Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 15 de mayo de 2020

Nanorrelato Nº 591. Coronavirus y el poder


En el final de toda batalla hay un perdedor y un vencedor, que nada tiene que ver con lo bueno o lo malo y muchísimo menos con lo justo e injusto. Las batallas son así, se comportan como si fuesen pequeños universos que siguen sus propias leyes físicas. Os explico esto, queridos alumnos, porque eso es lo que ocurrió en un planeta muy lejano, objeto de la clase de hoy. La lucha a la que me refiero se dio entre el poder económico y la ciencia. Y ganó el primero. Y con la rapidez que se dan siempre los vencedores de cualquier liza, empezaron a distribuir su verdad. La primera fue la total modificación de todos los libros de medicina, porque ya sabéis que no hay mejor campo de batalla que la sanidad. Se modificaron los parámetros fisiopatológicos que llevaban siglos demostrando su valía para alargar la vida de aquellos seres. Quedan algunas páginas de algunos compendios médicos, concretamente de cardiología, donde el hallazgo de un infarto de miocardio no dependía de lo que reflejase el electrocardiograma o los datos analíticos. No: el diagnóstico dependía de lo que comunicara su jefe laboral, de si podía faltar al trabajo o no. Ese era el parámetro decisorio. Suponemos que ese libro sería de obligado estudio para todos los médicos de aquel planeta. Y así ocurrió con todos los textos, creemos. Pero uno de ellos, que no se ha encontrado, pensamos que explicaría su extinción: el libro de salud pública, que como sabéis define cómo actuar ante una pandemia. Esa es, según todos los arqueólogos, la causa definitiva de la total aniquilación de aquel mundo. Lo más curioso de todo es que ese valor tan importante que llamaban dinero y que estaba representado por ceros y unos, según algunos restos arqueológicos, no se ha hallado ninguna prueba de su existencia. Es un misterio que algo considerado tan importante, como para jugárselo todo, no quede nada de nada. Como digo, solo hay de aquella maravillosa civilización, esqueletos y algún libro petrificado.

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