Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


martes, 28 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 455. El siguiente

 Era un paciente más. No lo digo en tono despectivo, no, sólo en numeral. Era el siguiente. Además, eso era muy importante. Sí, parece trivial, pero ser el siguiente es crucial. Le miró, le dijo lo que tenía que decirle; en buen tono, pero con la inmutable verdad siempre por delante. No eran buenas noticias, pero ahora lo importante es que el enfermo supiese que tenía un médico delante. Una vez terminada la conversación, una vez dicho todo y agradecido por ambas partes el haber sido un magnífico paciente y un buen médico, justo antes de darse ambos la vuelta, limpiaron una mancha que tenía el espejo.

Relato del libro "El Velocirraptor y 53 relatos más"

lunes, 27 de marzo de 2017

NanorrelatoNº 454. Su música

Entró decidido a no entrar. Necesitaba medirse, a ver qué tal iba de fuerza, a echar ese pulso que tantas y tantas veces había perdido por muchísima diferencia. No la miró, aunque sabía más que de sobra que ella sí le había visto: sentía sus ojos, su magnética luz. Una vez allí se dio cuenta de que era muy pronto para hacerse el chulo. El sudor frío de su frente le delató. Oyó su voz, su música celestial, su suerte. Ya era muy tarde para darse la vuelta. «Perdón, camarero, ¿me cambia para la máquina?».

Relato del libro "El Velocirraptor y 53 relatos más"

viernes, 24 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 453. El velocirraptor

A aquel que haya encontrado y, por supuesto, abierto esta botella, quie­ro comunicarle que no pretendo ayuda, solo charlar un rato. Para ello, quería decirle que durante muchos años trabajé muy duramente en el continente, jornadas de doce horas con finales horribles del tipo «mis hijos ya dormidos» y «cariño, hoy me he arrastrado un poco más que ayer». Así que un buen día decidí, siempre dentro de mis cabales, ha­cerme náufrago y, me lancé en una liviana nave a la inmensidad del océano, con el objetivo como digo, de convertirme en náufrago. Cuando dicho propósito estaba a punto de cumplirse gracias a que mi débil em­barcación estaba haciendo aguas como loca, se me presentó como en un sueño, una maravillosa isla de un verde fluorescente. Hacia allí fui nadando con mi antiguo objetivo muy mejorado, es decir, convertirme en un náufrago pero de primera especial. Llegué hasta la playa, desde donde ahora mismo le escribo esta carta y me tumbé y, por primera vez en mi vida, dormí, en el más estricto sentido de la palabra, ya que lo que había hecho hasta entonces era descansar. Pero un buen día, que estaba intentando pescar con un palo afilado, se me presentó un veloci­rraptor que, lo primero que intentó, como ya habrá adivinado usted, fue tragarme, no ya de un bocado sino despedazándome. Y, hasta hoy. Des­de aquel instante, no paro de correr delante de él, que nunca logra al­canzarme porque como tiene tantos miles de años, pues eso, tiene poca velocidad. Pero el caso es que no estoy tranquilo, todo el día vigilando y corriendo. He intentado hablar con él, y me ha dicho que no quiere comerme, que después de tanto tiempo comiendo cocos le sería impo­sible digerir la carne. Que sólo quiere matarme, porque le he «jodido su soledad». Y ahora me planteo volver a ser náufrago, pero, volvería a mi vida anterior y, la verdad, casi prefiero seguir corriendo delante de este anormal.


Relato del libro "El Velocirraptor y 53 relatos más"

martes, 21 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 452. Al otro lado

Al salir por la puerta, cuando todavía estaba próximo a ella mientras se abrochaba el abrigo mirando los botones uno a uno por no mirar a ningún otro sitio, notó como el reproche musitado al otro lado atravesaba la mirilla y se alojaba en su espalda cual certera saeta. Sabía, porque no era tonto, que era el final, ¡y de los peores! que son aquellos en los que no existe ni tan siquiera la leve anestesia de un simple aspaviento. El tiempo que tardó en alcanzar el portal fue más que suficiente para recordar toda la vida vivida. Sí, toda.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 451. A dos horas

Desde hacía algún tiempo, todos los dioses del Olimpo estaban muy preocupados. Sentados, cabizbajos, viendo cómo su jefe, Zeus, daba vueltas y saltos de forma compulsiva. Jamás le habían visto así. Era cómo si él hubiese perdido la paciencia, algo del todo imposible dada su posición y curriculum.
<<Dos horas, dos horas. La distancia…>> exclamaba mientras realizaba las extrañas piruetas.
<<No me miréis así ¿No lo entendéis? Pues…, mirad hacia abajo: aquellos dos chiquillos que desde aquí parecen juntos, uno está llorando porque se le ha roto su plumier y el otro porque su nuevo hermanito ha muerto de hambre, igual que el anterior y el anterior y el anterior…. ¿Comprendéis? Me equivoqué, pensaba que estaban juntos…, y están a dos horas de avión. No le di importancia a esa distancia. No supe verlo. Me equivoqué.>>

lunes, 13 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 450. ¡Buen número!

Un excelente día se puso a caminar. Bueno…mejor dicho y para no ser exagerado: un día cualquiera empezó a andar. Era lo que todo el mundo (muy preocupado) quería, que caminara, que avanzara de una vez, que ya estaba bien, que quedarse parado no sirve de nada, que la vida es ir siempre hacia delante. Bien, pues armándose de valor y realizando un esfuerzo (¿sobrehumano?) lo hizo. La primera vez dio unos pasos temblorosos que provocaron el júbilo de los que ‘le querían’. Poco a poco, con tesón y esfuerzo esos incipientes movimientos inestables se fueron convirtiendo en zancadas seguras, firmes, hasta tener por completo dominada la ‘técnica’ y ofrecer ya, sin pensarlo, paseos que eran la delicia de todo el mundo.

<< Mira que son graciosos estos perritos que andan sobre dos piernas como si fueran hombres, ¿verdad, hijos? Después vienen los leones…>>

viernes, 24 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 449. Papiroflexia

    ¿Cómo quién seré? ¿A quién me pareceré? ¿A don Quijote? Umm… ¿Madame Bovary?  ¿El Guardián entre el centeno? ¿Bartleby el escribiente?
    No veo nada de eso en mi bola, amiguita.
    Y... ¿qué ve?
    Agua.
    ¡El mar! Eso es: El viejo y el mar. La segunda parte, estoy convencida.
    Puede ser. Pero podría ser un río o un arroyuelo...no estoy seguro.


De pronto la consultante sintió un dolor agudo a lo largo de todo su cuerpo, un dolor ‘rasgado’, como si la arrancaran de algún sitio. A éste le siguieron otros dolores articulares, como si la doblaran en partes más pequeñas. Y… en forma de barquito, escrupulosamente blanca, la hoja de papel fue a perderse en la alcantarilla más próxima.