Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 19 de octubre de 2018

Nanorrelato Nº 526. Historia Clínica Electrónica

Érase un médico, bueno en su profesión he de añadir, que encontró a su enemigo más poderoso. No, no era el cáncer, ni el dolor, ni la desesperación, ni el “qué tendrá este paciente”, ni el “se me muere”, por poner algunos ejemplos. No. Su máximo enemigo era: el ordenador. Obligado a detraer tiempo de “voy a volver a tocar esa tripa”, o de “voy a ver si me vuelve a contar eso mismo que no me ha gustado nada” o de “voy a mirar a los ojos a este señor que eso es lo que necesita”, cada día de trabajo era un suplicio, ya que siempre se quedaba muy inseguro con una sensación de que podría haber hecho algo más durante el tiempo que tardaba en “pegarse” con la máquina. Una vez, se puso tan nervioso que le recetó a una señora un clik cada ocho horas de amoxicilina. La señora volvió al rato preguntando por su extraño tratamiento, a lo que nuestro galeno le dijo que perdonara, que lo que había querido decir era una amoxicilina cada ocho clicks. La señora, muy educada e intentando ayudar a su médico que en ese momento estaba utilizando el fonendo como si fuese el ratón mientras llamaba a informática diciendo que no funcionaba nada, como era licenciada en matemáticas le preguntó que si la unidad click era equivalente a la unidad hora. Le dijo que sí, que sustituyese una por otra y ya está. Y dándole las gracias mientras se marchaba, gritó « ¡Que pase el siguiente CPU!»

martes, 16 de octubre de 2018

Nanorrelato Nº 525. Salario mínimo interprofesional

Llegó hasta el final y como iba distraído casi se cae. « Vaya…, pues era verdad que el mundo es plano» Se dio la vuelta rápidamente con un susto que pa qué, y con las prisas casi le atropella un unicornio rosa. Pensó en darse un baño relajante, aunque estuviésemos en octubre y el agua un poco fría, pero nada más meterse Nessie sacó la cabeza desde el fondo del lago y…, pies, para qué os quiero. «Bueno, iré a esquiar que siempre me ha distraído» Pero cuando iba a coger el coche el abominable hombre de las nieves le cerraba el paso. Así que se fue dando un paseo hasta un cajero automático para sacar dinero ya que se acordó de que era primero de mes « ¡Pero si me han subido es salario mínimo a mil cien euros! Hay días en que todo es posible»

martes, 9 de octubre de 2018

Nanorrelato Nº 524. ¿Baladí?

Por fin se decidió y aquella camiseta tan molona fue a parar a su propiedad, sin pagar. Cuando llegó a su domicilio, se dio cuenta de que tenía colgando la alarma. «Me da igual, si es para estar por casa» Y así quedó el asunto, salvo que cada vez que va al baño, el cual comparte pared con un comercio, salta la alarma. Nadie entendía lo que pasaba, de hecho los directivos de la cadena dueña de la tienda denunciaron por incompetentes a la empresa que instalaba los sistemas anti hurto. Actualmente expertos en fenómenos extraños peregrinan a la tienda con aparatos medidores de no sé qué energías intentando dar una explicación paranormal a los pitidos, los cuales se compaginan con el ritmo intestinal de nuestro pequeño ladrón.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Nanorrelato Nº 523. Benditas elecciones perdidas

Literalmente: se cagó de miedo. Afeitándose se acordó que su vecino, el que trabajaba en la Universidad, como trueque a que él cuando era Gerente de un hospital había enchufado a su hijo en una suplencia de tres meses de verano, en su día le regaló un título de un máster que la verdad, ni se acordaba en qué era. Poco tiempo duró su miedo ya que pasó al estadio de pánico al escuchar mientras iba en el coche oficial el acrónimo T.F.M. Tampoco duró mucho la fase de pánico, porque enseguida volvió a la realidad y le arropó la tranquilidad  « ¡Pero…, si soy el chófer!»

viernes, 7 de septiembre de 2018

Nanorrelato Nº 522. Ahí está la respuesta

Y se acabaron. Lo que jamás imaginaron los responsables del superordenador generador de sueños, ocurrió. Sí, a partir de una hora concreta los sueños empezarían a repetirse, les comunicó mediante un mensaje de texto que les llegó a sus móviles. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo vamos a solucionar este marrón de consecuencias impredecibles? La propia Vida, asustada porque la noticia corrió como la pólvora, también envió un mail preguntando que ¿ Qué debía hacer?, ya que desde ese instante anunciado habría dos personas con el mismo sueño, entonces ¿A quién se lo otorgaba?, y que ¿Cuál era el algoritmo para inclinarse hacia una persona u otra?, ya que a los dos imposible, ¡Cómo iban dos personas a tener el mismo puesto de trabajo, o la misma pareja, o conquistar el mismo país!, por poner tres ejemplos cualquiera. Así que hasta que no resolváis este dilema, amenazó a los técnicos en sueños, no concedo nada de nada, ¡Mejor quedarse quietita! Y esto ocurrió hace un tiempo, y por esa razón nadie en este mundo consigue su sueño. Lo siento.

martes, 4 de septiembre de 2018

Nanorrelato Nº 521. La gelatina temblorosa

Escuchó en la radio una canción que decía algo así como que las palabras fueron avispas, y sus catorce primaveras se estremecieron como una gelatina de frambuesa. Era la primera vez que sentía la separación de ese amor, que había oído clasificar despectivamente como “de verano”, pero ella no podía dejar de temblar. No tenía ninguna gana de comer, ver la televisión y lo peor de todo: de hacer ganchillo. Aquello era el fin. Pero al cabo de unas horas la realidad se le echó encima como la mañanita que se ponía nada más levantarse y volvieron de golpe los ochenta y cinco inviernos, y rezó a su estampita del alma estar viva para el siguiente verano y que su hijo la volviese a llevar a la playa para resucitar trémula al sentir la mano de…, ese amor de verano.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Nanorrelato Nº 520. Arte farmacológico


Andaba un poco y se cansaba: pastilla amarilla, como las lucecitas que veía casi antes de desmayarse. Avanzaba otro poquito y al doblar una esquina cualquiera aparecía la tristeza; pastilla morada, como el color del ocaso. Subía tres escaleras y, ¡zas!: la melancolía, pastilla verde ..., ¿Un momento? ¿El verde no es el color de la esperanza? Entonces, ¿Esta píldora cura o no cura? ¿A ver si va a ser contra el estreñimiento, por la esperanza de un buen final? Río un poquito al oírse su conclusión. Y esa sonrisa, queridos colegas, fue el principio de la curación del paciente, según os acabo de leer en el informe de su médico. Ya os dije que sería un éxito para la empresa farmacéutica en la que trabajamos contratar a un pintor que le diese verdadero sentido a los fármacos que diseñamos ¡No todo es bioquímica, amigos! Fin de la sesión. A trabajar. Por cierto, ¿Quién de ustedes me dijo algo sobre un novelista que nos reescribiese los prospectos?