a aquella convulsa época mágicamente; aunque los problemas que le agobiaban de mágicos no tenían nada, como a miles de personas. Pero repito: Era un actor de primera…, y de primera era la cicuta que bebió lentamente, como hizo el Séneca de carne y hueso en su día. Los aplausos fueron interminables « Lo borda hasta el final, que parece que se muere de verdad. Es un actor de primera»

miércoles, 11 de julio de 2018

Nanorrelato Nº 516. La buena estrella

Miró a la gata un instante, nada más. Suficiente. Todavía no, pensó, no es el mejor momento para salir. El olor a queso que venía de la cocina le empujaba y le hablaba como si de una alucinación auditiva se tratara « Vamos gallina, que tu premio te está esperando… ¿O es que eres menos que esa gata sarnosa, un cobarde fracasado, vamos?» Miró a la gata. Ojalá fuese ella, sin problemas de ningún tipo, sólo dormir y cazar algún ratón de vez en cuando y no yo…, que no sé qué voy a hacer si no me llaman para ese trabajo…, comer una y otra vez esta mierda de pizza barata que no hay quien soporte el olor a queso rancio que tiene, pensó. Aún no había pasado una hora que los vómitos le llevaron a la taza del váter aumentando más su sensación de desesperación. « Esto es lo que te espera, este es tu espejo, mírate, fracasado de mierda. No eres importante» La gata devoraba con ahínco el ratón que sabía que tarde o temprano saldría creyendo que tenía alguna posibilidad de escapar. Se llamaba “Estrella”. Durmió un rato más, en cuanto la cisterna dejó de sonar y gracias a que el maldito teléfono se mantuvo en el más absoluto silencio. « No se puede pedir más de la vida, eres una triunfadora»  añadió su subconsciente gatuno.

viernes, 6 de julio de 2018

Nanorrelato Nº 515. Coaching

Cuando entró en la sala de reuniones su sorpresa fue mayúscula: alrededor de la estructura de noble madera estaban sentados nueve organismos unicelulares; la plana mayor de la empresa, vamos. Y en ese instante comprendió la causa de que todos sus proyectos e iniciativas nunca se habían puesto en marcha, se deshizo el misterio de que los distintos trabajos le eran devueltos con un cierto olor a laboratorio y su aislamiento casi hermético en el despacho. Hizo un ruido como el de un submarino sumergiéndose y tachó un día en el almanaque cuya meta era la fecha de la jubilación. Fin

jueves, 5 de julio de 2018

Nanorrelato Nº 514. Informe 11X3453J

Regreso de nuevo al planeta denominado Tierra, mejor dicho, me obligan a volver a dicho sitio. Alguien en las altas esferas me la ha vuelto a jugar. Ya me enteraré. Como siempre realizo  la transmisión de datos al ordenador central. Aquí siguen igual; los mismos muertos, las mismas injusticias, el mismo odio irracional, en fin, la leche cósmica; no han cambiado en nada. Bueno, al tajo: Me he hecho invisible para tomar datos en los alrededores de la zona de aterrizaje y, como ya sabía de antemano por otros viajes, me quedo de piedra venusiana. Están protestando porque un grupo de seres humanos cruzan con sus descendientes un mar que llaman Mediterráneo para que no les corten la cabeza. Sí, ese que en su día dije que denominaban Mare Nostrum. Bueno, pues el colmo…, uno de los que más protestan tiene coincidencias genéticas con otro individuo que cruzó la línea montañosa adyacente después de esa atroz guerra que hubo en la península en la que he aterrizado el platillo. En fin. Yo no quiero venir aquí. Fin de la transmisión.

lunes, 2 de julio de 2018

Nanorrelato Nº 513. El amor

Era un asesino implacable. Jamás había hecho ascos a ningún trabajo, por muy difícil que fuera. De hecho, una vez llegó a poner una bomba en un colegio para “eliminar” a unos de los chiquillos, hijo del enemigo de la persona que lo contrató. No le temblaba el pulso. El siguiente trabajo era bastante sencillo: matar a un perro; un exmarido dolido le contrató para hacer el mayor daño posible a su exesposa. Así que cogió una pistola de un calibre pequeño y hasta el domicilio de la recién divorciada fue. Abrió la puerta cuidadosamente y de pronto un perro lanudo se le echó encima y se lio a darle lametones en la mano con la que empuñaba el colt calibre 22. Miró al animal fijamente y el chucho le contestó moviendo el rabo y dando saltos de alegría. Y así le detuvo la policía: sentado en el suelo, impávido frente a su objetivo. Como estaba en un país donde había pena de muerte, pues hasta la horca llegó por sus execrables crímenes anteriores. En el último momento, el verdugo  le preguntó:
 « ¿Por qué? Con lo fácil que es para ti matar…» (Realmente quería decir para los dos).
 « Porque nunca nadie me había dado amor. Me paralizó la sensación», le contestó el reo mientras le agarraba el antebrazo en señal de “tranquilo, haz tu trabajo. Te lo digo de corazón”.
Pues…, el reo sigue en el corredor de la muerte a fecha de hoy, ya que el verdugo no pudo ejecutar la sentencia y le despidieron, claro. De su anterior trabajo sólo recuerda algo cuando se toca de forma refleja el antebrazo al ver alguna película donde el amor, la amistad o el respeto, son el eje central del guion.

miércoles, 27 de junio de 2018

Nanorrelato Nº 512. La jubilación.

Llevaba 752 años de becario. Se plantó. No quiso hacer nada más, ya que para su cerebro había llegado la hora de la jubilación, esa de la que le habían hablado hacía mucho tiempo, esa que él mismo había visto posarse tranquilamente en sus progenitores, esa que venía anunciada con colores plateados. Él tenía el pelo completamente blanco, y su otro yo, el educado en lo anterior digamos, fue el que dijo: Ya, es la hora del descanso. Se fue al pueblo y nada más llegar se sentó en una mesa a jugar al dominó, como estaba escrito. Pero no había nadie más con él, así que sólo pudo comprobar que la caja de madera contenía las 28 nacaradas fichas. Después fue a buscar a su nieto a la salida del colegio, pero ningún niño le cogió de la mano ya que ni tan siquiera había tenido hijos. Paseó un rato por la calle principal pero nadie de su edad le saludó, ya que él no era de allí, había nacido en un arrabal de una gran ciudad. Por desgracia, sólo era un becario envejecido ahora fuera de su ecosistema, es decir, un producto económico sacado de una gráfica. Fin.

viernes, 22 de junio de 2018

Nanorrelato Nº 511. Por eso...


Entró en la jaula. El guardia la miró con aire de extrañeza ya que era la única niña que ni lloraba ni gritaba desesperadamente: Papá, mamá, papito o mamita, por poner cuatro de los más escuchados. Se sentó en una esquina. Volvieron a abrir la puerta y el policía, un chico pelirrojo y de color azul claro sus ojos, le volvió a preguntar su nombre y el de su padre. Ella sacó un papel arrugado de la barriga del oso de trapo que se agarraba a su bracito con tanto miedo como su dueña a él. El rojizo muchacho pensó que la chiquilla era sordomuda y que por eso le enseñaba el papelito tan bien custodiado. Leyó. “En CONGRESO, 4 de julio de 1776. Sostenemos como evidentes por sí dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”
«Ustedes lo escribieron, señor Agente. Por eso hemos venimos acá, dice mi papito»
El azul claro de los ojos del muchacho se oscureció presagiando la más terrible de las tormentas.