Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


domingo, 28 de mayo de 2017

Nanorrelato Nº 470. El gran día



Ya no lo podía demorar más. Había llegado la hora, el momento de la verdad. Sí, ya sabía que estaba preparado porque lo había estudiado a conciencia. Pero a pesar de todos esos argumentos que apuntalaban su éxito, los nervios eran inevitables. Había tardado mucho en decidirse <<Mejor ir con absoluta seguridad>> A lo largo de toda su vida siempre había sido una constante el ir “bien ilustrado”, como le repitió en su niñez hasta la saciedad su abuela en su educación paralela a la formal, que a ella siempre le parecía insuficiente. Sí, era el momento. Se abrió la puerta y…gran parte de las personas allí sentadas le miraron de inmediato, debido a la invisible e irresistible llamada que provoca la curiosidad. Con una inclinación rapidísima del cuello echó una mirada de reojo a su vestimenta y se volvió a dar el aprobado, como las otras cien veces que se lo había preguntado. Una vez llegado al sitio, se detuvo en seco y comenzó: <<Señoras y señores, muy buenos días. Me veo el la onerosa obligación de pedirles una ayuda, unas monedas sobrantes…. >>

lunes, 22 de mayo de 2017

Nanorrelato Nº 469. Doctor Pollino


Érase una vez un burro fuera de lo corriente, en lo que a inteligencia y honestidad respecta. Era cultísimo. Sabía de todo y lo que es más importante: quería que su dueño se diese cuenta de su cultivado saber para, según él, ser más productivo para la sociedad. Mientras daba vueltas al molino, no hacía más que hacerle señales a su jefe para que se diera cuenta de su sabiduría: le escribía con la pata en la tierra el teorema de Gauss, miraba hacia el cielo para que se diese cuenta del efecto Doppler manifestado en el cambio de color de las galaxias, rompía los trozos de granito que encontraba a su paso para que su dueño supiese que realmente estaba formado por cuarzo, feldespato y mica y rebuznaba intentando recordarle que la novena sinfonía de Mahler fue la última que compuso antes de morir, por poner algunos ejemplos. Un día, mientras se miraba en un charco para enseñarle a su patrón el concepto de la reflexión de la luz y la diferencia de velocidad de ésta respecto de la que tenía en el vacío, sintió un golpe tremendo en la espalda y, a la par, con el rabillo del ojo, observó como su dueño se le acercaba a una de sus enormes orejas por estribor << Me importan tres cojones si Holden Caulfield, el protagonista del “Guardián entre el centeno” sufría en extremo. Me importa una mierda si el Universo es cóncavo o convexo o si las células malignas inhiben la apoptosis, es decir, la muerte celular programada. Aquí sólo hay dos puestos, el tuyo y el mío. Y yo no quiero el tuyo. Es más, para conservar el mío, sólo tienes que dar vueltas en ese puto molino de agua y mi Jefe político, que es analfabeto perdido, que como bien sabes pasa de vez en cuando por el camino de la montaña, vea que te mueves sin parar. Así que la próxima vez que te vea titubear te muelo a palos>> Fin.

P.D: No es una montaña, es una colina (La esperanza jamás se pierde)

jueves, 11 de mayo de 2017

Nanorrelato Nº 468. La auténtica lagartija

Érase una vez una lagartija que, enamorada del Sol, intentaba llamar su atención desde que salía hasta su ocaso sin obtener respuesta. Día tras día, recién acicalada, bailaba y bailaba intentando inútilmente que el lejano astro se fijara en ella. Por la noche, leía novelas de amor y se imaginaba que aquellas escenas tan maravillosas le ocurrían a ella, y esa ilusión era el motor para volver a intentarlo al día siguiente. Pero un día, cansadísima de tanto fracaso, se quedó debajo de su piedra, quieta, callada, sin gesticular…, y amaneció el día más nublado que jamás se había visto. A la mañana siguiente, subió de nuevo a la piedra en la que habitualmente hacía sus piruetas, pero esta vez se quedó quieta, sin llamar la atención, siendo como realmente era ella, haciendo lo que le apetecía. Y el Sol la abrazó con sus rayos anaranjados, para juntos ser felices siempre.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Nanorrelato Nº 467. Asbjorn III. El vikingo (de la lira) de Blade Runner

— ¿Escuchaste algo que resaltar cuando fuiste al futuro, Asbjorn? - preguntó el capitán.
— Pues oí a alguien, detrás de una ventana muy rara que llaman cine, decir algo muy pero que muy profundo. Hablaba de la vida y la muerte…
— ¿Un vikingo?
— No lo sé. Decía algo así...aquí lo apunté: “Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir"
— ¿Era rubio y fuerte?
—  Sí.
—  Un vikingo, clarísimo. ¡Chicoooos: Los vikingos somos los dueños de la Tierra en el futuro! (gritó el capitán desde la proa del barco contestado al unísono por el bramido de la tripulación al completo)
<< ¡Por Odín, que cruz tengo con ellos!>>

viernes, 28 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 466.Asbjorn, el Vikingo (II). La carcajada

O sea, que me dejan en tierra vamos (exclamó Asbjorn, mentalmente). ¡Será posible! Después de tantos años acompañándolos en sus ataques, convirtiendo en arte sus hazañas…injustificables, que es lo que tiene el arte, que es mágico y puede transfigurar en bueno lo malo y hacerlo inmortal, claro está. Además, ejerciendo de terapeuta de todos, porque muy chulitos en público alardeando de ser un vikingo feroz. Pero en privado, muchos hombretones he visto desmoronarse por esa lucha interior que aparece después del combate. ¿Y quién estaba ahí, siempre?: Asbjorn. Y con mi lira y mis poemas, calmé y humanicé a  todos los monstruos que se les aparecían en el duermevela.
 Y me van a  dejar aquí, en el poblado... ¿Por qué? Porque soy viejo. ¡Increíble!
<<Asbjorn, tienes que entenderlo: no podemos parar cada medio reloj de arena a que orines, porque tengas la próstata grande. Que para un vikingo, el factor sorpresa es fundamental>>
<<Pues recordad lo que os digo: Sin arte en el barco, vuestros días y vuestra...perdón, nuestra cultura, está perdida. Que las espadas no son nada sin la música y la poesía >>
<< ¡Jajajajajajajajajaja!  (fuerte carcajada)>>

jueves, 27 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 465. Asbjorn, el vikingo

Corría el año 1017 en una pequeña aldea vikinga. Sus componentes masculinos, cuando lo consideraban, montaban en su flamante barco e iban a saquear pueblos lejanos. Nuestro protagonista, Asbjorn, era un vikingo de pura cepa, sólo que la espada la llevaba de adorno. Su arma real era la lira, y durante el viaje de ida y el de vuelta, animaba a sus compañeros en su ardua tarea. Pero realmente Asbjorn estaba un poco harto de su cometido ya que tenía la sensación de que era algo parecido al hilo musical, que hace más liviano el trabajo pero que nadie le da importancia. Y Asbjorn tocaba y recitaba a lo más importante de su vida: el amor y el desamor. Claro, el siempre bajaba el último en los ataques (así se lo había ordenado el capitán)  y cuando llegaba a la saqueada aldea con su lira, en las mujeres y hombres a los que acababan de robar todo sus colegas, no despertaban mucho interés sus rimas amorosas. Así que a la vuelta de uno de los viajes, le contó al hechicero su problema, y éste, que era un mago acojonante, le proporcionó una pócima para que se adelantara mil años exactamente y viera si en esa época futura su arte tendría mayor consideración <<Algún día estos bárbaros dejarán de saquear. Mira a ver si eso es cierto. Yo creo que te irá bien. De hecho te doy un segundo frasco de poción por si decides quedarte allí para siempre>> Y allí fue Asbjorn, al 2017. << ¿Ya estás aquí? Cuéntame, ¿cómo es el futuro? >> Y nuestro vikingo poeta le relató que le habían llamado perroflauta, que: ¡cómo iba por ahí con una lira!; y que un niño, cuando decidió volverse a su época y tiró la pócima de la permanencia a un río, le dijo que era un sinvergüenza porque eso se deja en el contenedor de orgánicos. <<Malos tiempos…siempre, para los poetas, pues>>, exclamó el mago.

martes, 25 de abril de 2017

Manorrelato Nº 464. La mora

Se esforzó por ser una buena mora. Sus pinchos, escogidos y afilados, daban dignidad a toda la planta, que a ella le importaba “el todo”. Su color morado era espectacular, sin igual. Incluso, con tiempo y mucho esfuerzo, llegó a conseguir la excelencia de las moras: que su mancha, si se diese, jamás se quitaría con otra verde. Pero no se dio. No. Nadie la recogió. A todas las personas que por enfrente de su zarza pasaban, ninguna se interesaba por ella. Unos que si iban a hacer mermelada y que claro, si la mezclaban con las otras de sabor más normal, pues eso, que el bote no tendría un sabor continuo. Otros, que iban comiendo según cogían, pues que para qué, si ya estaban acostumbrados al sabor mediocre ¡No querían sorpresas! Preferían comer...lo de siempre. Y allí, sola entre espinos, que también estaban enfadados con ella ya que nunca habían pinchado a nadie,  se pudrió nuestra esforzada, honrada y muy preparada mora. Fin. 

jueves, 20 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 463. Vientos de sintasol

    ¿Te has enterado?
    ¿De qué?
    ¡Hija, es que estás más despistada! Pero si no se habla de otra cosa.
    Ya, es que llevo una actividad frenética. Dime
    Pues eso, que parece ser que nos van a sustituir.
    ¿A nosotras? ¿Por?
    El porqué, no lo sé realmente. Pero sí por quien: por un sintasol.
    ¿Sintasol? Pero…eso no puede ser. Si el sintasol es una imitación barata de baldosa. Anda, anda, que vaya tonterías se comentan.
    Te lo juro. Es totalmente cierto.
    Pero… ¡si nosotras hemos cumplido siempre con primor nuestras obligaciones!
    Eso no tiene nada que ver, por lo visto. Vamos, es lo que dice la que está más cerca del escritorio del jefe que oye todo a la perfección. Creo que lo que más preocupa ahora es la posibilidad de cambiar más fácilmente.
    ¿De cambiar? ¿Por un sintasol?
    Claro, nosotras somos fijas. Para quitarnos tienen que hacer mucha obra, contratar a mucha gente, pedir licencias costosas y cosas así. En cambio con el sintasol  el compromiso es menor. Lo quitan y lo ponen cuando quieren.
    Pero, no entiendo nada ¿Y todo este tiempo cumpliendo con nuestra obligación? ¿Te acuerdas de aquel año, el del problemón, de todos esos cigarrillos apagados con el pie y nosotras sin rechistar, brillando a pesar de la adversidad? ¿Te acuerdas de los saltos tan tremendos en aquella fiesta y nosotras tan resistentes? Ah ¿y recuerdas aquella vez que aquel jefazo se tumbó con su amante…y nunca dijimos nada de nada? Fuimos discretas para evitar cualquier problema a la empresa. ¿Y todo eso? ¿Ya  no les importa?
    Pues por lo visto no. Creo que lo más relevante es “disminuir el compromiso”
    Estoy perdida. Vamos a ver: ¿van a hacer una obra costosísima para sustituirnos por un plástico?
    No, no has entendido nada. No nos van a quitar. Nos lo van a pegar encima. Así, de esa forma, se ahorran todo lo demás. En teoría, legalmente hablando, no nos quitan y por tanto…bueno no sé exactamente lo que quieren decir, pero es algo así como vacío legal.
    Pero si nos ponen encima un plástico nosotras ya no existimos. Ahora lo entiendo menos.
    Yo tampoco comprendo nada amiga mía.
    Dios mío ¿qué es ese olor tan horroroso?
    El pegamento. Y luego, vendrá la oscuridad y el olvido.

miércoles, 19 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 462. ¡Qué razón llevaba!

Miró la radiografía del derecho y del revés. La alejaba y acercaba con el objetivo de que esos cambios de distancia, como hacía con el crucigrama del dominical para no confundir verticales con horizontales, le diesen alguna pista. No veía nada reconocible o que tuviese algún sentido, salvo una mancha, parecida a un borrón de esos que de chico echaba en el cuaderno. Sonrió levemente al recordar cuando su maestro, don Agapito, le repetía hasta la saciedad, adornada de coscorrones: «Cuidado con los tachones, Marianito: te pueden costar muy caros». « ¡Qué razón llevaba!», dijo en voz alta dando otra vuelta a la radiografía.

miércoles, 12 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 461. Los seres invisibles

Una vez, en un viejo pañuelo, fueron a encontrarse una lágrima y una gota de lluvia . En un primer instante no se dijeron nada, pero al poco empezaron cada una a esgrimir sus poderosas razones de posesión de la tela.
   Este pañuelo es de mi propiedad, ya que el dueño se secó en él el resultado de un desastre amoroso, que soy yo.
   De eso nada. Este pañuelo fue tirado en la calle y yo, caída del cielo, fui a posarme en él. Por tanto es mío.
Después de un buen rato discutiendo, oyeron un grito desesperado:<< ¡Dejadme en paz. Respetad mi silencio y…mi soledad! >> Les dijo el pañuelo, que empezaba a ser agitado por el viento de la madrugada.

martes, 11 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 460. ¿Psiquiatra o siesta?

Los sueños, sus sueños, sí, esos que eran como pájaros de tonalidad rosada muy agradable, fueron de repente perdiendo altura hasta que, ya a tiro de un grupo de crueles y certeros cazadores que portaban las mejores escopetas existentes en el mercado, empezaron a disparar contra ellos derribándoles a todos sin excepción. Una vez en el suelo, que no era un mullido colchón de hierba fresca como en las praderas de las películas del lejano oeste, sino un barro húmedo y pestilente, fueron pisoteados por una manada rabiosa y descontrolada de ñúes, cuyas pezuñas iban rematando a aquellos rosados sueños que habían tenido una segunda oportunidad después de la perdigonada recibida.
<< Ufff..., vaya pesadilla ¡No sé si debería ir al terapeuta o no volver a quedarme dormido viendo estos programas de animales!>>

jueves, 6 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 459. Siguiente sitio

No encontraba su lugar. De nunca, esa es la verdad, aunque se engañaba constantemente: trampeaba a su subconsciente ya que iba de sitio en sitio, siendo sitio un comodín, es decir, cualquier cosa: pareja, amigos, playas, ciudades, lugares de vacaciones, consultas médicas…vamos, repito, cualquier cosa en neutro, femenino o masculino.
Se preguntaba, en los momentos lúcidos que tenía por desgracia, si sería una equivocación de su ¡última reencarnación!  Hasta en eso se engañaba, ya que sabía antes de hacerse la pregunta, que no creía en la reencarnación.

…Siguiente sitio…éste parece bueno.

lunes, 3 de abril de 2017

Nanorrelato Nº 458. La casa de paja

Cuando se terminó de verdad todo lo que tenía ahorrado no se desesperó. Curiosamente, lo que le vino a la mente fue su cuento favorito, aquel que tantas y tantas veces su madre le había leído hasta grabarlo en su mente a prueba de demencias. No dejaba de resonar la frase «y soplaré y soplaré y tu casa derribaré». Se sentó en el suelo.
—¿Qué haces, papi?
—Esperando al lobo, hija.

jueves, 30 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 457. A mejorar

Llegó uno de los momentos más duros de toda su vida, el de la separación. Inevitable. Sí, inevitable. Lo había intentado todo. Todo, todo, cuantitativamente todo. Ya no podía más. Los ojos llenos de lágrimas, la cabeza a reventar, asfixia. Los médicos, todos a los que había acudido, nada pudieron hacer. Visitó a los mejores y nada, no hubo solución. Después de cinco años juntos, cinco años intensísimos, cinco años de la mejor y más gratificante compañía, todo se acabó. «Aquí vas a estar muy bien. Vendré a verte». Después de esa breve despedida salió a la calle, cogió el autobús y regresó al hogar, ahora vacío. Se tomó la medicación de la alergia, alergia al epitelio gatuno. Empezó a mejorar.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 456. Salta al hiperespacio

—Mira qué planeta más bonito, parece una bola azul. ¿Nos acercamos, Levo?
—No sé…, Dextro. Bueno, venga.
—Allí parece un buen sitio para cotillear. Anda, activa la invisibilidad, Levo, no vayamos a darles un susto innecesario.
—Vale.
—Hummm, qué curioso. Qué construcciones más llamativas realizan estos organismos.
—Estoy de acuerdo. Vámonos a otro sitio. Hagamos un pequeño estudio de homogeneidad, Dextro.
—Bien. Mira allí, en aquella esquina de ese continente, esa zona que tiene forma de cuerno de mamut gorditiano. Parece un buen lugar.
—Qué raro…, que abdómenes más abultados. ¿Son otra especie?
—No lo creo. El analizador genético no señala diferencias al respecto.
—¿Entonces?
—Creo recordar, pero es sólo un vago recuerdo de estudiante de biología universal, que en determinados organismos, a consecuencia de una falta proteica, el agua invade los tejidos. Pero… te repito que hace mucho tiempo y no estoy muy seguro.
—Pero…, Dextro, un déficit proteico implicaría que se están muriendo de hambre. ¿Cómo van a permitir entre seres vivos, y más de una misma especie, que se mueran de inanición? ¡Tienes cada cosa!
—Llevas razón. Siempre he tenido la polaridad más negativa que positiva. Pero, por lo que más quieras, Levo, vámonos de aquí que hay algo oscuro que me hace temblar las antenas. Salta al hiperespacio, por favor.

martes, 28 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 455. El siguiente

 Era un paciente más. No lo digo en tono despectivo, no, sólo en numeral. Era el siguiente. Además, eso era muy importante. Sí, parece trivial, pero ser el siguiente es crucial. Le miró, le dijo lo que tenía que decirle; en buen tono, pero con la inmutable verdad siempre por delante. No eran buenas noticias, pero ahora lo importante es que el enfermo supiese que tenía un médico delante. Una vez terminada la conversación, una vez dicho todo y agradecido por ambas partes el haber sido un magnífico paciente y un buen médico, justo antes de darse ambos la vuelta, limpiaron una mancha que tenía el espejo.

Relato del libro "El Velocirraptor y 53 relatos más"

lunes, 27 de marzo de 2017

NanorrelatoNº 454. Su música

Entró decidido a no entrar. Necesitaba medirse, a ver qué tal iba de fuerza, a echar ese pulso que tantas y tantas veces había perdido por muchísima diferencia. No la miró, aunque sabía más que de sobra que ella sí le había visto: sentía sus ojos, su magnética luz. Una vez allí se dio cuenta de que era muy pronto para hacerse el chulo. El sudor frío de su frente le delató. Oyó su voz, su música celestial, su suerte. Ya era muy tarde para darse la vuelta. «Perdón, camarero, ¿me cambia para la máquina?».

Relato del libro "El Velocirraptor y 53 relatos más"

viernes, 24 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 453. El velocirraptor

A aquel que haya encontrado y, por supuesto, abierto esta botella, quie­ro comunicarle que no pretendo ayuda, solo charlar un rato. Para ello, quería decirle que durante muchos años trabajé muy duramente en el continente, jornadas de doce horas con finales horribles del tipo «mis hijos ya dormidos» y «cariño, hoy me he arrastrado un poco más que ayer». Así que un buen día decidí, siempre dentro de mis cabales, ha­cerme náufrago y, me lancé en una liviana nave a la inmensidad del océano, con el objetivo como digo, de convertirme en náufrago. Cuando dicho propósito estaba a punto de cumplirse gracias a que mi débil em­barcación estaba haciendo aguas como loca, se me presentó como en un sueño, una maravillosa isla de un verde fluorescente. Hacia allí fui nadando con mi antiguo objetivo muy mejorado, es decir, convertirme en un náufrago pero de primera especial. Llegué hasta la playa, desde donde ahora mismo le escribo esta carta y me tumbé y, por primera vez en mi vida, dormí, en el más estricto sentido de la palabra, ya que lo que había hecho hasta entonces era descansar. Pero un buen día, que estaba intentando pescar con un palo afilado, se me presentó un veloci­rraptor que, lo primero que intentó, como ya habrá adivinado usted, fue tragarme, no ya de un bocado sino despedazándome. Y, hasta hoy. Des­de aquel instante, no paro de correr delante de él, que nunca logra al­canzarme porque como tiene tantos miles de años, pues eso, tiene poca velocidad. Pero el caso es que no estoy tranquilo, todo el día vigilando y corriendo. He intentado hablar con él, y me ha dicho que no quiere comerme, que después de tanto tiempo comiendo cocos le sería impo­sible digerir la carne. Que sólo quiere matarme, porque le he «jodido su soledad». Y ahora me planteo volver a ser náufrago, pero, volvería a mi vida anterior y, la verdad, casi prefiero seguir corriendo delante de este anormal.


Relato del libro "El Velocirraptor y 53 relatos más"

martes, 21 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 452. Al otro lado

Al salir por la puerta, cuando todavía estaba próximo a ella mientras se abrochaba el abrigo mirando los botones uno a uno por no mirar a ningún otro sitio, notó como el reproche musitado al otro lado atravesaba la mirilla y se alojaba en su espalda cual certera saeta. Sabía, porque no era tonto, que era el final, ¡y de los peores! que son aquellos en los que no existe ni tan siquiera la leve anestesia de un simple aspaviento. El tiempo que tardó en alcanzar el portal fue más que suficiente para recordar toda la vida vivida. Sí, toda.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 451. A dos horas

Desde hacía algún tiempo, todos los dioses del Olimpo estaban muy preocupados. Sentados, cabizbajos, viendo cómo su jefe, Zeus, daba vueltas y saltos de forma compulsiva. Jamás le habían visto así. Era cómo si él hubiese perdido la paciencia, algo del todo imposible dada su posición y curriculum.
<<Dos horas, dos horas. La distancia…>> exclamaba mientras realizaba las extrañas piruetas.
<<No me miréis así ¿No lo entendéis? Pues…, mirad hacia abajo: aquellos dos chiquillos que desde aquí parecen juntos, uno está llorando porque se le ha roto su plumier y el otro porque su nuevo hermanito ha muerto de hambre, igual que el anterior y el anterior y el anterior…. ¿Comprendéis? Me equivoqué, pensaba que estaban juntos…, y están a dos horas de avión. No le di importancia a esa distancia. No supe verlo. Me equivoqué.>>

lunes, 13 de marzo de 2017

Nanorrelato Nº 450. ¡Buen número!

Un excelente día se puso a caminar. Bueno…mejor dicho y para no ser exagerado: un día cualquiera empezó a andar. Era lo que todo el mundo (muy preocupado) quería, que caminara, que avanzara de una vez, que ya estaba bien, que quedarse parado no sirve de nada, que la vida es ir siempre hacia delante. Bien, pues armándose de valor y realizando un esfuerzo (¿sobrehumano?) lo hizo. La primera vez dio unos pasos temblorosos que provocaron el júbilo de los que ‘le querían’. Poco a poco, con tesón y esfuerzo esos incipientes movimientos inestables se fueron convirtiendo en zancadas seguras, firmes, hasta tener por completo dominada la ‘técnica’ y ofrecer ya, sin pensarlo, paseos que eran la delicia de todo el mundo.

<< Mira que son graciosos estos perritos que andan sobre dos piernas como si fueran hombres, ¿verdad, hijos? Después vienen los leones…>>

viernes, 24 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 449. Papiroflexia

    ¿Cómo quién seré? ¿A quién me pareceré? ¿A don Quijote? Umm… ¿Madame Bovary?  ¿El Guardián entre el centeno? ¿Bartleby el escribiente?
    No veo nada de eso en mi bola, amiguita.
    Y... ¿qué ve?
    Agua.
    ¡El mar! Eso es: El viejo y el mar. La segunda parte, estoy convencida.
    Puede ser. Pero podría ser un río o un arroyuelo...no estoy seguro.


De pronto la consultante sintió un dolor agudo a lo largo de todo su cuerpo, un dolor ‘rasgado’, como si la arrancaran de algún sitio. A éste le siguieron otros dolores articulares, como si la doblaran en partes más pequeñas. Y… en forma de barquito, escrupulosamente blanca, la hoja de papel fue a perderse en la alcantarilla más próxima.

jueves, 23 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 448. El techo


      — Bueno, tú dirás.
      — No sé por dónde empezar, mejor dicho, por dónde seguir.
      — Tranquilo. Date tu tiempo. No hay prisa
— ¿Tengo mucho?
    El suficiente.
— ¿Para?
    Para ponerte bueno.
    ¿Seguro?
    Si no lo crees, difícil que ocurra.
    Ya. Al final todo en esta vida se resume en creer o no creer ¿verdad?
    Oye, que el psiquiatra soy yo.
    Ya, pero no te hablaba a ti.
    ¿Ah no? ¿Entonces a quién?
    Al techo, que me mira y escucha. ¡A quién va a ser! ¿No es él el que te cuenta la verdad cuando dejo el diván?

miércoles, 22 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº447. ¡Tan requetebién!

No entendió en absoluto las tres razones, quizás cuatro, que le habían esgrimido para echarle de su puesto de trabajo. No tenían ni pies ni cabeza…ni cuerpo de dónde salir.  Y aquel instante incomprensible se estiró como un chicle, y comenzó una carrera de entendimiento negativo o a medias, siendo generoso, de la mayoría de las cosas que se asomaban a su vida. Al poco tiempo, tampoco se entendía con su familia, ni con amigos, ni tan siquiera consigo mismo. Y sobre todo, no comprendía cómo los cartones, que tantas veces había tirado a la basura, podían calentar tan requetebién.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 446. Que pase el siguiente

Érase un hombre honrado. Mucha gente importante desconfiaba de él. Bueno, no quiero exagerar: desconfiaban muy pocos, la verdad, lo que pasa es que al resto le importaba una mierda su cualidad, que es prácticamente lo mismo que desconfiar. Y no hay mucho más que decir. Es triste, sí, pero me cuesta añadir algo más. Bueno, no quiero ser un narrador omnisciente injusto y me voy a explayar un poco. Nuestro protagonista era médico, y a pesar de todas las órdenes absurdas, incoherentes, egoístas y que en el fondo nada tenían que ver con la curación de las personas, él seguía siendo médico. Y, diciendo día tras día la frase mágica qué, como si de la mismísima piedra filosofal se tratara, hacía resistir al Sistema Sanitario para el cual trabajaba convirtiendo el plomo en oro: << Que pase el siguiente>> Fin.

jueves, 9 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 445. Bipartición

Érase una vez una bacteria muy buena. Digo buena porque no quería hacer daño a ninguna célula, aunque pudiese de sobra. Todas sus compañeras de cepa se reían vehementemente mientras colonizaban y atacaban sin piedad  sus objetivos, mientras que ella no lo hacía. Nuestra amiga simplemente se dividía, y su bondad era repartida entre sus dos hijas recién nacidas, las cuales seguían siendo objeto de mofa. Pero curiosamente, las risas sólo estaban dirigidas a una de ellas, ya que la otra bacteria resultante de la división dejaba rápidamente de ser buena y se convertía en mala; vamos, en normal, como el resto. Así que, por ahora (hasta el término de este nanorrelato), siempre quedaba una buena.
 — ¡No está todo perdido, chicas!— se decían unas a otras, las células supervivientes.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 444. Las gafas oscuras

<<Pero… ¿por qué?>> se preguntaba ante la sacudida que le volvía a ‘regalar’ la vida. << ¡Otra vez en el mismo carrillo!>> De nuevo, todo el proceso de encontrar una razón a tantas bofetadas, inundó su cabeza. Volvía a comenzar la búsqueda con el manido <<Pero si yo no soy mala persona >> Doy fe, como narrador, que así era. Era una persona buena, muy buena y con unos valores de esos que ahora se consideran ‘pasados de moda’. Lo que sí que era evidente, es que hasta algunos (menos mal que no todos) de los seres a los que había ayudado, por ejemplo, de una muerte existencial segura, le habían devuelto semejante acción con un amargo mandoble (por no decir un hostia tremenda). Hasta que… en su desesperación consultó a un adivino; sí, de esos que piden la voluntad. <<Cómprese unas gafas de sol>> le diagnosticó. Y así hizo. Y todo mejoró: disminuyeron drásticamente los mamporros. ¿Por qué?  Pues porque  nadie podía verse reflejado en sus ojos como realmente era, cualidad que suelen tener los órganos visuales de las buenas personas. Por tanto, gracias a la oscura barrera cristalina, la ‘mala gente’ siguió engañándose, debido a que el espejo de la reina del cuento Blancanieves dejó de estar disponible. Bueno, se las quitaba ante quien le daba la gana. Claro, ¡no van a ganar los malos!

lunes, 6 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 443. La Conjura de...

Érase una vez una persona dada por loca. Él luchaba insistentemente por defender su cordura, pero el veredicto le llegaba por muchos caminos: en alto, en susurro, escrito…, y a veces, con un dedo girando en torno a una sien. Pero de repente, el mundo empezó a cambiar según sus profecías:
<< ¡A lo mejor no estaba tan loco!>>
<< ¡Es posible que lo supiera!>>
<< ¡Habría que pedirle cuentas!>>
<< ¡Habrá que ver cuanto se callaba!>>
<< ¡Ha sido por su culpa!>>
<< ¡Eso!>>
<< ¡CLARÍSIMO!>>

…Y el loco acabó en el fondo del volcán para apaciguar la furia de los dioses.

viernes, 3 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 442. El pescador

Érase una vez un hombre que no creía en lo que hacía, a pesar de salir todos los días en su barca a pescar. No creía en su trabajo pero no era ningún sinvergüenza, así que madrugada tras madrugada recorría con su minúscula barquita la distancia que él consideraba prudencial y óptima para llevar a cabo su objetivo. Un buen día le adelantó una barca mucho más pequeña que la suya, lo que le llamó mucho la atención. No sólo le rebasó, sino que se adentró en el mar una distancia ‘enorme’ según sus cálculos, realizados mentalmente y dados por buenos por su larga experiencia. Se preocupó por el probable destino fatal de aquella embarcación, así que decidió esperarla por si, a la vuelta, necesitaba cualquier tipo de ayuda. Al cabo de unas horas, la barquita volvía a puerto y, al cruzarse con el honrado pescador, éste entabló una conversación:
    Con esa barca tan pequeña, amigo mío, no debería adentrarse tanto en la mar.
    Ya, pero las sirenas se encuentran mucho más lejos de donde tira usted la red.

jueves, 2 de febrero de 2017

Nanorrelato Nº 441. Bálsamo profiláctico

Estaba como un flan. Era lógico por otra parte, ya que era su primer día de trabajo. Ya, ya sabía que la habían engañado, que no era “eso” lo pactado, lo prometido,  lo hablado de forma amigable y distendida con su “jefe”<< Pero los tiempos son lo que son, y lo peor de todo…el mundo “es lo que es”>>. El dinero, tan necesario para su familia, se fijó en su mente como primer y único objetivo, y de esa forma aplicó el bálsamo profiláctico tan necesario para dar el siguiente paso laboral: paró el primer coche <<Hola guapo, ¿quieres compañía?…>>

martes, 31 de enero de 2017

Nanorrelato Nº 440. Tú, que sientes.

Tres vertical: amor; valor determinado como bien común: justicia; dos horizontal: acción y efecto de proteger…facilísimo; cinco vertical: compasión. ¡Chupado!
<< Psst. ¿Te parece normal lo que estás haciendo?
<< ¿El qué?>>
<< Hombre…, no sé. Ponerse a hacer un crucigrama cuando está en juego la cuantía de la fianza…>>
<< ¿Qué más da?>>
<< ¿Cómo que qué más da? Me estás poniendo nervioso, y además te está mirando el juez y verás…>>
<< Tranquilo. ¿Tú crees que va a variar algo el que haga o no crucigramas estando acusado y siendo un asesino múltiple? Anda, atiende tú… que sientes.