Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


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jueves, 11 de noviembre de 2021

Nanorrelato Nº643. Distopía

Pues efectivamente: salimos mejores. Los detractores de la vacunación ganaron más y más adeptos, ya que ser “antivacunas” se convirtió en un ideal, en un sentimiento, y ya se sabe que contra eso la ciencia no tiene nada que hacer, y si no que se lo pregunten a Galileo. La gente empezó a no utilizar preservativos en sus relaciones de riesgo, porque el virus HIV realmente era un chip, no tan moderno como el chip llamado COVID-19, pero un chip al fin y al cabo. Se puso de moda tener en todos los sitios charcos de agua estancada para que el maravilloso mosquito Anopheles criara a su familia sin estrés…; huelga explicar lo que ocurrió. Además, para más inri, no había médicos en los hospitales, ya que todos se fueron a La Palma a estudiar el efecto de los gases del volcán, y los médicos de La Palma se volvieron a Madrid, pero no a trabajar sino a tomar cañas, que “donde fueres haz lo que vieres, miniño”, decían y con razón. Hasta que sólo quedó un ser humano, que se despertó de un coma y al ver a todo el mundo muerto pues le entró la duda, razonable, de no quitarse nunca la mascarilla en lo que le quedase de tiempo consciente. FIN

domingo, 7 de febrero de 2021

Nanorrelato Nº 636. La normalidad avisada

Los tribunales de justicia fueron sustituidos por programas televisivos de reality show, ya que quién mejor que el pueblo, con el uso de todos sus grados de libertad, para impartir justicia. “Somos liberales y estamos a favor de la libertad extrema”, decían los gobernantes de turno cuando terminaba el juicio, como colofón publicitario. Los exámenes, en las escuelas primero y en las facultades después, cambiaron radicalmente, consiguiendo las mejores puntuaciones aquellos que contestaban lo que les daba la gana, y dentro de este grupo los excelentes eran los que además respondían con una mentira como, por resaltar dos ejemplos de matrículas de honor, que la diabetes no cursa con un aumento del azúcar en sangre o que las epidemias no se controlan con el confinamiento de las personas. Y la mal llamada “nueva normalidad” siguió su curso, digo mal llamada porque ya hace mucho tiempo que alguien dejó reflejado en un libro muy antiguo las consecuencias de adorar al becerro de oro. Así que, de nueva nada.

domingo, 25 de octubre de 2020

Nanorrelato Nº 630. El epidemiólogo

Se adueñó del sueño el mismísimo Groucho Marx, su ídolo de juventud. He de añadir, mientras nuestro protagonista duerme, que se había visto y revisto todas sus películas infinitas veces. Pues lo dicho, se le “apareció” Groucho y le dijo mientras se movía de un sitio a otro con grandes pasos y agitando el puro: “Hijo mío, eres un desastre. A nadie se le ocurre hacerse médico epidemiólogo. Nadie te escuchará jamás…como a mí”

viernes, 18 de septiembre de 2020

Nanorrelato Nº 626. Confinamiento siglo XIX

“…A la entrada le llama a usted ya la atención un pequeño aviso que advierte, pegado en un poste, que nadie puede entrar en el establecimiento público sino los viajeros, los mozos que traen sus fardos, los dependientes y las personas que vienen a despedir o recibir a los viajeros; es decir, que allí sólo puede entrar todo el mundo...."

La diligencia, 16 de abril de 1835, Mariano José de Larra


martes, 1 de septiembre de 2020

Nanorrelato Nº 621.La humanidad, perdida.


- Estás muy callado, Dextro.

- Porque me inunda una tristeza extrema al ver lo que hacen esos seres de ese planeta azul tan precioso, Levo.

- Somos funcionarios, Dextro. A lo nuestro. Venimos con el platillo, examinamos sin interferir y enviamos informes, que es lo que nuestros jefes esperan de nosotros.

- A eso me refiero, Levo. Justo a eso. Me lo has puesto a huevo. Eso exactamente es lo que hacen los seres de ese planeta una y otra vez. Sólo cumplen órdenes sin sopesar nada. Y así les ocurre lo que les ocurre. En el fondo han perdido una cosa importantísima, y no lo saben.

- ¿El qué?

- Ya no son humanos. Eso es justamente lo que adquirieron cuando bajaron del árbol, lo que les impulsó a ponerse a dos patas y echarse a andar: la humanidad, que es indivisible con decidir libremente; pero por lo visto en algún momento de su evolución la han perdido y están evolucionando a ordenadores. ¿No lo ves? Hacen lo mismo. Un ordenador siempre da la respuesta más segura, que es siempre la más cobarde, la menos libre….

- Como acojonas, Dextro.



jueves, 27 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 620. Coronavirus y negocio

- Y digo yo, Dextro, que a quién le habrás pisado los tres dedos gordos del pie central, en la Dirección General, para que nos vuelvan a mandar de misión a esta mierda de planeta.

- Ya sabes, Levo, que soy un bocachancla. La computadora sigue diciendo barbaridades de esta especie. Yo creo que se va a cansar y se va a reiniciar ella misma, que aunque sea una máquina, estas cosas duelen.

- Pues guarda bien ese informe que he oído que se han filtrado los anteriores y que ya se está vendiendo, a buen precio y subiendo, la superficie del azulado planeta.

- ¿Vendiendo? ¿Para qué?

- Jopé Dextro, con lo listo que eres para algunas cosas…. Para que va a ser, pues para venir de vacaciones. ¿Has visto las playas que tienen?

- Pero, ¿Van a venir y convivir con estos deleznables habitantes?

- Dextro: La computadora central, gracias a nuestros informes, ha cuantificado los niveles de cobardía, sumisión, mentira, deshonor, traición y mediocridad, los ha metido en un algoritmo y:  ¡que van a desaparecer! Eso es lo que se ha filtrado a las inmobiliarias de nuestra galaxia.

- O sea, que nosotros soportamos esta barbaridad como funcionarios sin protestar, para el bien común, y otros hacen negocio…..igual ese es el principio de nuestra desaparición.

- Como acojonas, Dextro.



martes, 25 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 619. Coronavirus y la banalidad del mal.

-    Mira Dextro lo que ha encontrado la computadora. Por lo visto esto que está ocurriendo en ese planeta azul, ya había ocurrido antes.

-     ¿Otras epidemias parecidas?

-     No me refería a eso, vamos yo no, la computadora. Habla de una filósofa, una humana llamada Hannah Arendt, que dejó escrito en un libro que un tal Eichmann, que hizo barbaridades contra los de su especie, pero que cuando le juzgaron realmente él no estaba de acuerdo, que lo hizo por cumplir órdenes sin sopesarlas éticamente.

-      Están perdidos, Levo. Lo que te dije antes: sin jefes valientes y moralmente armados....bueno, que quizá es lo mismo. Con el planeta tan bonito que tienen….

-     Pues eso. Vámonos ya, acelera el platillo, que creo que este análisis es definitivo como para que no nos vuelvan a mandar aquí.





viernes, 21 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 618. Coronavirus......

 

- Pero bueno, Dextro ¿No pasamos con el platillo por este planeta hace unos seis meses?

- Sí. Estaban en medio de una pandemia acojonante, Levo.

- Pues mira los datos: van a pasarlo peor. No lo entiendo; pero si tenían claro lo que había que hacer para evitar que ocurriese lo mismo.

- Ya, pero si te acuerdas del informe que mandamos a nuestra galaxia, quedamos en que una de las causas más importantes de la catástrofe era que mandaban los peores.

- Me acuerdo, Dextro. Pero lo que me llama poderosamente la atención es que los que sí saben no hagan nada.

- En eso estaba, Levo. He analizado sus ondas cerebrales de algunos de sus mandos bien formados del siguiente nivel , y por lo visto hay una cosa que les bloquea: una síntesis elevada de unas hormonas que en esa especie se generan cuando sienten miedo, una preocupación por no perder…, su puesto directivo o algo así. Parece que eso provocaría que no pudiesen pagar todo el dinero que deben a alguien que llaman “Banco”. Eso es lo que dice la computadora.

- Pero vamos a ver ¿Les da igual que se puedan morir sus abuelos? Y eso que tienen solo cuatro…si fueran como nosotros que tenemos veinticuatro, diez maternos, diez paternos y cuatro neutros ¿Qué harían? Porque te digo yo a ti una cosa: te juro por mis ocho antenas que no permitiría que ninguno de ellos se muriera injustamente.

- Pues ya ves. No tienen claro que la cualidad más importante de un jefe es la valentía, seguida de la honradez y la formación. Estoy hasta mis fosforescentes huevos de este planeta. Termino el informe y salto a la velocidad luz, que esta especie da un asco…..


jueves, 20 de agosto de 2020

Nanorrelato Nº 617. Coronavirus y otra vez.

Se desplomó. No, no me refiero a que se cayese al suelo o cosas de ese estilo. Se desplomó de desplomarse, de plomo en su cabeza y en su corazón, de peso, de carga inaguantable, pero que tengo que resistir, y no sé si voy a ser capaz. Otra vez, otra vez, cómo es posible, se decía repetitivamente viendo la pinta de la curva, de la maldita gráfica. Otra vez, otra vez el aire del respirador chocando contra la guadaña. Otra vez esa mirada perdida ante la desesperación. Otra vez el hielo sembrado de cadáveres que no les había llegado la hora, que les faltaban muchos besos y partidas de julepe. Otra vez el terror. Otra vez esa aleación entre gritos y silencio, ese oxímoron inexplicable salvo para quien ha estado ahí. Otra vez sin dormir a pierna suelta. Otra vez que no sé qué voy a llevar a mi casa, a los que amo, esos que me miran con admiración nada más llegar mientras me desnudo casi antes de entrar. Pero si estaba todo muy claro…solo había que hacer caso a los libros. Aplausos…., otra vez. Otra vez.


jueves, 9 de julio de 2020

Nanorrelato Nº 613. Coronavirus y soledad


Hablamos del último, del último virus de la clase Covid-19. Sabía el mal que había hecho…, quizá la soledad le hizo reflexionar sobre sus acciones pasadas, como en general ocurre en los humanos, aunque él era un virus, pero eso sí: un virus humano. La última persona que atacó, y que sobrevivió, le dejó bastante perplejo; tanto que le cambió la vida. En sueños, cuando la fiebre del humano subía desesperadamente ante las oleadas de virus replicándose a todo trapo, le oyó susurrar en medio del delirio que sus dos victorias más difíciles de conseguir habían sido: dejar de fumar y ponerse ortodoncia a los 53 años. Le pareció absolutamente maravillosa esa reflexión de un ser a punto de morir, y por eso, como responsable del ataque, ordenó retirada por unas horas, con lo que ese tiempo fue oro para el sistema inmunológico del exfumador de dientes colocados, y eso acabó con todo su ejército, menos con él, que justo antes de tragárselo un fornido T-Killer, le reconoció y le dijo con voz de Terminator: lárgate, yo no mato seres buenos, va en contra de mi código genético. Ahora, nuestro protagonista, vive en el mecanismo de un aparato de aire acondicionado, muy tranquilo, intentando olvidar las cosas malas que hizo, como cualquiera que está solo.

domingo, 5 de julio de 2020

Nanorrelato Nº 612. Coronavirus y tele-todo.


La nueva situación, tras la pandemia, fue poco a poco asentándose. El teletrabajo, como punta de lanza de esa nueva normalidad, mirado con recelo hasta hacía poco tiempo, fue extendiéndose por todo el mundo laboral. Pero el prefijo griego tele, no sólo se quedó ahí, sino que se unió en matrimonio con otros vocablos que también querían ser muy modernos. Así que al poco se casó con sexo, porque para qué complicarse la vida con flirteos que se podían volver contra uno, con embarazos no deseados o incómodas infecciones, por lo que todo el mundo llevaba la aplicación tele-sexo instalada en el móvil, y se aceptó su uso sin necesidad de dar ningún tipo de explicaciones a nadie, que cabrearse porque le pusieran a uno los cuernos era de la “vieja normalidad”, la cual se quería dejar atrás a marchas forzadas. El amor, fácil objetivo del prefijo, se dividió en tele-ligue, tele-relación y tele-parasiempre, con lo que los hijos y las hijas jamás dejaban la casa de sus padres, porque ¿para qué?, con tener una buena conexión a internet… ¡Qué necesidad!, ante, eso sí, las muecas escondidas de sus progenitores tras la quirúrgica mascarilla, que asimilaban con dificultad estos nuevos tiempos. Claro, también había separaciones, que eran regidas por tele-divorcio, donde se dejaba claro qué y cuantas gigas debían de pasarse al mes para sustento de los hijos, pero que no hacía falta que uno de los ya ex cónyuges se fuese de casa, no, seguían viviendo en el mismo sitio, pero cada uno con su ordenador. Los mendigos se conectaban a las wifis, que la gente piadosa desactivaba la clave por unos minutos, y vagaban por la ciudad con su aplicativo tele-limosna. Hasta los asuntos más complejos como la violencia de tele-género eran gestionadas perfectamente, ya que los jueces eran implacables instalando firewalls para el alejamiento digital sobre la víctima, cuando se daba tal circunstancia.

martes, 30 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 611. Hacia allí vamos.


Estaba aterrorizada con la decisión que había fraguado en su interior, pero no tenía otra. Era ya demasiado tiempo aguantando barbaridades, escuchando cada vez más cerca y más fuerte burdas mentiras, que habrían sido aniquiladas con solo mirarla, no digamos ya escucharla. Pero no, nadie la veía, nadie la oía, nadie la leía. Daba igual lo clarito que dijera esta o aquella cosa, daba exactamente lo mismo. Siempre estéril era la respuesta. A veces era tan ridículo, o eso le parecía, que era como si aquella nefasta restauración, el Ecce Homo de Borja, se confundiera con un emotivo rostro de algún cuadro del genial Murillo. Pero así era “la cosa”, como se dice en el lumpen. Hacía ya tiempo que las noticias iban excluyéndola, porque si llevaban, aunque sólo fueran trazas de ella, el número de lectores disminuía exponencialmente y “el negocio es el negocio”. Viendo su estrepitoso fracaso, ejecutó por tanto su decisión: materializarse en una mendiga. Creo que ella, la Verdad, vaga errante de albergue en albergue, de cajero en cajero, burlando día a día a la muerte, y ya sabemos que detrás de la muerte…está la nada. Hacia allí vamos, pues. FIN

jueves, 25 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 610. Coronavirus y mutación.


Y casi al final de la pandemia, cuando las mascarillas y la lejía junto con su amante la solución hidroalcohólica, tenían acorralado al virus, el último de ellos, no el más listo pero sí el más observador de humanos, mutó. Pero no se convirtió en otro virus más letal, como el de Ébola por ejemplo, que habría sido lo lógico desde un punto de vista exclusivamente vírico, no. Se convirtió en humano, en imitación de conductas humanas, quería decir, que él siguió con su forma de virus. Y así se hizo eterno entre los hombres, ya que su entrada en las víctimas no era mediante ataque a receptores de membranas, ni a bicapas lipídicas, ni nada de eso. Lo hacía mediante la mentira, el engaño, las falsas promesas, curriculums vitae robados, etc, cualidades todas ellas muy humanas. Pero fue de listo, y en el paquete de dichas características mayoritarias de esa especie, también estaba la de la incompetencia, Así que cuando su material genético llegaba al núcleo celular, no tenía ni idea de qué hacer, porque…, no se lo sabía. Así que tenemos un virus indestructible y errante de cuerpo en cuerpo, sin consecuencias para ninguna especie, ni la suya ni la humana, creyéndose muy listo, eso sí, que esa es otra cualidad muy llamativa de la numerosa subclase humana denominada “los mediocres”.

viernes, 19 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 607. Coronavirus y fin.


Todo pasó. Todo fue acabando en tiempo y fecha. La palabra pandemia volvió al lumpen de los términos con sus antiguos compañeros que no son pronunciados prácticamente nunca, y que viven en la máxima indigencia lingüística. Otras como aplauso se recolocaron en su sitio de siempre, enfrente del partido de fútbol televisivo, y nunca más volvieron a los alféizares. Solidaridad y reconocimiento también regresaron a su limbo léxico de donde se las había sacado, lugar inodoro, incoloro e insípido por destacar tres de sus máximas características. Recuerdo perdió de inmediato su recién estrenado, unos meses atrás, carácter social, que parecía duradero, y volvió a ser un concepto tremendamente personal, como siempre había sido, y sobre dónde está…,eso ya depende de la intimidad de cada uno, no se puede por tanto asegurar su significado y posición. Nueva normalidad fue la equis resultante de esa compleja ecuación que se generó en su día y cuyo valor es exactamente el mismo que el de vieja normalidad y que no es otro que: todo atado y bien atado. FIN

miércoles, 17 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 606. El magnífico progreso


« ¡Qué maravilla esto de la informática!», musitó nuestro protagonista. « Puedo ser lo que quiera y no como antes, que me era imposible… ¡lo que sufría por no conseguir mi sueño! Ahora sí que soy…lo que me da la gana, lo que me gusta», siguió diciendo en el mismo tono, ese que solo lo oye uno, pero que parece que está vertido por el altavoz más potente. «El que esté en contra del progreso, vamos es que no tiene nombre. A mí esto que no me lo quiten…». Todo era pensado y dicho más o menos con las mismas frases pero en distinto orden, cada vez que mandaba un correo electrónico. «Puedo soplarle al jefe de todo sin parecer un chivato; sólo tengo que ponerle en copia y ya está: normalizado. Y además, si no quiero trabajar pongo “pvi” (Para vuestra información). Esto es una maravilla; puedo vivir de la chivatería y sin dar un palo al agua…porque claro, siempre hay algún desgraciado al otro lado del mail que lo va a hacer ¡Quién puede estar en contra del progreso!

domingo, 14 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 605. Coronavirus y la genética


Las investigaciones se multiplicaron como setas dada la gravedad del asunto. Un sinfín de universidades, empresas y demás, se lanzaron con la máxima ansiedad científica a intentar diseñar el mejor test que diese una respuesta rápida y fiable ante el coronavirus y los que pudiesen venir en un futuro, que querían dejar bastante allanado el camino en este sentido. Tanto esfuerzo y dinero puesto en juego dio su fruto, y los genetistas avanzaron una barbaridad. Uno de los grupos de investigación, que he de añadir que siempre hay alguien genial que destaca entre los muy sabios, se dio cuenta de que entre los receptores celulares descubiertos había dos cuya existencia era excluyente, es decir, solo podía haber uno de ellos en cada español, bueno, en sus células, para ser más acertado. Uno de los receptores correspondía a personas de izquierdas y el otro de derechas. Por tanto, toda esa libertad de pensamiento de la que los países democráticos presumen hasta el infinito y más allá, como diría el juguete de aquella película, resultó ser completamente falsa: todo estaba dirigido y sentenciado por la genética. Los libros fueron modificados y donde se hacía referencia a esas “dos Españas” se cambió por “alelos de España”. Así que nada se podía cambiar… ¡Y Machado acertó esto mucho antes de que nadie supiera ni tan siquiera de la existencia de la doble hélice…, vaya genio que era don Antonio!

miércoles, 10 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 604. La verdad....


Bueno, hoy vamos a repasar uno de los conceptos más complicados y difíciles de asumir, como ya os dije, pero que ha de quedar muy claro en vuestras dos cabezas, queridos alumnos, que como sabéis este asunto es de obligada memorización para todas las civilizaciones residentes en la Vía Láctea. Insisto en lo afirmado en anteriores clases: El motivo real de la aniquilación de la civilización que vivía en el tercer planeta del sistema cuyo centro es la estrella de tipo espectral G2 llamada el Sol, no fue ni las enfermedades, ni la contaminación, ni nada de eso. Todo lo que acabo de decir existían, pero solo eran síntomas de la verdadera causa, como la fiebre en una enfermedad. El verdadero motivo fue el desprecio absoluto hacia la verdad en todas sus variantes, política, judicial, y sobre todo científica. La verdad dejó de importarles; es más…, la despreciaban. No sabemos muy bien por qué, pero sí que eso ocurrió, ya que hemos encontrado evidencias primarias de época en las distintas expediciones a dicho planeta, llamado la Tierra. Marcaros a fuego esta idea en cada uno de vuestros dos cerebros, para que cuando crezcáis y tengáis responsabilidades, no permitáis que NOS ocurra algo parecido a nuestra civilización. NOS jugamos mucho. Recordadlo.

lunes, 8 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 603. Coronavirus y las máquinas.


Ha llamado usted a la empresa X. Si está nervioso diga “uno”, si está tranquilo diga “dos” «UNO». Si cree usted que el problema que tiene es real diga “uno”. Si piensa objetivamente que es inventado, fruto de su nerviosismo, diga “dos”  «UNO y DOS». Si está angustiado diga “uno” y si esa angustia proviene, como antes se le ha preguntado de algo que usted se imagina pero que no tiene una causa real, diga “dos” «DOS y UNO». Ahora se le pasará con un operador, aunque ya se le avisa que para los problemas inventados la plantilla es muy pequeña, porque en esta empresa nos preocupamos de problemas verdaderos. Nos interesa solucionar y no perder el tiempo en cosas ñoñas. Cuando termine el operador, si es que en algún momento queda alguno libre, le pediremos que nos valore. « ¡Ahí te espero, pájaro! Si he llegado hasta los cien años con una guerra de por medio, hambre y piojos en mi juventud para parar un carro, y a mi edad solo tengo un poco el azúcar alto y algo de reuma cuando hace frío, conmigo no vais a poder, sinvergüenzas.»

viernes, 5 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 602. La "antigua" normalidad.


El chiquillo lanzó la flecha con todas sus fuerzas y su mejor puntería. Blanco. Su abuelo cayó al suelo inmediatamente, ya que la saeta le dio en pleno ojo derecho. Las personas se repartieron en dos: los que fueron a socorrer al abuelo y los que regañaron al niño. ¡Vaya fatalidad!  Con ese ojo tan hinchado no le podemos dejar en la residencia. Al poco, cuando nadie estaba pendiente, el abuelo guiñó el ojo bueno al nieto que le correspondió con el dedo pulgar hacia arriba mientras iba sonriente camino de cumplir el castigo impuesto a su habitación.

jueves, 4 de junio de 2020

Nanorrelato Nº 601.La verdad y la posverdad


Érase un dinosaurio, un velocirraptor para ser más exacto, que había conseguido llegar vivo hasta nuestra época. No sabe muy bien cómo, sus padres, abuelos, y demás progenitores, pudieron  mantener el anonimato de su especie. Pero así era y además se sentía muy solo como hijo único. Esa soledad  le empujó a entablar contacto con ese mono evolucionado del que le habían hablado sus padres antes de, ¡pobres! , tragarse una bolsa de plástico a medias y morir asfixiados. La verdad es que, salvo un científico que le sacó sangre para hacer más sólida su tesis doctoral sobre la vida en el jurásico, nadie le había hecho ni caso. Eso realmente no le importaba mucho; lo que sí que le chocaba es que esos “hombres” seguían buscando fósiles de dinosaurios y especulando sobre si tenían o no plumas, « ¡pero no me ven a mí!»,  o cómo sería su alimentación « ¿por qué no me lo preguntan...? » Así que no le quedó más remedio que buscar a la única persona que se había medio interesado por él, el científico, y le formuló sus dudas « ¿Por qué no le importo a nadie? ¿Esto es eso que dicen que a la gente le interesa más la posverdad? ¿Es eso, científico?» No, le contestó: creo que es porque eres un dinosaurio. Deberíamos estar pendientes del próximo meteorito que vuelva a caer para ponernos los primeros en su onda expansiva. Los dos estamos fuera de nuestra época.