En el
año 2020, empezaron a desaparecer algunas palabras. Nadie sabe muy bien el
porqué; quizá por la misma razón que en su día les ocurrió a ajofaina, horcate
o bernete, por poner algunos ejemplos. Una de las primeras en esfumarse fue el
vocablo derecha, que se intercambió con la
palabra centro. Izquierda también desapareció del
habla y de la escritura, pero no se sustituyó por ninguna otra. Y este cambio,
que parece baladí, fue realmente terrible, por poner un ejemplo, para el
urbanismo. Aquellas casas que estaban en el lado izquierdo de la calle,
empezaron a perder valor frente a las del lado derecho, ahora centro. Claro,
uno iba en un taxi y ya no podía decir “la segunda a la izquierda”, porque ese
vocablo no existía, era del pasado, así que siempre había que parar a la
derecha, perdón centro, que no me acostumbro. Eso hizo que aquellas casas,
negocios, escuelas, etc, del recién estrenado lado centro progresaran
adecuadamente frente a las de lado ******, que acabaron en muy poco tiempo
convirtiéndose en un gueto. Imagino que esa misma expresión que se ve en los
habitantes del antiguo lado izquierdo, sería muy parecida a la de los herreros
cuando el sonido del fuelle de la fragua era silenciado por el ruido del motor
de un automóvil.
Un trocito de....
"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner
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martes, 15 de septiembre de 2020
Nanorrelato Nº 624. La importancia del lenguaje
domingo, 6 de septiembre de 2020
Nanorrelato Nº 623. La magia de estos tiempos
Y el brillante recién
licenciado en periodismo, en un alarde de valentía posiblemente justificada en
parte por su juventud, en parte por su inexperiencia vital, y en otra parte por
las inflexibles enseñanzas éticas de sus progenitores, dijo: pero todo esto
que vamos a publicar es mentira. Y abracadabra, se hizo la magia de estos
tiempos: desaparece una carrera de periodismo y aparece otra de reponedor en un
centro comercial.
sábado, 18 de abril de 2020
Nanorrelato Nº 585. Coronavirus y los extraterrestres.
<<
Ni te acerques, Levo. Vamos a dar otra vuelta por este sistema solar, para hacer
un poco de tiempo, hasta que solucionen semejante pandemia, y ya tranquilamente
cogemos las muestras de esta misión.>>
<<
¿Te acuerdas Dextro, de que en el colegio primario nos explicaron que nuestros
planetas sufrieron una epidemia parecida, hace mucho tiempo?>>
<<
No muy bien, la verdad, porque yo venía de estudiar dimensiones paralelas y la
biología se veía de refilón. >>
<<
Pues, te cuento. Hace muchos metrones hubo una epidemia por un virus, que lo
denominaron Boinavirus, no me
preguntes porqué. Por lo visto fue un desastre, miles de muertos, bueno…, la
leche cósmica. Todos los políticos de todas los planetas y distintas regiones
no creas, en vez de ayudar, se liaban a hostias todos contra todos con láseres
de segunda generación. Así que la solución vino de un pequeño y olvidado
artículo de la Constitución de entonces, donde se dejaba claro que, si los políticos
iban contra el pueblo,” el pueblo, es su
derecho, es su deber, cambiarles de dimensión espacio- temporal y elegir a otros
que vayan a su favor”
<<
¡Ah!, por eso ahora, para ser político se necesitan tantísimas pruebas
psicológicas, culturales, éticas…, por si acaso llegaran gobernar. Ahora que me
acuerdo…, a un sobrino clónico mío le pillaron aparcando el platillo en una
zona de carga y descarga y ya no pudo seguir con los estudios de político. Y es
un chaval majo que siempre lleva las antenas en posición educada, pero…….>>
<<Eso
es.>>
sábado, 11 de abril de 2020
Nanorrelato Nº 582. Coronavirus y la batalla del Ebro
Fue testigo de todo. Observó la evolución de todos los seres humanos
que alcanzaba a ver desde su ventana, pero para él era muy importante porque
ese universo parecía suficiente para extrapolarlo al resto de ventanas de todo
el país. Vio cómo empezaron un buen día saliendo a aplaudir a todos aquellos
que se la estaban jugando para que pudiesen continuar con sus vidas, con sus trabajos,
con sus amores o finiquitar sus desamores. Después, esos aplausos fueron
mutando en caceroladas. Ya no había risas, ni “hasta mañana vecinos”. No. Eran ruidos metálicos en medio del
silencio. Después, unos y otros memorizaban como si estuviesen preparándose un
examen, las caras de quienes aplaudían y quienes sacaban cacerolas. Después, apoyados
en sus alféizar, unos a otros se disparaban con los dedos índices hipotéticos
proyectiles lanzados desde la posesión más absoluta de la razón. Y esta vez, a
diferencia de la anterior que fue horizontal, aparecieron verticalmente esas
dos Españas sobre las que escribía Machado entre lágrimas. Y la batalla del Ebro
siguió su curso, ya que nunca terminó, desde aquel 25 de julio del año 38, a
las 0:15 horas. Es lo que afirman…, las ventanas.
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