Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


Mostrando entradas con la etiqueta COVID-19. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta COVID-19. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de noviembre de 2021

Nanorrelato Nº643. Distopía

Pues efectivamente: salimos mejores. Los detractores de la vacunación ganaron más y más adeptos, ya que ser “antivacunas” se convirtió en un ideal, en un sentimiento, y ya se sabe que contra eso la ciencia no tiene nada que hacer, y si no que se lo pregunten a Galileo. La gente empezó a no utilizar preservativos en sus relaciones de riesgo, porque el virus HIV realmente era un chip, no tan moderno como el chip llamado COVID-19, pero un chip al fin y al cabo. Se puso de moda tener en todos los sitios charcos de agua estancada para que el maravilloso mosquito Anopheles criara a su familia sin estrés…; huelga explicar lo que ocurrió. Además, para más inri, no había médicos en los hospitales, ya que todos se fueron a La Palma a estudiar el efecto de los gases del volcán, y los médicos de La Palma se volvieron a Madrid, pero no a trabajar sino a tomar cañas, que “donde fueres haz lo que vieres, miniño”, decían y con razón. Hasta que sólo quedó un ser humano, que se despertó de un coma y al ver a todo el mundo muerto pues le entró la duda, razonable, de no quitarse nunca la mascarilla en lo que le quedase de tiempo consciente. FIN

jueves, 15 de julio de 2021

Nanorrelato Nº 641. 29700, más o menos.

Consiguieron el permiso del “Jefe” para convertirse en fantasmas, que era lo más aproximado a la vida. Normalmente el “Jefe” era muy reacio a estas cosas, pero Él también leía la prensa y aquella noticia le desbordó. Así que esa es la razón por la que cada vez menos gente quiere trabajar en el Tribunal Constitucional, porque por lo visto hay fantasmas que les mueven las cosas, oyen voces en los lavabos y cosas por el estilo, y ningún guardia de seguridad aguanta más de dos noches seguidas y aseguran, ante sus superiores, que se oye gritar la palabra “justicia” a altas horas de la noche. Los más entendidos en ciencias ocultas dicen que sus aparatos de medición de energía de ultratumba y cosas así datan que son unos 29700 fantasmas, más o menos.

domingo, 7 de febrero de 2021

Nanorrelato Nº 636. La normalidad avisada

Los tribunales de justicia fueron sustituidos por programas televisivos de reality show, ya que quién mejor que el pueblo, con el uso de todos sus grados de libertad, para impartir justicia. “Somos liberales y estamos a favor de la libertad extrema”, decían los gobernantes de turno cuando terminaba el juicio, como colofón publicitario. Los exámenes, en las escuelas primero y en las facultades después, cambiaron radicalmente, consiguiendo las mejores puntuaciones aquellos que contestaban lo que les daba la gana, y dentro de este grupo los excelentes eran los que además respondían con una mentira como, por resaltar dos ejemplos de matrículas de honor, que la diabetes no cursa con un aumento del azúcar en sangre o que las epidemias no se controlan con el confinamiento de las personas. Y la mal llamada “nueva normalidad” siguió su curso, digo mal llamada porque ya hace mucho tiempo que alguien dejó reflejado en un libro muy antiguo las consecuencias de adorar al becerro de oro. Así que, de nueva nada.

viernes, 22 de enero de 2021

Nanorrelato Nº 635. La quinta ola

Y en la quinta ola, los mismos gobernantes que estuvieron en las cuatro anteriores, se quedaron sin culpables a quién responsabilizar de esa nueva dosis de muerte y destrucción, ya que después de cuatro excusas consecutivas se agotaron los candidatos para ello. Esta, por tanto, prometía ser la mejor de todas, de todas las eufemísticamente llamadas “olas”, ya que no había ninguna noticia relevante en lo que a crispación política respecta, y como ya estaba normalizada la visita de la de la guadaña por las otras cuatro anteriores, pues sólo ocurría eso: muerte y destrucción…, pero sin pelea, repito. Pero un viajero que consiguió ir y venir del futuro, dijo en televisión que habría una sexta, y que él se había contagiado allí porque técnicamente no puede utilizar mascarilla en la máquina del tiempo. Así que se juntó la cuarta con la sexta, sin haber terminado la quinta. El viajero murió en directo, ya que hacía varias olas que no quedaba ni un solo sitio en ninguna UCI…, y fue muy comentado porque esos mismos gobernantes, los de las cuatro anteriores y la sexta futura (suponemos), dijeron que la culpa era del mal diseño de las máquinas del tiempo. Y vuelta a empezar.


domingo, 25 de octubre de 2020

Nanorrelato Nº 630. El epidemiólogo

Se adueñó del sueño el mismísimo Groucho Marx, su ídolo de juventud. He de añadir, mientras nuestro protagonista duerme, que se había visto y revisto todas sus películas infinitas veces. Pues lo dicho, se le “apareció” Groucho y le dijo mientras se movía de un sitio a otro con grandes pasos y agitando el puro: “Hijo mío, eres un desastre. A nadie se le ocurre hacerse médico epidemiólogo. Nadie te escuchará jamás…como a mí”

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Nanorrelato Nº 627. ¿Eres antisistema?

 Muy buenos días a todos. Como recién nombrado responsable de todos los Máster en Neurocirugía de la nación, déjenme que les diga unas palabras respecto al que están ustedes a punto de comenzar, antes de entrar en la materia que a mí me compete….

«Psst, oye»

«Dime»

«Este señor no es médico y mucho menos neurocirujano. Es de mi pueblo y le conozco.»

«Este señor, como tú dices de forma un poco despectiva, empezó con 18 años, repito:18 años, a trabajar para su partido y a base de muchísimo esfuerzo, ¡muchísimo!, consiguió ascender en él. Yo creo que ya se ha ganado con creces su nuevo puesto, ¿no? Además, él no va a operar ningún cerebro, como nosotros, sino que nos va a decir cómo se hace de forma más correcta. ¿Tú que eres, un antisistema? Te ruego, por favor, que no me comprometas más; que yo sí creo en este sistema y quiero ascender en mi trabajo, que para eso he estudiado. Gracias»

viernes, 18 de septiembre de 2020

Nanorrelato Nº 626. Confinamiento siglo XIX

“…A la entrada le llama a usted ya la atención un pequeño aviso que advierte, pegado en un poste, que nadie puede entrar en el establecimiento público sino los viajeros, los mozos que traen sus fardos, los dependientes y las personas que vienen a despedir o recibir a los viajeros; es decir, que allí sólo puede entrar todo el mundo...."

La diligencia, 16 de abril de 1835, Mariano José de Larra


miércoles, 2 de septiembre de 2020

Nanorrelato Nº 622. El representante de Andrómeda.

- Entonces ya estamos todos, que faltaban los miembros del sistema Alfa-centauro por un problema en el plegamiento del espacio. El único punto de la reunión de hoy: Ayuda  al tercer planeta del Sistema Solar galaxia Vía Láctea, a propósito de la pandemia que están sufriendo. Algunos sistemas creen que sería un buen momento.

- ¿En qué consistiría esa ayuda?

- El representante  de la galaxia de Andrómeda hace una buena pregunta. En principio les diríamos la solución a sus grandes problemas: la vacuna del cáncer, solución a las enfermedades neurodegenerativas, síntesis de comida hiperenergética, amortiguación de sentimientos negativos hacia sus congéneres, y cosas de ese estilo.

- Perdón que insista: ¿Y lo sabrían todos a la vez?

- No. Eso es imposible, son unos siete mil millones de habitantes Se lo comunicaríamos a sus dirigentes y ellos se encargarían de extenderlo a todos sus habitantes.

- No estoy de acuerdo. Por eso preguntaba. Voto negativo. Si hacemos eso, sus dirigentes sólo se lo proporcionarían a determinados individuos, como hacen con la comida, el agua potable, la democracia, etc, y haríamos más profunda la grieta de injusticia que ya padecen desde casi que bajaron de los árboles.

- Pues como tenemos que tener absoluta unanimidad, se deniega la ayuda y cualquier comunicación a dicho planeta. Digo esto porque hay que ser más cuidadosos al camuflar  los platillos volantes…, pero eso es otro asunto.Termina la reunión. Que conste en acta. 

martes, 1 de septiembre de 2020

Nanorrelato Nº 621.La humanidad, perdida.


- Estás muy callado, Dextro.

- Porque me inunda una tristeza extrema al ver lo que hacen esos seres de ese planeta azul tan precioso, Levo.

- Somos funcionarios, Dextro. A lo nuestro. Venimos con el platillo, examinamos sin interferir y enviamos informes, que es lo que nuestros jefes esperan de nosotros.

- A eso me refiero, Levo. Justo a eso. Me lo has puesto a huevo. Eso exactamente es lo que hacen los seres de ese planeta una y otra vez. Sólo cumplen órdenes sin sopesar nada. Y así les ocurre lo que les ocurre. En el fondo han perdido una cosa importantísima, y no lo saben.

- ¿El qué?

- Ya no son humanos. Eso es justamente lo que adquirieron cuando bajaron del árbol, lo que les impulsó a ponerse a dos patas y echarse a andar: la humanidad, que es indivisible con decidir libremente; pero por lo visto en algún momento de su evolución la han perdido y están evolucionando a ordenadores. ¿No lo ves? Hacen lo mismo. Un ordenador siempre da la respuesta más segura, que es siempre la más cobarde, la menos libre….

- Como acojonas, Dextro.



jueves, 27 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 620. Coronavirus y negocio

- Y digo yo, Dextro, que a quién le habrás pisado los tres dedos gordos del pie central, en la Dirección General, para que nos vuelvan a mandar de misión a esta mierda de planeta.

- Ya sabes, Levo, que soy un bocachancla. La computadora sigue diciendo barbaridades de esta especie. Yo creo que se va a cansar y se va a reiniciar ella misma, que aunque sea una máquina, estas cosas duelen.

- Pues guarda bien ese informe que he oído que se han filtrado los anteriores y que ya se está vendiendo, a buen precio y subiendo, la superficie del azulado planeta.

- ¿Vendiendo? ¿Para qué?

- Jopé Dextro, con lo listo que eres para algunas cosas…. Para que va a ser, pues para venir de vacaciones. ¿Has visto las playas que tienen?

- Pero, ¿Van a venir y convivir con estos deleznables habitantes?

- Dextro: La computadora central, gracias a nuestros informes, ha cuantificado los niveles de cobardía, sumisión, mentira, deshonor, traición y mediocridad, los ha metido en un algoritmo y:  ¡que van a desaparecer! Eso es lo que se ha filtrado a las inmobiliarias de nuestra galaxia.

- O sea, que nosotros soportamos esta barbaridad como funcionarios sin protestar, para el bien común, y otros hacen negocio…..igual ese es el principio de nuestra desaparición.

- Como acojonas, Dextro.



martes, 25 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 619. Coronavirus y la banalidad del mal.

-    Mira Dextro lo que ha encontrado la computadora. Por lo visto esto que está ocurriendo en ese planeta azul, ya había ocurrido antes.

-     ¿Otras epidemias parecidas?

-     No me refería a eso, vamos yo no, la computadora. Habla de una filósofa, una humana llamada Hannah Arendt, que dejó escrito en un libro que un tal Eichmann, que hizo barbaridades contra los de su especie, pero que cuando le juzgaron realmente él no estaba de acuerdo, que lo hizo por cumplir órdenes sin sopesarlas éticamente.

-      Están perdidos, Levo. Lo que te dije antes: sin jefes valientes y moralmente armados....bueno, que quizá es lo mismo. Con el planeta tan bonito que tienen….

-     Pues eso. Vámonos ya, acelera el platillo, que creo que este análisis es definitivo como para que no nos vuelvan a mandar aquí.





viernes, 21 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 618. Coronavirus......

 

- Pero bueno, Dextro ¿No pasamos con el platillo por este planeta hace unos seis meses?

- Sí. Estaban en medio de una pandemia acojonante, Levo.

- Pues mira los datos: van a pasarlo peor. No lo entiendo; pero si tenían claro lo que había que hacer para evitar que ocurriese lo mismo.

- Ya, pero si te acuerdas del informe que mandamos a nuestra galaxia, quedamos en que una de las causas más importantes de la catástrofe era que mandaban los peores.

- Me acuerdo, Dextro. Pero lo que me llama poderosamente la atención es que los que sí saben no hagan nada.

- En eso estaba, Levo. He analizado sus ondas cerebrales de algunos de sus mandos bien formados del siguiente nivel , y por lo visto hay una cosa que les bloquea: una síntesis elevada de unas hormonas que en esa especie se generan cuando sienten miedo, una preocupación por no perder…, su puesto directivo o algo así. Parece que eso provocaría que no pudiesen pagar todo el dinero que deben a alguien que llaman “Banco”. Eso es lo que dice la computadora.

- Pero vamos a ver ¿Les da igual que se puedan morir sus abuelos? Y eso que tienen solo cuatro…si fueran como nosotros que tenemos veinticuatro, diez maternos, diez paternos y cuatro neutros ¿Qué harían? Porque te digo yo a ti una cosa: te juro por mis ocho antenas que no permitiría que ninguno de ellos se muriera injustamente.

- Pues ya ves. No tienen claro que la cualidad más importante de un jefe es la valentía, seguida de la honradez y la formación. Estoy hasta mis fosforescentes huevos de este planeta. Termino el informe y salto a la velocidad luz, que esta especie da un asco…..


jueves, 20 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 617. Coronavirus y otra vez.

Se desplomó. No, no me refiero a que se cayese al suelo o cosas de ese estilo. Se desplomó de desplomarse, de plomo en su cabeza y en su corazón, de peso, de carga inaguantable, pero que tengo que resistir, y no sé si voy a ser capaz. Otra vez, otra vez, cómo es posible, se decía repetitivamente viendo la pinta de la curva, de la maldita gráfica. Otra vez, otra vez el aire del respirador chocando contra la guadaña. Otra vez esa mirada perdida ante la desesperación. Otra vez el hielo sembrado de cadáveres que no les había llegado la hora, que les faltaban muchos besos y partidas de julepe. Otra vez el terror. Otra vez esa aleación entre gritos y silencio, ese oxímoron inexplicable salvo para quien ha estado ahí. Otra vez sin dormir a pierna suelta. Otra vez que no sé qué voy a llevar a mi casa, a los que amo, esos que me miran con admiración nada más llegar mientras me desnudo casi antes de entrar. Pero si estaba todo muy claro…solo había que hacer caso a los libros. Aplausos…., otra vez. Otra vez.


martes, 18 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 616. Coronavirus y poderoso caballero.....

Y el Covid-19 hizo su siguiente movimiento: invertir en bolsa. Y ganó, ganó varias veces seguidas, lo que en ese mundo se denomina “un chicharro”. Y concomitantemente a ese éxito, y por ende aumento de dinero en su poder,  subió su imagen, y ya no se le veía tan malo, sino que aparecieron voces, sobre todo de los periódicos en los que invirtió ingentes cantidades de dinero, periodistas totalmente independientes (demostrado) que dijeron de él que era un buen tipo, “Duro pero justo”, creo que se llegó a poner en algún titular. Y después vino el premio literario Covid-19, el más prestigioso de la literatura española que ganaban los mejores, los que sus letras eran las más valientes, claro.  También se creó un galardón científico llamado, como no puede ser de otra forma, “I+D+i Covid, sí sí sí” donde ganaban aquellos que su ciencia combatía las enfermedades más terribles, siempre en defensa de la salud. Y los que en su día lucharon en las UCIs, vieron como borraban todo rastro en internet, eso que se llama derecho al olvido, para evitarles problemas….” ¡Qué necesidad de señalarse!”, les justificaron desde el poder político a través de los distintos boletines oficiales, mientras veían indefensos como desaparecían de la pantalla del móvil, como azucarillos en el café, artículos y entrevistas. Y el mundo siguió dando vueltas alrededor del Sol, las vacaciones en agosto, las olimpiadas cada cuatro años, y como decía uno de los pensadores más influyentes de la época: somos un poco mejores.


martes, 11 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 615. Coronavirus y una UCI.

 

Parecía otra dimensión, otro lugar donde las leyes físicas no se cumpliesen, donde arriba fuese abajo y viceversa, donde muerte y vida no estuviesen totalmente separadas, debidamente distantes. Esa fue su primera impresión nada más cruzar, la puerta de la U.C.I. de su hospital. Una vez dentro, de forma inmediata, ya formaba parte de todo aquello, ya sentía la deformidad en inconsistencia de las leyes que habitualmente rigen el universo, y tenía que moverse entre aquellos agujeros de gusano donde la transportaban de un enfermo a otro, instantáneamente. En todos estaba el mismo protagonista, ese ser invisible por su extrema pequeñez, pero de lenguaje atroz, de amenaza real. De uno a otro, detrás de un sinfín de capas de papel, de plástico y las que uno se pone irremediablemente, iba regando con agua de vida para ganarle unos segundos a esa cuenta atrás iniciada por ese enemigo invisible. Y a algunos, ese tiempo añadido, les fue fundamental. A otros, no. Cuando está sola, y se seca las saladas lágrimas que a nadie quiere enseñar, se imagina las risas de los nietos de aquellos a los que su aportación espacio-temporal les valió; y piensa que ese es su mejor premio, el único que conseguirá cicatrizar su alma en carne viva, que duele, que duele.

 

P.D. Dedicado a mi hermana y a todos aquellos que le plantaron cara, muy de cerca, al Covid-19.

Nanorrelato Nº 614. Coronavirus y evolución.

 

¿Veis cómo llevaba razón?, gritó el coronavirus más viejo de toda la división a sus soldados, y responsable de ella con el grado de coronel, que no general, porque era bastante chabacano y muy bocachancla. Os dije que era cuestión de tiempo, de ser resilientes, como dicen ellos. Que ni caso a todos los aplausos que intentaban desmotivarnos. ¡Na! Ni caso. Todo mentira o, para ser justos, verdad temporal, porque al poco, palabras, emociones, juramentos y lo que se os ocurra, se disuelven en el olvido tan rápido como una molécula de glucosa en el plasma. Os repetía una y otra vez el refrán popular, “que más sabe el virus por viejo que por virus”, porque sabía a ciencia cierta que podríamos atacar en una segunda oleada. Os repetí hasta la saciedad que no se quieren unos a otros, que eso del amor que tanto repiten en poemas, canciones y demás, les dura… ¡Na! Y lo peor de todo, y más incomprensible, es que colocan a los más incapaces en los puestos de poder. No me preguntéis el porqué, que ni idea. Y encima se creen, mejor dicho, se apropian del primer puesto en la evolución…jajajajjajajajajajja. Perdón por la risa descontrolada de vuestro coronel.

jueves, 9 de julio de 2020

Nanorrelato Nº 613. Coronavirus y soledad


Hablamos del último, del último virus de la clase Covid-19. Sabía el mal que había hecho…, quizá la soledad le hizo reflexionar sobre sus acciones pasadas, como en general ocurre en los humanos, aunque él era un virus, pero eso sí: un virus humano. La última persona que atacó, y que sobrevivió, le dejó bastante perplejo; tanto que le cambió la vida. En sueños, cuando la fiebre del humano subía desesperadamente ante las oleadas de virus replicándose a todo trapo, le oyó susurrar en medio del delirio que sus dos victorias más difíciles de conseguir habían sido: dejar de fumar y ponerse ortodoncia a los 53 años. Le pareció absolutamente maravillosa esa reflexión de un ser a punto de morir, y por eso, como responsable del ataque, ordenó retirada por unas horas, con lo que ese tiempo fue oro para el sistema inmunológico del exfumador de dientes colocados, y eso acabó con todo su ejército, menos con él, que justo antes de tragárselo un fornido T-Killer, le reconoció y le dijo con voz de Terminator: lárgate, yo no mato seres buenos, va en contra de mi código genético. Ahora, nuestro protagonista, vive en el mecanismo de un aparato de aire acondicionado, muy tranquilo, intentando olvidar las cosas malas que hizo, como cualquiera que está solo.

domingo, 5 de julio de 2020

Nanorrelato Nº 612. Coronavirus y tele-todo.


La nueva situación, tras la pandemia, fue poco a poco asentándose. El teletrabajo, como punta de lanza de esa nueva normalidad, mirado con recelo hasta hacía poco tiempo, fue extendiéndose por todo el mundo laboral. Pero el prefijo griego tele, no sólo se quedó ahí, sino que se unió en matrimonio con otros vocablos que también querían ser muy modernos. Así que al poco se casó con sexo, porque para qué complicarse la vida con flirteos que se podían volver contra uno, con embarazos no deseados o incómodas infecciones, por lo que todo el mundo llevaba la aplicación tele-sexo instalada en el móvil, y se aceptó su uso sin necesidad de dar ningún tipo de explicaciones a nadie, que cabrearse porque le pusieran a uno los cuernos era de la “vieja normalidad”, la cual se quería dejar atrás a marchas forzadas. El amor, fácil objetivo del prefijo, se dividió en tele-ligue, tele-relación y tele-parasiempre, con lo que los hijos y las hijas jamás dejaban la casa de sus padres, porque ¿para qué?, con tener una buena conexión a internet… ¡Qué necesidad!, ante, eso sí, las muecas escondidas de sus progenitores tras la quirúrgica mascarilla, que asimilaban con dificultad estos nuevos tiempos. Claro, también había separaciones, que eran regidas por tele-divorcio, donde se dejaba claro qué y cuantas gigas debían de pasarse al mes para sustento de los hijos, pero que no hacía falta que uno de los ya ex cónyuges se fuese de casa, no, seguían viviendo en el mismo sitio, pero cada uno con su ordenador. Los mendigos se conectaban a las wifis, que la gente piadosa desactivaba la clave por unos minutos, y vagaban por la ciudad con su aplicativo tele-limosna. Hasta los asuntos más complejos como la violencia de tele-género eran gestionadas perfectamente, ya que los jueces eran implacables instalando firewalls para el alejamiento digital sobre la víctima, cuando se daba tal circunstancia.

martes, 30 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 611. Hacia allí vamos.


Estaba aterrorizada con la decisión que había fraguado en su interior, pero no tenía otra. Era ya demasiado tiempo aguantando barbaridades, escuchando cada vez más cerca y más fuerte burdas mentiras, que habrían sido aniquiladas con solo mirarla, no digamos ya escucharla. Pero no, nadie la veía, nadie la oía, nadie la leía. Daba igual lo clarito que dijera esta o aquella cosa, daba exactamente lo mismo. Siempre estéril era la respuesta. A veces era tan ridículo, o eso le parecía, que era como si aquella nefasta restauración, el Ecce Homo de Borja, se confundiera con un emotivo rostro de algún cuadro del genial Murillo. Pero así era “la cosa”, como se dice en el lumpen. Hacía ya tiempo que las noticias iban excluyéndola, porque si llevaban, aunque sólo fueran trazas de ella, el número de lectores disminuía exponencialmente y “el negocio es el negocio”. Viendo su estrepitoso fracaso, ejecutó por tanto su decisión: materializarse en una mendiga. Creo que ella, la Verdad, vaga errante de albergue en albergue, de cajero en cajero, burlando día a día a la muerte, y ya sabemos que detrás de la muerte…está la nada. Hacia allí vamos, pues. FIN

jueves, 25 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 610. Coronavirus y mutación.


Y casi al final de la pandemia, cuando las mascarillas y la lejía junto con su amante la solución hidroalcohólica, tenían acorralado al virus, el último de ellos, no el más listo pero sí el más observador de humanos, mutó. Pero no se convirtió en otro virus más letal, como el de Ébola por ejemplo, que habría sido lo lógico desde un punto de vista exclusivamente vírico, no. Se convirtió en humano, en imitación de conductas humanas, quería decir, que él siguió con su forma de virus. Y así se hizo eterno entre los hombres, ya que su entrada en las víctimas no era mediante ataque a receptores de membranas, ni a bicapas lipídicas, ni nada de eso. Lo hacía mediante la mentira, el engaño, las falsas promesas, curriculums vitae robados, etc, cualidades todas ellas muy humanas. Pero fue de listo, y en el paquete de dichas características mayoritarias de esa especie, también estaba la de la incompetencia, Así que cuando su material genético llegaba al núcleo celular, no tenía ni idea de qué hacer, porque…, no se lo sabía. Así que tenemos un virus indestructible y errante de cuerpo en cuerpo, sin consecuencias para ninguna especie, ni la suya ni la humana, creyéndose muy listo, eso sí, que esa es otra cualidad muy llamativa de la numerosa subclase humana denominada “los mediocres”.