Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


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jueves, 11 de noviembre de 2021

Nanorrelato Nº643. Distopía

Pues efectivamente: salimos mejores. Los detractores de la vacunación ganaron más y más adeptos, ya que ser “antivacunas” se convirtió en un ideal, en un sentimiento, y ya se sabe que contra eso la ciencia no tiene nada que hacer, y si no que se lo pregunten a Galileo. La gente empezó a no utilizar preservativos en sus relaciones de riesgo, porque el virus HIV realmente era un chip, no tan moderno como el chip llamado COVID-19, pero un chip al fin y al cabo. Se puso de moda tener en todos los sitios charcos de agua estancada para que el maravilloso mosquito Anopheles criara a su familia sin estrés…; huelga explicar lo que ocurrió. Además, para más inri, no había médicos en los hospitales, ya que todos se fueron a La Palma a estudiar el efecto de los gases del volcán, y los médicos de La Palma se volvieron a Madrid, pero no a trabajar sino a tomar cañas, que “donde fueres haz lo que vieres, miniño”, decían y con razón. Hasta que sólo quedó un ser humano, que se despertó de un coma y al ver a todo el mundo muerto pues le entró la duda, razonable, de no quitarse nunca la mascarilla en lo que le quedase de tiempo consciente. FIN

domingo, 25 de octubre de 2020

Nanorrelato Nº 630. El epidemiólogo

Se adueñó del sueño el mismísimo Groucho Marx, su ídolo de juventud. He de añadir, mientras nuestro protagonista duerme, que se había visto y revisto todas sus películas infinitas veces. Pues lo dicho, se le “apareció” Groucho y le dijo mientras se movía de un sitio a otro con grandes pasos y agitando el puro: “Hijo mío, eres un desastre. A nadie se le ocurre hacerse médico epidemiólogo. Nadie te escuchará jamás…como a mí”

jueves, 27 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 620. Coronavirus y negocio

- Y digo yo, Dextro, que a quién le habrás pisado los tres dedos gordos del pie central, en la Dirección General, para que nos vuelvan a mandar de misión a esta mierda de planeta.

- Ya sabes, Levo, que soy un bocachancla. La computadora sigue diciendo barbaridades de esta especie. Yo creo que se va a cansar y se va a reiniciar ella misma, que aunque sea una máquina, estas cosas duelen.

- Pues guarda bien ese informe que he oído que se han filtrado los anteriores y que ya se está vendiendo, a buen precio y subiendo, la superficie del azulado planeta.

- ¿Vendiendo? ¿Para qué?

- Jopé Dextro, con lo listo que eres para algunas cosas…. Para que va a ser, pues para venir de vacaciones. ¿Has visto las playas que tienen?

- Pero, ¿Van a venir y convivir con estos deleznables habitantes?

- Dextro: La computadora central, gracias a nuestros informes, ha cuantificado los niveles de cobardía, sumisión, mentira, deshonor, traición y mediocridad, los ha metido en un algoritmo y:  ¡que van a desaparecer! Eso es lo que se ha filtrado a las inmobiliarias de nuestra galaxia.

- O sea, que nosotros soportamos esta barbaridad como funcionarios sin protestar, para el bien común, y otros hacen negocio…..igual ese es el principio de nuestra desaparición.

- Como acojonas, Dextro.



jueves, 20 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 617. Coronavirus y otra vez.

Se desplomó. No, no me refiero a que se cayese al suelo o cosas de ese estilo. Se desplomó de desplomarse, de plomo en su cabeza y en su corazón, de peso, de carga inaguantable, pero que tengo que resistir, y no sé si voy a ser capaz. Otra vez, otra vez, cómo es posible, se decía repetitivamente viendo la pinta de la curva, de la maldita gráfica. Otra vez, otra vez el aire del respirador chocando contra la guadaña. Otra vez esa mirada perdida ante la desesperación. Otra vez el hielo sembrado de cadáveres que no les había llegado la hora, que les faltaban muchos besos y partidas de julepe. Otra vez el terror. Otra vez esa aleación entre gritos y silencio, ese oxímoron inexplicable salvo para quien ha estado ahí. Otra vez sin dormir a pierna suelta. Otra vez que no sé qué voy a llevar a mi casa, a los que amo, esos que me miran con admiración nada más llegar mientras me desnudo casi antes de entrar. Pero si estaba todo muy claro…solo había que hacer caso a los libros. Aplausos…., otra vez. Otra vez.


martes, 18 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 616. Coronavirus y poderoso caballero.....

Y el Covid-19 hizo su siguiente movimiento: invertir en bolsa. Y ganó, ganó varias veces seguidas, lo que en ese mundo se denomina “un chicharro”. Y concomitantemente a ese éxito, y por ende aumento de dinero en su poder,  subió su imagen, y ya no se le veía tan malo, sino que aparecieron voces, sobre todo de los periódicos en los que invirtió ingentes cantidades de dinero, periodistas totalmente independientes (demostrado) que dijeron de él que era un buen tipo, “Duro pero justo”, creo que se llegó a poner en algún titular. Y después vino el premio literario Covid-19, el más prestigioso de la literatura española que ganaban los mejores, los que sus letras eran las más valientes, claro.  También se creó un galardón científico llamado, como no puede ser de otra forma, “I+D+i Covid, sí sí sí” donde ganaban aquellos que su ciencia combatía las enfermedades más terribles, siempre en defensa de la salud. Y los que en su día lucharon en las UCIs, vieron como borraban todo rastro en internet, eso que se llama derecho al olvido, para evitarles problemas….” ¡Qué necesidad de señalarse!”, les justificaron desde el poder político a través de los distintos boletines oficiales, mientras veían indefensos como desaparecían de la pantalla del móvil, como azucarillos en el café, artículos y entrevistas. Y el mundo siguió dando vueltas alrededor del Sol, las vacaciones en agosto, las olimpiadas cada cuatro años, y como decía uno de los pensadores más influyentes de la época: somos un poco mejores.


martes, 11 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 615. Coronavirus y una UCI.

 

Parecía otra dimensión, otro lugar donde las leyes físicas no se cumpliesen, donde arriba fuese abajo y viceversa, donde muerte y vida no estuviesen totalmente separadas, debidamente distantes. Esa fue su primera impresión nada más cruzar, la puerta de la U.C.I. de su hospital. Una vez dentro, de forma inmediata, ya formaba parte de todo aquello, ya sentía la deformidad en inconsistencia de las leyes que habitualmente rigen el universo, y tenía que moverse entre aquellos agujeros de gusano donde la transportaban de un enfermo a otro, instantáneamente. En todos estaba el mismo protagonista, ese ser invisible por su extrema pequeñez, pero de lenguaje atroz, de amenaza real. De uno a otro, detrás de un sinfín de capas de papel, de plástico y las que uno se pone irremediablemente, iba regando con agua de vida para ganarle unos segundos a esa cuenta atrás iniciada por ese enemigo invisible. Y a algunos, ese tiempo añadido, les fue fundamental. A otros, no. Cuando está sola, y se seca las saladas lágrimas que a nadie quiere enseñar, se imagina las risas de los nietos de aquellos a los que su aportación espacio-temporal les valió; y piensa que ese es su mejor premio, el único que conseguirá cicatrizar su alma en carne viva, que duele, que duele.

 

P.D. Dedicado a mi hermana y a todos aquellos que le plantaron cara, muy de cerca, al Covid-19.

Nanorrelato Nº 614. Coronavirus y evolución.

 

¿Veis cómo llevaba razón?, gritó el coronavirus más viejo de toda la división a sus soldados, y responsable de ella con el grado de coronel, que no general, porque era bastante chabacano y muy bocachancla. Os dije que era cuestión de tiempo, de ser resilientes, como dicen ellos. Que ni caso a todos los aplausos que intentaban desmotivarnos. ¡Na! Ni caso. Todo mentira o, para ser justos, verdad temporal, porque al poco, palabras, emociones, juramentos y lo que se os ocurra, se disuelven en el olvido tan rápido como una molécula de glucosa en el plasma. Os repetía una y otra vez el refrán popular, “que más sabe el virus por viejo que por virus”, porque sabía a ciencia cierta que podríamos atacar en una segunda oleada. Os repetí hasta la saciedad que no se quieren unos a otros, que eso del amor que tanto repiten en poemas, canciones y demás, les dura… ¡Na! Y lo peor de todo, y más incomprensible, es que colocan a los más incapaces en los puestos de poder. No me preguntéis el porqué, que ni idea. Y encima se creen, mejor dicho, se apropian del primer puesto en la evolución…jajajajjajajajajajja. Perdón por la risa descontrolada de vuestro coronel.

jueves, 9 de julio de 2020

Nanorrelato Nº 613. Coronavirus y soledad


Hablamos del último, del último virus de la clase Covid-19. Sabía el mal que había hecho…, quizá la soledad le hizo reflexionar sobre sus acciones pasadas, como en general ocurre en los humanos, aunque él era un virus, pero eso sí: un virus humano. La última persona que atacó, y que sobrevivió, le dejó bastante perplejo; tanto que le cambió la vida. En sueños, cuando la fiebre del humano subía desesperadamente ante las oleadas de virus replicándose a todo trapo, le oyó susurrar en medio del delirio que sus dos victorias más difíciles de conseguir habían sido: dejar de fumar y ponerse ortodoncia a los 53 años. Le pareció absolutamente maravillosa esa reflexión de un ser a punto de morir, y por eso, como responsable del ataque, ordenó retirada por unas horas, con lo que ese tiempo fue oro para el sistema inmunológico del exfumador de dientes colocados, y eso acabó con todo su ejército, menos con él, que justo antes de tragárselo un fornido T-Killer, le reconoció y le dijo con voz de Terminator: lárgate, yo no mato seres buenos, va en contra de mi código genético. Ahora, nuestro protagonista, vive en el mecanismo de un aparato de aire acondicionado, muy tranquilo, intentando olvidar las cosas malas que hizo, como cualquiera que está solo.

lunes, 8 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 603. Coronavirus y las máquinas.


Ha llamado usted a la empresa X. Si está nervioso diga “uno”, si está tranquilo diga “dos” «UNO». Si cree usted que el problema que tiene es real diga “uno”. Si piensa objetivamente que es inventado, fruto de su nerviosismo, diga “dos”  «UNO y DOS». Si está angustiado diga “uno” y si esa angustia proviene, como antes se le ha preguntado de algo que usted se imagina pero que no tiene una causa real, diga “dos” «DOS y UNO». Ahora se le pasará con un operador, aunque ya se le avisa que para los problemas inventados la plantilla es muy pequeña, porque en esta empresa nos preocupamos de problemas verdaderos. Nos interesa solucionar y no perder el tiempo en cosas ñoñas. Cuando termine el operador, si es que en algún momento queda alguno libre, le pediremos que nos valore. « ¡Ahí te espero, pájaro! Si he llegado hasta los cien años con una guerra de por medio, hambre y piojos en mi juventud para parar un carro, y a mi edad solo tengo un poco el azúcar alto y algo de reuma cuando hace frío, conmigo no vais a poder, sinvergüenzas.»

miércoles, 3 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 600. Coronavirus y el gusanito


El parduzco gusanito, que odiaba profundamente llamar la atención, tuvo que gritar por la injusticia de la situación. Estaba muy harto, harto de sortear asquerosas mascarillas que llegaban volando a su árbol, que parece que a nadie le molestaba. Pero si él entraba en una manzana que “qué asco”, y si no “vaya repugnancia de bicho hay en esa hoja”. No sabía a qué atenerse. Tenía que sortear día sí y día también con las humaredas azuladas de veneno que… «Pero bueno…estos humanos ¿qué quieren que haga, por favor? …, y encima, tengo que soportar que me digan Animal invertebrado sin valor taxonómico con un cerebro simple ¡Y vosotros vais al terapeuta porque no encontráis vuestro sitio en la vida!  Iros a la mierda, enclenques vertebrados de complejo cerebro»

lunes, 1 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 598. Coronavirus y la nueva normalidad


La nueva época se fue colocando poco a poco. Todo el mundo asumió que los cambios eran necesarios para alcanzar lo que se denominó como “nueva normalidad”. Los libros de papel fueron arrinconados por ser posibles vectores de expansión del COVID-19. Nadie se acercaba jamás a uno de ellos, por el pavor de contagiarse…, parecía lógico; aunque no se destruyeron para que su visión, allí amontonados en las esquinas de las principales calles, recordara a todo el mundo que el peligro seguía vivo. Sus homólogos digitales fueron borrados de todas las bases de datos para evitar que ningún terrorista los imprimiese y comenzara otra terrible pandemia. Todos los centros de conocimiento científico fueron desapareciendo, ya que poco a poco la sociedad dejó de consultarlos; cualquier tema médico, ingenieril, o de la índole que fuese era solventado por los call-center de los distintos partidos políticos, que al no referirse jamás en sus respuestas a ningún libro hizo aumentar enormemente su credibilidad. Al final, todos los partidos también se fusionaron en uno solo. La simplicidad era de obligado cumplimiento… en la nueva normalidad.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Nanorrelato Nº594. Coronavirus y estigma.


Yo he mejorado, se dijo en bajito poniéndose colorado de la vergüenza tan tremenda que sintió al verbalizar esa afirmación…, ¡con la que estaba cayendo!, pero siguió su razonamiento hasta el final, hasta las últimas consecuencias como siempre había hecho, por cierto, con todas y cada una de las cosas que influían en su vida. Si, por ejemplo, veía a alguien, que cada vez iban mejor vestidos se fijaba, rebuscar en la basura en silencio, automáticamente eso le costaba quince días de no salir de casa por la mochila que le había clonado a dicho individuo y se había colgado sin mediar palabra. Su médico parecía un estibador ya que no hacía otra cosa que descolgar cargas y cargas, explicándole que él no era el responsable de nada. Pero era muy cabezón, y como empecé al principio, había mejorado, se encontraba más libre, que digo libre…,infinitamente más libre con la mascarilla quirúrgica puesta siempre, ya que podía hacer algo que no podía evitar y era hablar solo, sin que nadie le mirara raro y se apartara. Ahora siempre estaba a dos metros de cualquier persona, ¡como todo el mundo!, nadie le rechazaba, ninguna persona cogía rápidamente a su hijo y se lo escondía detrás, lo más lejos de él, cuando le veían hablar. He mejorado,volvió a repetir poniéndose más colorado, si cabe.

domingo, 3 de mayo de 2020

Nanorrelato Nº 588. Coronavirus y la pareja


Decidieron darse otra oportunidad, la última; ese fue el pacto. Que era una empresa difícil ambos estaban de acuerdo, casi en lo único. Decidieron aprovechar el confinamiento obligado para esa nueva ocasión. Siguieron a rajatabla y más, todos los consejos de salud pública para evitar enfermar: fregar con lejía al 5% con más asiduidad, llevar guantes en los supermercados, utilización de geles hidroalcohólicos, estornudar en el codo o en un pañuelo y tirarlo de inmediato envuelto en una bolsita a la basura, y por supuesto ponerse mascarilla y hablar a dos metros de distancia. Y, como por arte de birlibirloque, la pareja empezó a sanar. Quizá fuese por la distancia que guardaban, o por el olor a lejía que invitaba a todo menos a discutir, o por no verse casi la cara, que lo mejor también influía el hecho de que la mascarilla amortiguase la voz y casi no se entendían. Lo que fuera, o todo junto. Y la pandemia del covid-19 pasó, pero ellos siguieron con las mismas pautas, que ya se sabe que la pareja es lo más importante y lo que más hay que cuidar, al precio que sea.

martes, 14 de abril de 2020

Nanorrelato Nº 584. Coronavirus y las mascarillas


Aunque las primeras predicciones de los seres humanos que vivieron la epidemia del Covid-19, apuntaban a una reflexión profunda sobre los errores cometidos en el macroproceso denominado Globalización, no fue así. Una vez superada aquella pandemia, se siguieron cometiendo incluso con más ahínco los mismos fallos. Por ese motivo vino la siguiente oleada de otro virus. Tampoco se aprendió de ella y, dada la obstinación, vinieron muchas más para ya quedarse definitivamente. Desde hace unos trescientos años, por tanto, la humanidad no ha dejado de cubrirse la cara con mascarillas, de tal forma que viendo que dicho elemento de protección iba a ser necesario desde que se alcanza cierta edad, al igual que los implantes dentales se hicieron allá por el siglo XXI una práctica habitual para alargar el beneficio que provoca poseer una dentadura firme y duradera, se practicó la misma idea con mascarillas implantadas. Y esa es la razón por la que, desde que se puso en práctica la técnica que les acabo de mencionar, se abarataron tanto los implantes, ya que su única función era preparar a los alimentos para su correcta deglución, porque el aspecto de dichos elementos daba exactamente igual al estar siempre tapados por la mascarilla exactamente igual de implantada con una técnica que es el núcleo, alumnos de cuarto de Odontología-Mascarillología, de esta necesaria asignatura que vamos a comenzar en este curso de 2327/2328. Es bueno siempre un poco de historia para centrarnos en materia.