Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Nanorrelato nº 241. Intensos y verdaderos


Nada más situarse al otro lado del escritorio percibió el olor intenso, educado, verdadero, que ofrece siempre la colonia cara. La mesa también soportaba objetos intensos y verdaderos, como los trazos realizados sobre una cuartilla, líneas seguras que tachaban nombres para siempre; como el marco que encerraba a dos chiquillos vestidos a juego de un gris perla precioso; como las dos manos que descansaban, que sostenían todo el decorado, despertándose una de ellas con un movimiento ingrávido para indicarle que tomara asiento. Pero no….
<< ¿Se marcha usted sin escucharme?>>
<< Claro. He venido sólo…, para irme>>
Óleo sobre lienzo

domingo, 23 de diciembre de 2012

Nanorrelato nº 240. El merecido descanso


Ya era bebedor. Mejor dicho: ya era un bebedor. Bueno, hacía bastante tiempo que era alcohólico pero apenas unos instantes que lo sabía, quería decir. La sensación que recorrió su cuerpo al ser consciente de ello no fue muy distinta a la que se paseaba por su garganta durante el primer trago de la mañana, aunque tengo que añadir que diferencia de la habitual, el sabor acre de la tristeza por el descubrimiento sí que ponía cierta nota de distinción. << ¡En algo he ganado!>> pensó con su brillante mente analítica, esa que tantas y tantas veces le había sacado de apuros y que le había sido fiel durante años, a pesar del maltrato con el que le había pagado tanta devoción. <<Ya no buscaré más una explicación. Por fin descansaré>>.
Óleo sobre lienzo

lunes, 17 de diciembre de 2012

Nanorrelato nº 239. El "cubo"


Para él, el pozo no tenía misterio. A sus congéneres, que se creían mucho mejor que nuestro protagonista, les parecía increíble que alguien tan simple hiciese de forma tan sencilla lo que ellos eran incapaces de resolver sin ingentes cantidades de dinero. Hacía lo que nadie podía: bajar y subir con facilidad. Tenía a su favor, por tanto, ser alguien tan simple como un cubo. Ah, eso sí, se llevaba bien con la polea, a la que nadie, por cierto, le había hecho el menor caso jamás.
Acrílico y esmalte sintético sobre lienzo (65 x 46)

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nanorrelato nº 238. El fantasma del metro


<<Un día horrible ¿verdad?>>
<< Perdone, no quiero hablar. >>
<<No debería bajar la cabeza. En el metro vive un fantasma que, cuando se sienta al lado de uno, le pregunta por sus problemas y, le da la solución. >>
<< ¿Seguro?>>
<<Completamente. >>
<<Pues, espero tener suerte. >>
<<Si desea con fuerza que venga, vendrá. Yo me bajo aquí. >>
<< Adiós. >>
<<Ah, se me olvidaba: no haga esa barbaridad que le viene rondando. Los problemas de dinero los solucionan las personas, y las que le están esperando tienen fuerza suficiente para eso y más. Adiós. >>
Óleo sobre lienzo (46 x 38)

viernes, 7 de diciembre de 2012

Nanorrelato nº 237. El tesoro


Antes de que vuelva papá, hermanita, vamos a darle una sorpresa: tenemos que encontrar ese tesoro que dice que tiene escondido y que por eso no tiene importancia que no tenga trabajo; cogemos un poquito y le compramos unos zapatos, que los que lleva ya están rotos. Corre, venga, vamos, que ya está anocheciendo.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Nanorrelato nº 236. Deseo cumplido


Hastiado de repetir lo mismo sin resultado, de levantarse una y otra vez, de llegar hasta el borde con el deseo ardiente y sólo obtener, recoger, retirar, ese mismo deseo frío e inerte, cambió los papeles: la moneda se quedó fuera, y él se tiró al pozo. Y acertó de pleno. 

martes, 4 de diciembre de 2012

Nanorrelato nº 235. Pantalón largo


Que ganas de ser adulto tenía, de llevar pantalón largo como los mayorzotes para que no le rozase la pierna  la culata del Kalashnikov.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Nanorrelato nº 234. Sólo hay un mundo (como dice papi)


Vamos hermanito preparémonos, como dice papi, para la vida de verdad: tira rápidamente esos libros de mundos fantásticos, que no son más que chorradas y nos hacen perder un tiempo precioso, como  dice papi, y saca el monopoly del mundo real.

martes, 27 de noviembre de 2012

Nanorrelato nº 233. Canción del pirata


¡Qué gracioso! pensaron todos los que ya estaban a bordo: abogados, neurocirujanos, bioquímicos, amas de casa, periodistas….,  al oír gritar al jovenzuelo << Con cien cañones por banda…>> mientras subía a la patera, cuya proa apuntaba ya a África.

A los que se tienen que ir

viernes, 23 de noviembre de 2012

Nanorrelato nº 232. Gracias por el susurro.


<<Déjala a ella que sea pájaro>> le susurró su subconsciente justo antes de despertarse. Todas las mañanas le ocurría lo mismo, el mismo mensaje, el mismo anhelo, el mismo sudor frío. Pero hoy, ahora, era diferente al resto. Sí, era la definitiva. Se acabó. Estaba totalmente de acuerdo consigo… mismo. Perdón: consigo misma. Se vistió, se puso guapa, muy, muy guapa y se fue directamente a…<<Me operaré, sí. Por fin seré pájaro, y volaré, si me da la gana. >>

A los que les dicen distintos.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Nanorrelato nº 231. Su casa



El ruido sordo de la banqueta al caer coincidió exactamente con el segundo timbrazo. Bueno, realmente hubo tres coincidencias, las dos anteriores y la nulidad de la escritura de la casa. Perdón,  permitan que este narrador omnisciente haga justicia: de SU casa.

A los inocentes


martes, 13 de noviembre de 2012

Nanorrelato nº 230. Traición II


Todas las mañanas, de siempre, se traicionaba vilmente frente al espejo del baño. Sus ascensos, de siempre, eran meteóricos.

Nanorrelato nº 229. Traición I


A quien le pueda interesar: me llamo Julio César, y en mi agonía pude reconocer a mi hijo. Jamás he descansado desde entonces, y ya hace.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Nanorrelato nº 228. Vecinos III


 El buzón de mi vecino, el endocrino, estaba a régimen. Los carteros que lo sabían, le hacían de rabiar enseñándole sus suculentas revistas.

Nanorrelato nº 227. Vecinos II


Cuando el del banco tocó el timbre de mi casa, todos mis vecinos salieron al descansillo gritando que la prima de riesgo había bajado.

Nanorrelato nº 226. Vecinos I


Otra vez el mismo sueño por los gritos de bruja de su vecina. Anoche tocó Hansel. Anteanoche, Gretel. Que asco le daba el chocolate.

sábado, 27 de octubre de 2012

Nanorrelato nº 225. Enhorabuena


Cada mañana la sensibilidad la despertaba con un pellizquito. Era como un calambrazo en el centro exacto de su interior pero que, a pesar de la cercanía, parecía que la acción se produjese fuera, muy lejos. Esa imaginaria distancia entre la misma sensación era lo que la desconcertaba y la hacía preguntarse que <<cómo es posible que, estando tan lejos, me encuentre>> Y así, todos los despertares: pellizco y asombro, pellizco y asombro….Aunque, una vez de lleno en la vigilia, todo se transformaba: el pellizquito se convertía en vejación, y el calambrazo en un hematoma horrendo, y la distancia que existía hasta el teléfono se dilataba como un metal de otro mundo. Pronto, muy pronto lo descolgaría….Hoy mismo. Enhorabuena, pues.

A las mujeres maltratadas 

viernes, 26 de octubre de 2012

Nanorrelato nº 224. Ése


<<No, no…, y no>> resonaron en su bóveda craneal como tres disparos hechos en el silencio de la noche. Media vuelta y, de nuevo, esta vez frente a la  mesilla: <<no>>
Seguidamente el silencio interior, ese que siempre llega tras una decisión fundamental, ese que nos deja clarísimo el significado de la palabra soledad. << ¿No?>> le susurró su subconsciente, ese que sólo entiende…, de sus cosas. <<NO>> le respondió tajantemente << Pero…, si todo el mundo lo hace. ¿Vas a ser tú el único?>> Volvió a la carga su subconsciente << Yo no. No pienso mentir. No pienso traicionar mis valores>> respondió en voz alta, para que no le quedase ninguna duda <<Allá tú. Pero me parece hoy en día un anacronismo tu postura. Te convertirás en un perdedor>> le dijo a bocajarro << ¡Te equivocas!>> le respondió también a bocajarro <<Por cierto, por curiosidad ¿por qué?>>le preguntó intentando gastar su último cartucho << Además de cruel eres tonto. La cosa está muy clara: para que tú no me vuelvas a hablar jamás>> Y…, colorín colorado, abrazando a sus valores eternos, se durmió plácidamente y, creedme amigos míos que nunca jamás de los jamases necesitó una sola pastilla para dormir. Fin

miércoles, 24 de octubre de 2012

Nanorrelato nº 223. Error de volumen


Y buscaba, buscaba…, todo el tiempo. Y, como siempre que se busca algo demasiado grande, vamos enorme, pues claro: no se encuentra. Pero a pesar de tener bien claro, desde el principio, que en esos recipientes tan chiquitos no puede hallarse lo que se desea, repito, tenerlo tan claro desde el principio..., sigue buscando; quizás, por tener cierta compasión con el protagonista de nuestra pequeña historia, he de añadir que la mayoría, por no decir todos, de los seres humanos, cometen siempre el mismo error digamos….de volumen, aunque curiosamente todos piensan que su inútil búsqueda es personal y única.

lunes, 22 de octubre de 2012

Nanorrelato nº 222. Ese dinero


Llevaba  muchísimo tiempo subido en el triunfo. De hecho, ya casi no se acordaba de los comienzos, de cómo entró en el partido y de su escalada. Ahora, hoy, en un día lluvioso, todos esos recuerdos estaban tan poco definidos como las formas que se veían a través de la empañada ventana de su despacho. Tenía la tranquilidad, dada por tantos años mandando “de verdad”, totalmente aposentada en lo más hondo de su ser. Gracias a ella (reflexionó) no había perdido la compostura frente a esas acusaciones de malversación de capitales y prevaricación. Cogió su abrigo y fue a tomar un café.
<< Buenas, ¿me pone un café? >>
<<Cómo no…aunque no debería, por ser el asesino de mi hijo>>
<< ¿Qué dice usted?>>
<< ¿No es usted ese concejal acusado de quedarse con lo que no es suyo?>>
<<Oiga…tranquilícese. No me ponga nada, que me voy>>
<<Con una pizca de  ese dinero…maldita sea mi estampa… mi hijo no se habría matado en ese punto negro>>

Los recuerdos ya no eran tan difusos: instantáneamente se acordó…de todo.

sábado, 13 de octubre de 2012

Nanorrelato nº 221. ¡Ojalá que no!


“… toda teoría de la guerra reposa en el riesgo calculado”
“…estudiar el clima, la altura…”
“…atacar sólo cuando la posición es favorable”
<< ¡Vaya pesadez de libro!>>
<< ¿Cómo dices cielo?>>
<<El libro éste que me regaló tu hermano…que sólo habla de estrategia en la guerra. No voy a ser capaz de acabármelo, aunque esté aquí tumbado con la pierna rota>>
<<Lo que no sé…es si vas a ser capaz de leer…esto>>
<< ¡Me…han despedido! ¿Por qué? Pero…si íbamos más o menos defendiéndonos. No hay derecho. >>
<<Sigue leyendo el libro ese: a lo mejor, en breve, lo necesitas (¡Ojalá que no!)>>
Óleo sobre lienzo 35 x 23

sábado, 6 de octubre de 2012

Nanorrelato nº 220. Pasatiempos en La Haya


Tres vertical…socio; loción protectora contra los rayos…bronceador; dos horizontal, acción y efecto de resumir: resumen; cinco vertical…, condonación.
<< Psst. ¿Te parece normal lo que estás haciendo?
<< ¿El qué?>>
<< Hombre…, no sé. Ponerse a hacer un crucigrama delante del juez cuando está en juego la cuantía de la fianza…>>
<< ¿Qué más da?>>
<< ¿Cómo que qué más da, subnormal? Perdón…, es que me pones muy nervioso, y además nos está mirando y ya verás tú>>
<< Tranquilo. ¿Tú crees que va a variar algo el que haga o no crucigramas estando acusado de genocidio? Anda, atiende tú que me desconcentras.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Nanorrelato nº 219. La alegría y Freud


El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español…, ni francés, ni inglés, ni esperanto, ni nada de nada; ni tan siquiera hacía señas, ni movía los ojos y apenas pestañeaba. La única conexión con el otro ser que tenía delante era una frente perlada, la cual indicaba el sufrimiento que circulaba a gran velocidad dentro de su bóveda craneal. Con esa parca información, su médico intentaba disminuir la presión para, a su vez, aminorar el dolor. En un rato no muy largo, ambas frentes se encontraban igual de sudorosas. En ese instante de equivalencia se produjo la magia del inicio de la curación, y el sudoroso más histórico rompió a llorar tumbándose de verdad en el diván, con lo que la frente del médico se secó de inmediato gracias a la alegría producida.
Acrílico y esmalte sintético sobre lienzo (90 x 71)

sábado, 15 de septiembre de 2012

Nanorrelato nº 218. Campos de color


Abrió la puerta de lo que había sido su espacio sagrado y percibió el cálido olor a pintura. El color blanco inmaculado de un lienzo virgen, le recordó lo terapéutico que siempre había “el principio”. Se quedó parado en medio del sacrosanto volumen mirando en derredor los maravillosos campos de color que, por alguna execrable razón, habían perdido el poder sanador contra ese maldito y primitivo subconsciente que sólo se rige por la ley del Talión. Sólo le quedaba por ver el último: el rojo sobre el blanco del lavabo. A eso había venido, expresamente.

A Mark Rothko
Acrílico y esmalte sintético sobre lienzo (55 x 46)

martes, 11 de septiembre de 2012

Nanorrelato nº 217. La llave


Otra puerta cerrada. Vuelta atrás. Otro pasillo, de distinto color que el anteriormente recorrido, pero… pasillo. La sorpresa que otrora le producía los distintos colores que iba encontrando, había desaparecido hacía ya muchos kilómetros. Al final se veía una puerta ¿Sería ésta? ¿Estaría abierta? Pues no: también cerrada. Vuelta a la derecha y…otro pasillo. Y otra puerta. Cerrada.
<<No me va a quedar más remedio que utilizar “la llave”. Ya no puedo más>>
Y…los barbitúricos fueron introducidos muy (muy) despacio en su cerradura.

A Marilyn Monroe
Acrílico y esmalte sintético sobre lienzo (92 x 73)

domingo, 2 de septiembre de 2012

Nanorrelato nº 216. Cinco minutos


Érase una vez un hombre con dos subconscientes. Cada mañana se despertaba él primero, y esperaba un ratito a que uno de los ‘dos’ le hablase. No había una regla fija, ni nada de nada, con la que adivinar cual de ellos estaría acompañándolo el resto de día y…, como siempre que existen dos opciones, pues eso, uno de ellos era bueno y el otro malo. Así que, independientemente del resultado, el tiempo de desfase entre su amanecer y la manifestación de cualquiera de sus subconscientes, que solía ser de unos cinco minutos, era el único segmento de su vida en el que se sentía solo…, y libre, claro está. El bueno sólo le aconsejaba y le repetía constantemente, machaconamente, mañana tras mañana en las que ganaba la existencia:
<< Aprovecha esos cinco minutos para hacerte preguntas, no para buscar respuestas. Esas no existen, sólo hay cuestiones>>
…a diferencia del malo que le decía justo lo contrario (como habrá adivinado el lector, si es que lo hubiese)
Acrílico y esmalte sintético sobre lienzo (90 x 71)


martes, 31 de julio de 2012

Nanorrelato nº 215. El paseo


Érase una vez un paseo, de los que habitualmente realizan los seres humanos, a veces porque sí, y otras buscando una respuesta. Éste era del tipo de los segundos. Érase una vez un teatro, donde casualmente terminaba nuestro paseo. Y allí, dentro, se encontraba ‘el lago de los cisnes’; bueno, también estaba el príncipe, los cisnes, el malvado mago, la joven reina... Pero el paseo, nuestro protagonista  de este pequeño relato, terminaba en el lago, en el mismo sitio donde el príncipe y el cisne deciden perecer. (Esto suele ocurrir cuando se buscan respuestas. Es mucho mejor andar por andar). Fin.

 A Rudolph Nureyev

sábado, 28 de julio de 2012

Nanorrelato nº 214. Normalidad


<< Pero bueno, que sorpresa… ¿cómo estáis?>>
<< Pues bien ¿Y vosotros?>>
<< Muy bien ¿Y los nenes? ¿Con los abuelos?>>
<<No. Han ido a una manifestación. El mes que viene les cierran la guardería>>
<<Ah. Ya>>
<<Y hemos dicho: les esperamos aquí, en el centro comercial, tranquilitos>> 

jueves, 26 de julio de 2012

Nanorrelato nº 213. ¿Nosotros...?: ¡Jamás!


Érase una vez una persona que, durante la mayor parte de su vida, fue dada por loca. Sí, así de rotundo: loca. Ella, que lo oía constantemente, luchaba por defender su cordura pero, a pesar de su insistencia, le llegaba el veredicto por muchos caminos: en alto, en susurro, escrito…, y a veces, con un dedo girando en torno a una sien. Pero el mundo empezó a cambiar, y todo aquello por lo que había sido marcado tan categóricamente, comenzó a materializarse.
<< ¡Quizás llevase razón!>>
<< ¡A lo mejor no estaba tan loco!>>
<< ¡Es posible que lo supiera!>>
<< ¡Existe la posibilidad de que no fuese claro en lo que decía!>>
<< ¡Habría que pedirle cuentas!>>
<< ¡Habrá que ver cuanto se callaba!>>
<< ¡Ha sido por su culpa!>>
<< ¡CLARÍSIMO!>>
…Y el loco acabó en el fondo del volcán para apaciguar la furia de los dioses.

sábado, 14 de julio de 2012

Nanorrelato nº 212. Nueve

Siempre, de siempre, el darle un valor numérico a su vida había sido una preocupación, no angustiante, pero sí constante. Normalmente esa necesidad era más imperiosa cuando ocurría algo importante: en los giros, en las encrucijadas... Sólo quería el número, nada más, sin las unidades. No era cuestión de si eran mil unidades buenas o quinientas malas. No. El mil o el quinientos eran lo importante. Lo que significaba vendría después de obtener el valor. Y…, ocurrió. Nueve, ese era el valor real: nueve. Algunas eran más densas que otras. Las de los libros pesaban muchísimo más que las de los recuerdos, aunque debería ser al revés. Pero la vida siempre es real. Nueve, nueve cajas fueron las que el transportista le dejó en el hall de su nueva morada. Nueve cajas. Ese era el valor de su vida.

martes, 10 de julio de 2012

Nanorrelato nº 211. Blancanieves sin manzana

Cada vez se veía más feo. Cada vez el espejo no mágico (real) le devolvía una imagen con una dosis mayor de repugnancia. El mentón era alargado, la nariz aguileña y una verruga enorme hacía de punto gravitatorio de su cara. Cuando sonreía, a la desesperada, con el objeto de coger algo de carrerilla para iniciar la difícil mejoría, dicho gesto era eclipsado de inmediato por el color negro de sus dientes. Por lo visto…, la manzana era para ella (o él).

domingo, 8 de julio de 2012

Nanorrelato nº 210. Tenía

Tenía miedo, muchísimo. Era la primera vez. No era la primera que sentía miedo. No. Era la primera que lo tenía, que era suyo. Al igual que su admirada Frida Kahlo intentó ahogarlo…, pero también el suyo, como el de Frida, aprendió a nadar. <<Y..., ¿ahora?>> se preguntó. <<Nada. A esperar>> se contestó.

jueves, 5 de julio de 2012

Nanorrelato nº 209. La vasija embargada

Érase una vez un genio español. Digo esto porque su morada habitual no era una cobriza lámpara a la que bruñir para verle cara a cara, sino un botijo. Como todos los de su especie, lo que peor le sentaba era estar dentro de su casa encerrado, situación en la que mataba el tiempo deseando que algún ser humano bebiese por el pitorro pequeño y por el grande unos segundos determinados y, como en el caso de sus congéneres arábigos cuando eran frotadas sus lámparas, salir al encuentro de la persona afortunada para satisfacerle en sus deseos, para una vez cumplidos (como todo el mundo sabe), volver de nuevo a su oscura e incómoda morada.
Pero un día su aborrecido botijo se rompió, y fue libre. Al cabo de algún tiempo, la tristeza invadió su etéreo cuerpo dando paso a sensaciones que jamás había sentido pero que había observado infinidad de veces. Se dio cuenta de que al perder su casa ya no podía hacer de genio, ya no podía hacer feliz a ningún ser humano y, en una centésima de segundo, se arrepintió de tantos siglos de maldiciones a su botijo del alma: comprendió, por primera vez, la causa de la desesperación de esas personas cuando se encontraban al borde de perder “sus botijos”.

martes, 26 de junio de 2012

Nanorrelato nº 208. Banquia

Cuando lo tuvo que hacer no le costó tanto, ya que a pesar de toda la información favorable que rebosaba seguridad, vertida durante meses atrás por todos los medios de comunicación fiables, él sabía con absoluta certeza lo que realmente ocurriría y, en consecuencia, fue recogiendo datos que le serían muy valiosos, como la diferencias de temperatura de los distintos suelos amigables o apuntando las marcas comerciales que utilizaban para envolver sus productos los cartones más resistentes. Además, observó de primera mano cómo el vino transportado en recipientes de cartón era mucho más cómodo que en recipientes de vidrio; fue adquiriendo por autosugestión el color cetrino inequívoco de aquel que no puede salvarse, del perdedor. Se entrenó día a día, concienzudamente, a tener los ojos medio cerrados ya que con esa abertura era “más que suficiente”. Aunque…, he de añadir que en el cartón que, aposta con faltas de ortografía como estrategia de mercado resumía su situación, su nuevo curriculum vitae, no iba firmado por un “gracias”, sino con un “bioquímico, gracias”.
Dibujo realizado por el pintor Jesús Oliván

jueves, 21 de junio de 2012

Nanorrelato nº 207. ¿Inalcanzables?

Los sueños, sus sueños, sí, esos que eran como pájaros de tonalidad rosada muy agradable (e inalcanzables, ya he dicho que eran sueños), fueron de repente perdiendo altura hasta que, ya a tiro de una “bandada” de crueles y certeras cazadoras, que portaban las mejores escopetas existentes en el mercado, empezaron a disparar contra ellos derribándolos a todos sin excepción. Una vez en el suelo, que no era un mullido colchón de hierba fresca como en las praderas de las películas del lejano oeste, sino un barro húmedo y pestilente, fueron pisoteados por una manada rabiosa y descontrolada de esos ñúes que salen tan frecuentemente en determinado canal televisivo, y cuyas pezuñas iban rematando a aquellos rosados sueños que habían tenido una segunda oportunidad después de la perdigonada recibida.
<< Ufff..., vaya sueño ¡Anda que no me quedan sesiones con el psiquiatra! >>

lunes, 11 de junio de 2012

Nanorrelato nº 206. De vuelta (Finalista en el VI certamen de relatos breves de RENFE)

No era capaz de aclararse si iba o venía. Imposible saber a ciencia cierta si acababa de salir o, por fin, regresaba. No conseguía orientarse, así que se levantó y se dirigió al vagón restaurante buscando... Pidió una copa de coñac que amablemente le sirvieron, pero de repente, y con voz enérgica, ordenó que se la cambiaran por un refresco. El camarero satisfizo su deseo, cerrando el trueque con un leve apretón en el antebrazo. Ahora sí, ahora sí sabía donde iba: Era un viaje de vuelta a su casa como un hombre nuevo.

domingo, 10 de junio de 2012

Nanorrelato nº 205. La cuarta

La primera vez que rompió una promesa se sintió muy mal. Le dieron arcadas como esas que le afligen a los policías inexpertos que salen en las películas cuando ven su primer crimen espantoso. La siguiente, también; aunque, a la par que ese negativo sentimiento, aparecieron otras percepciones que amortiguaron en parte dicho malestar. En la tercera la desazón había prácticamente desaparecido, he de añadir. Pero esta ausencia, curiosamente, le rememoraba y amplificaba lo que había destruido con la primera. En la cuarta…No, no hubo cuarta, ese numeral es incompatible con la bioquímica, con la vida. No.
Ilustración realizada por el pintor Jesús Oliván

miércoles, 6 de junio de 2012

Nanorrelato nº 204. Deprisita

Exactamente, como reza el título, así quería nuestro maduro protagonista que fuera pasando la vida: deprisita. Era a la máxima cota de felicidad que había conseguido llegar a base de amigos y psicoanálisis: deprisita. Ahí, ahí justo había logrado detener digamos… la ola. Bueno, tampoco estaba tan mal, podría haber sido peor. Sí, podría haber deseado que no pasase. ¡Qué barbaridad ! ¿Verdad?

domingo, 3 de junio de 2012

Nanorrelato nº 203. El amanecer

Era una espesa nebulosa la parte de su vida que le había traído hasta este precipicio. Por más que intentaba transparentar el puré, recordar cual fue el momento clave, en que instante tocó el negro monolito (gracias Kubrick), no conseguía recolectar un acertado resumen temporal. Quizás, y digo quizás, el momento más lúcido en el que casi lo atrapaba, era nada más levantarse…, con las primeras arcadas. Luego, después de varias copas, intentaba poner en claro los datos anteriores pero…, sin conseguirlo. Así que, día tras día, no le quedaba más remedio que esperar hasta el próximo amanecer.

martes, 29 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 202. El favor

Los mareos eran insoportables. Bueno, tampoco quiero ser un narrador exagerado: eran muy desagradables. Le habían dicho, de muy buena tinta, que podrían ser vértigos. Hasta aquí bien, todo normal; aunque, con lo poco que se había movido en toda su vida, tenía cierta gracia que, esa misma vida que él había tratado tan estáticamente, le devolviera “el favor” mediante un síntoma como si fuese el más audaz y primerizo paracaidista. En fin.

domingo, 20 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 201. ¡Sorpresa!

Por fin alguien le dijo la verdad, pero…, la verdad. Insisto en el vocablo porque era la verdad, de verdad. Así que, en el momento menos esperado: atracón existencial. Una vez que le fue transmitida la receta su reacción no fue especialmente escandalosa, ni lloró, ni gritó…, ni se desesperó. ¿Reír? ¿Saltar? ¿Emoción? Que… ¿por qué no? Pues la cosa está clarísima: era la verdad.
Óleo sobre lienzo (46 x 38)

jueves, 17 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 200. El final

Por primera vez en la vida de nuestro protagonista, o como queramos denominarla, valdría también cualquier otro vocablo como absurdo, equivocación, sinsentido…, vio claro el final. Pero no un final de película traumática con suicidio, alcoholismo, o cualquier otra barbaridad. No. El final a secas, como constante universal de todo su constructo, como si en cualquier momento pudiese haber aparecido y el resultado hubiese sido el mismo. El final como explicación a todo y a nada, como agrupamiento de todos los sentimientos supuestamente relevantes. Tengo que añadir que a pesar de lo descarnado del instante en cuestión, algo, muy poco, de lo que nunca había sentido, apareció como por generación espontánea: tranquilidad. La generó el final. Fin de la ecuación.
Dibujo realizado por el pintor Jesús Oliván

miércoles, 16 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 199. El casco

Los veinte años de travesía galáctica se le pasaron en un periquete, aunque sin la rapidez, es decir, que  pasaron y punto. Cuando el cohete tocó la superficie del planeta sintió algo especial que era, en ese instante incapaz de definir, a lo que no le dio ninguna importancia, respondiéndose simplemente como que necesitaba algo de tiempo para digerir el aterrizaje. Una vez segura y estable la nave, y comprobando que los controles, que medían lo que eran capaces de medir, estaban en verde, desconectó todo y…, se hizo el silencio. Se quedó unos segundos pensativo ante tal hecho: estaba en un nuevo planeta, ya (evento que durante la larga travesía había ido aumentando en deseo). Ahora le quedaba lo más difícil: salir y…quitarse el casco. Para eso había viajado. Sólo para eso.

domingo, 13 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 198. De nuevo

Lo intentó de nuevo. Se acercó, como siempre, lentamente, con cuidado, casi de puntillas; y allí estaba otra vez, sí, frente al espejo. Cerró y abrió los ojos varias veces. Se tapó la cara con las manos para, en un ratito, abrirlas de par en par como si de un libro se tratase; un libro que siempre se abría por la misma página. Cerró las tapas, intencionadamente, ya que las lágrimas nunca se han llevado bien con el papel. <<A ver si la próxima vez se han borrado las letras y puedo volver a escribir…, de nuevo >>


domingo, 6 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 197. Densidad

Lloraba, lloraba y lloraba y aunque pueda parecer mentira, era un hombre afortunado. Inaudito ¿verdad? No voy a explicar el por qué de su fortuna, ni de cómo la vida le había salvado una y otra vez. Tampoco me voy a entretener en la causa de su actitud. No. Lo que sí voy a resaltar, en lo que me voy a parar un momento, es en la densidad de su lágrimas, en lo despacio que caían y en el rastro que dejaban para señalar el camino a la próxima remesa. No eran lágrimas normales, ya que el sentimiento que las hacía brotar tampoco era normal. No, Por eso, supongo, eran como gotas de mayonesa.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 196. De mala gana

Volvió a moverse en su vida como cuando uno está sentado en una silla incómoda y cree erróneamente que el cambio de postura le va a traer la comodidad (la felicidad), aunque…he de añadir que, en el fondo de los fondos sabe que no, y lo sabe por la mala gana que capitanea todo el movimiento. Bueno, esa mala gana que siempre ha estado presente, porque no es el primero de estas características que hace. De hecho, si pudierais verle como yo (algo imposible ya que sólo está en mi imaginación, así que sólo podéis hacer lo mismo que yo: imaginároslo), os daríais cuenta de que está a punto de hacer otro gesto parecido, y…sí, con la misma mala gana. Inútil movimiento, pues.
Acrílico y esmalte industrial sobre lienzo 65 x 46

martes, 1 de mayo de 2012

Nanorrelato nº 195. Pero no

Los recuerdos se movían anárquicamente, como si de una nube de abejas rabiosas y desorientadas se tratara. Le era imposible establecer el mínimo orden entre ellos, para, de esa forma, poderlos dejar tranquilos en sus estanterías, que es donde tienen que descansar. Ni tan siquiera conseguía pegar dos. Ni los más evidentes en el tiempo. Vamos, ¡ni eso! Intentó apoyarse, cual bibliotecario desesperado, en el alcohol, para ver si la chiripa de los borrachos podría ponerse de su parte. Pero no. Intentó utilizar la moderna farmacología con el mismo fin, a ver si la tranquilidad y el sosiego producido por las complejas y geométricas moléculas, conseguían establecer el orden deseado. Pero no. ¿Y ahora?
Acrílico y esmalte industrial sobre lienzo 65 x 54

lunes, 23 de abril de 2012

Nanorrelato nº 194. El carpintero

Volvió a sentir como la ropa se le pegaba a la piel. De nuevo ese trozo de techo se mostró con su color más desgarrador: el blanco. Otra vez esa sensación de adquirir una posición ridícula a deshoras, fuera de contexto, como “que no pega”.  Sí, otra vez. Otra vez ese diván, ese mueble cotidiano a la fuerza por culpa de ese carpintero abyecto que daba saltos dentro de su cráneo, y que “otra vez”, haciéndole una llave de judo, le había  obligado a  tumbarse en él.
Óleo sobre lienzo (27x22)

lunes, 2 de abril de 2012

Nanorrelato nº 193. A dos horas (2º premio concurso microRedlatos Médicos del mundo)

 Todos los dioses del Olimpo estaban muy preocupados desde hacía algún tiempo. Sentados, cabizbajos, viendo cómo su jefe, Zeus, daba vueltas y saltos de forma compulsiva. Jamás le habían visto así. Era cómo si él hubiese perdido la paciencia, algo del todo imposible dada su posición y curriculum.
<<Dos horas, dos horas. La distancia…>> exclamaba de forma compulsiva mientras realizaba las extrañas piruetas.
<<No me miréis así ¿No lo entendéis? Pues…, mirad hacia abajo: aquellos dos chiquillos que desde aquí parecen juntos, uno está llorando porque se le ha roto su plumier y el otro, porque su nuevo hermanito ha muerto de hambre, igual que el anterior y el anterior y el anterior…. ¿Comprendéis? Me equivoqué, pensaba que estaban juntos…, y están a dos horas de avión. No le di importancia a ese espacio. No supe verlo. Me equivoqué.

martes, 20 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 192. Vivida

Al salir por la puerta, cuando todavía estaba próximo a ella, notó como el reproche musitado al otro lado atravesaba la mirilla y se alojaba en su espalda cual certera saeta. Sabía, porque no era tonto, que era el final, ¡y de los peores! que son aquellos en los que no existe ni tan siquiera la leve anestesia de un simple aspaviento. El tiempo que tardó en alcanzar el portal fue más que suficiente para recordar toda la vida vivida. Sí, toda.
Óleo sobre lienzo 60x40

jueves, 15 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 191. Su intuición

Las distintas pastillas se le escurrían de los dedos con la misma facilidad que los reproches hacían piruetas por sus cansadas circunvoluciones cerebrales. Los colorines de las píldoras se mezclaban como si su ojo izquierdo, el único que mantenía abierto cuando llegaba la hora de tomarlas, fuera un caleidoscopio. Nunca se había fiado de su intuición, de hecho la había tenido por inútil a lo largo de su existencia. Pero ahora no le quedaba más remedio que hacerla caso, ya que era absolutamente incapaz de leer el nombre comercial en la caja. Al final…, sirvió para algo.

martes, 13 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 190. Todos

Todo el pueblo salió al unísono a la calle con la misma expresión de asombro. Durante largo rato, con las miradas y las manos medio extraviadas, se fueron preguntando (y tocando)  unos a otros el porqué, aunque tengo que apuntar que nadie fue capaz de despejar dicha incógnita. Bueno…, la verdad es que TODOS sabían muy bien la causa, pero era tal la vergüenza que producía la desesperación que sentían, que ninguno se atrevía a decir nada, ni tan siquiera a uno mismo: la campana ya nunca más les hablaría. Que desgracia.
Obra del pintor chileno Mauro Olivos

viernes, 9 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 189. Quizá

Mirar a su barca era como mirar a su vida, y a la de su padre, y a la de su abuelo y…, a la de su hijo. Quizá por la profundidad temporal de esa mirada, llevaba horas sentada en ella, sintiéndola respirar, acariciando su piel. Quizá por ello su primogénito preguntaba insistentemente << ¿Por qué no nos movemos padre? >> Quizá sintió el fracaso. A lo mejor no se atrevía a levar el ancla. Quizá no quería llevar a su amado hijo a ese lugar…, ni a su querida barca. Quizá.
Obra del pintor chileno Mauro Olivos

miércoles, 7 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 188. Sus manitas

Miró sus manos buscando una respuesta. Miró una y después la otra. Sabía perfectamente que aquello era importante, que de su resolución dependería el resto de su vida, el resto de su mundo, el resto de su universo…, el resto de todo. En principio, visto desde fuera, parecía un proceso normal: claro, todo el mundo tarde o temprano tiene que afrontar una decisión (la decisión) crucial en su existencia. Todo parecía lógico, repito, salvo porque ella, mejor dicho sus manitas, tenían diez años. Ella no.
Obra del pintor chileno Mauro Olivos

lunes, 5 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 187. Contranatural

    Mamá, tengo hambre
    Ssssh, no me interrumpas hija.
    Pero…, es que tengo hambre.
    Ya, ya. Tienes que esperar.
    ¿Por qué mamá?
    Porque sí. No lo entenderías, es cosa de mayores.
    Pero es que me duele la tripa.
    YA CÁLLATE. He apostado toda la leche. Estoy de racha. Va a salir mi número bonito, el día en el que tú naciste.
    ¿Y si no sale, mamá?
Cuadro del pintor chileno Mauro Olivos

domingo, 4 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 186. Objetivo

Aunque se negaba a asumirlo, tenía perfectamente claro el objetivo de escribir en un papel cómo era él. Claro, no fue instantáneo ya que el miedo, la angustia, la cobardía paralizaron un buen rato los músculos necesarios para que se diese la escritura. Pasado ese ratito, con trazos temblorosos, comenzó a decorar la hoja. Pero curiosamente no aparecieron características personales de ningún tipo. No. Sólo había un nombre escrito en una esquinita, en pequeño, aunque marcado con tanta fuerza que el papel había sido atravesado. El sonido seco del disparo confirmó fehacientemente el objetivo.
Acrílico sobre lienzo 65 x 46 cm

sábado, 3 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 185. Lo sabe todo

Vengo a por una solución. Vengo a por…, una solución. Llevo mucho tiempo desesperado. Usted lo sabe. Sí, yo sé que usted lo sabe. Necesito YA esa repuesta. El tiempo se agota. Sí, ya sé que perdí el tiempo y el mundo echó a andar, y mi mundo echó a andar, mejor dicho. Que la felicidad hay que buscarla. Mi situación es desesperada, pero eso no hace falta que se lo cuente, porque usted lo sabe todo.
    ¿Te has fijado en el que vino ayer de madrugada?
    Cual ¿el suicida? ¿al que le salvaron in extremis?
    Bueno, le salvaron es mucho decir. Creo que es muy probable que se quede así para siempre. Estuvo mucho tiempo respirando monóxido. Pero lo que te quería decir, es que parece como si quisiera hablar. Si te fijas, parece que está suplicando.
    Anda, vete a descansar que llevas mucho tiempo de guardia.
Acrílico sobre lienzo 41 x 33

viernes, 2 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 184. Tres

Al levantarse, sintió de nuevo el empujón de la angustia intentando con todas sus fuerzas que retornara a la posición inmóvil, de feto muerto, dentro de la cama. Era como intentar elevar en volandas a dos personas; que digo dos, tres: la de dentro pesaba justo el doble. Así que, lo dicho: uno más dos igual a tres. Y otra vez la física, como madre de todas las ciencias, con toda su lógica otorgó la solución: cayeron a peso en la cama los tres.
Óleo sobre lienzo 41x33 cm

jueves, 1 de marzo de 2012

Nanorrelato nº 183. El peor amigo:él

Y…, todo en la vida tiene un final (lógicamente eso incluye, tarde o temprano, al contenedor más grande, es decir, a la propia vida). Pues bien, una vez ocurrido lo escrito en el anterior paréntesis, se sentó a esperar la siguiente. Bueno, tengo que aclarar que la propiedad de reencarnarse es cierta, por eso se sentó a esperar. Estaba tranquilo ya que, una vez consumada dicha reencarnación, de la anterior no se acordaría de nada. No había sido una buena vida, no. No supo detener a tiempo a su peor amigo. Por ello, estaba ilusionadísimo con la siguiente etapa. Y…, ya no sé nada más. Buen viaje.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 182. Los buenos

Y por fin, apareció. Los rezos, la historia, las súplicas, la lógica, las palabras, la verdad…, no fueron suficiente contención. Los buenos (sí, los buenos, he dicho bien) avisaron de su inminente llegada. Allá estaba, con su repugnante silueta. El cielo no tuvo más remedio que ennegrecerse pero no para derramar su beneficiosa agua, sino para no ver el espectáculo abyecto que, en breve, iba a tener lugar.
Óleo del pintor chileno Mauro Olivos

martes, 28 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 181. Preciosa

Le pareció preciosa desde el primer instante que la vio. Y no sólo eso, sino que además era fuerte, robusta, inmensa y…, de alguna forma, su amiga. Cuando se introdujo en ella, una sensación maravillosa le recorrió la espalda, como si proviniera de una mano agradable, caliente y templada, segura, firme <<Por fin llegó la noche>>. La sensación cálida continuó, hasta que el ruido sordo del bebé inerte lanzado contra el agua y el silencio atronador de la madre, la hicieron desaparecer por completo. La patera continuó su rumbo y…, seguía siendo preciosa.

domingo, 26 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 180. Todo

La mirada era tan intensa que el cuello a duras penas podía sostener la cabeza ya que lo normal, lo habitual, lo cotidiano, fueron pasando a la categoría de imposible, de inalcanzable. Todas las ilusiones, todos los secretos imprescindibles transmitidos de padres a hijos desde tiempos inmemoriales, todos las oraciones, todos los susurros, todo lo que es sólido, todo lo que debería ser…,de repente no es. No hay desolación mayor que la que oferta el vacío con su execrable gama de cuatro formas: picas, tréboles, corazones…diamantes.
Óleo del pintor chileno Mauro Olivos

jueves, 23 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 179. Valiente

Primero fue una aurícula la que se plegó sobre sí misma haciendo desaparecer el mágico hueco. Luego le ocurrió lo mismo a la cavidad adyacente. Y así con todas, hasta la total transformación del volumen en una sólida piedra. El nerviosismo de la sangre iba en aumento, ya que por cada órgano que paseaba era bombardeada a preguntas del tipo <<qué está pasando allí arriba que tienes muy mal color>>. Ella sabía el veredicto pero, para que no cundiera el pánico, respondía con una sonrisa (la misma) a cada una de las cuestiones encontradas, manteniendo el tipo de forma valiente. ¿Qué cómo lo consiguió? Pues utilizando el recuerdo de cuando formaba parte de su composición la felicidad con todas sus cualidades. El silencio no tardó mucho en aparecer.

martes, 21 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 178. Ya vendrá

Primero se le acercó un pato y le dijo lo que “tenía que decirle”. Luego le tocó el turno a una hermosa lagartija, la cual también verbalizó lo que ella quiso. Después una cebra, un ñu, un águila y, para finalizar, una comadreja. Una vez escuchado a todos, y antes de partir de nuevo hacia el Olimpo, Zeus le preguntó a su ayudante de cámara por qué no había venido ningún hombre.
    Sí, vino uno, pero estaba tan deprimido, tan acobardado que, a pesar de haber esperado toda la fila en el último momento dejó de creer en Dios, en ti.
    Pero… ¿no me estaba viendo?
    Sí, pero ya sabes como es eso de la depresión.
    Pues nada. Ya vendrá.
    Pero…, directamente arriba.
    Claro.

lunes, 20 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 177. Jackson Pollock

Fue el mejor regalo de su vida, el más increíble. Eso, exactamente eso es lo que fue: increíble. Tenía el tamaño perfecto, llegó en el momento exacto, y el papel que lo envolvía era precioso, con un colorido anárquico muy parecido a esos inmensos cuadros de Jackson Pollock que tanto le apasionaban. Además, para colmo, sabía lo que era…, bueno estaba casi seguro de ello. Pero ese “casi”, esa pequeñísima distancia entre la posible verdad y la absoluta seguridad fue suficiente para no iniciar la apertura: prefirió seguir imaginándoselo.
Dibujo realizado por el pintor Jesús Oliván

domingo, 19 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 176. Había y hacía

Había estudiado mucho. Lo había aprendido todo. Hacía ya bastante tiempo que la totalidad de los datos descansaban dentro de su bóveda craneal. De hecho, ya sólo se dedicaba a realizar lecturas al ralentí para evitar cualquier pequeña fuga intelectual que pudiera producirse. Y llegó el día del examen. Nada más ocupar su sitio asignado, se levantó entregando los papeles absolutamente en blanco. El profesor, que sabía de sobra el esfuerzo realizado por él, para calmar su perplejidad, le preguntó en el quicio de la puerta del aula.
<<Me lo sé todo, pero no estoy preparado…, para aprobar. A la siguiente, tal vez>>
Pero, ahora que el examinado no me puede oír (ni podrá jamás) quiero resaltar lo evidente: no hubo siguiente.
Óleo sobre lienzo 61x46

lunes, 13 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 175. Pero...¿quién?

Se cruzó con alguien conocido y, justo en el momento donde la distancia era menor, donde era lógica la reacción, nada. Al ratito, lo mismo: otro individuo que le sonaba  venía hacia él. La cosa estaba clara, ahora sí. Conforme el espacio se iba acortando, la evidencia se iba materializando sin posibilidad de error, ya que jugaba además a su favor la estrechez del pasillo de la oficina. Pero…nada, tampoco hubo respuesta por parte del viajero, que se fue alejando a velocidad constante.
<<Pero… ¿quién te va a saludar siendo una mosca?>> le gritó una cucaracha que había presenciado ambas escenas mientras rebañaba los restos de un sándwich industrial.
Óleo sobre lienzo 41 x 33

martes, 7 de febrero de 2012

Nanorrelato nº 174. Impermeable

Estuvo durante mucho, muchísimo tiempo, buscando desesperadamente un piso, su piso. Miró, preguntó, visitó, y volvió a mirar, y a preguntar…
<<Lo siento. No es éste. Aquí no>>
Volvió loca a media población de agencias inmobiliarias con sus acciones repetitivas e inexplicables siempre con el mismo final: no.
Pero un buen día, con la misma seguridad que en las anteriores veces había dicho que no, entregó una respuesta afirmativa. Y…, dicho y hecho: compró la casa. Al vendedor, que ya le conocía de las anteriores treinta visitas, no le era suficiente el haber formalizado la venta, quería saber la misteriosa causa de su decisión.
<<Venga usted en unos días a mi casa en cuanto me instale correctamente y lo entenderá>>
Y así hizo…
   Perdone, pero… ¿qué tiene de especial?
   ¿Cómo? ¿No se encuentra usted bien aquí?
   Pues sí. A decir verdad…
   Pues esa es la razón: esta casa es impermeable a la crisis, a la desgracia, a la desesperación.

martes, 24 de enero de 2012

Nanorrelato nº 173. Curriculum vitae

No era, por hacer un efímero resumen, ni alto ni bajo, ni valiente ni cobarde, menos malo que bueno, y un poco más guapo que feo. Pero a pesar de la absoluta certeza de todo lo anterior y, tener una carrera de la vida aparentemente normal, aceptable, de siempre, pero de toda la vida, había algo que jamás de los jamases conseguía normalizar y que de una vez por todas se estuviese quieto en la estantería que debería estar.
<<Hijo mío, cuando vayas a esa entrevista de trabajo, que no noten que eres raro>>
Ese…,  raro.

martes, 17 de enero de 2012

Nanorrelato nº 172. Tú

El silencio era un pasajero más en aquel trayecto (a mi lado). Pero he de aclarar, que no era causa de la tristeza, o de malestar alguno. No. Era simplemente consecuencia de no haber nada de que hablar. El viaje no fue ni largo ni corto, como la correcta despedida de una carta. Sabía que al llegar al destino, sabía perfectamente, sabía de antemano que la frase sería pronunciada. Eso sí que me preocupaba, bueno, la frase no: la respuesta que tendría que entregar.

    Aquí vas a estar de maravilla papá. Mira que paisajes.
    Ya lo sé, cielo. Ese no es el problema.
    Y… ¿cuál es?
    Tú. El problema, mi problema, es cómo vas a estar tú.
Óleo sobre lienzo 61x46. Realizado por Pedro Carrasco Garijo

lunes, 16 de enero de 2012

Nanorrelato nº 171. De pie (El platito II)

Habían pasado apenas quince días y, aquella sensación de frescor existencial en la que se zambulló al engullir la última uva, que parecía poseer la cualidad de ser eterna, desapareció. << ¡Qué pronto!>> exclamó nuestro amigo, sorprendiéndose de lo efímero del asunto. << ¿Y ahora?>> encadenó inevitablemente a la primera exclamación. << ¿Y ahora?>> volvió a rebotar en su desilusionado cráneo. Antes de que por tercera vez apareciera la execrable pregunta, temiendo que cualquier mente, ni fuerte ni débil, pudiese aguantar de pie  mucho más, fue corriendo al mercado a comprar más uvas. Pero… habían cerrado, para siempre. << ¿Y…, ahora?>>

Óleo realizado por Pedro Carrasco Garijo

lunes, 2 de enero de 2012

Nanorrelato nº 170. El platito

<< ¡Qué nervios!>>, musitó nuestro conocido mientras adelantaba en su cabeza el momento ansiado. Imagen a imagen, fotograma a fotograma pasaban tranquilamente delante de sus mismísimas narices provocando, cada uno de ellos, cierta caricia mental. Miró la hora. Al ratito volvió a mirarla; y así continuó, cada vez en espacios más cortos, hasta que, como no podía ser de otra forma, llegó el deseado momento. Se sentó delante del televisor con el platito entre las piernas y…, comenzó a engullirlas una a una. Cuando tragó la última, esa sensación que sabía de antemano que aparecería lo hizo: esa corriente eléctrica que siente el ludópata en el instante anterior a que la bolita comience a realizar círculos concéntricos sobre la ruleta.
 << ¡Éste es mi año! Ya soy otro>>.