Pues
efectivamente: salimos mejores. Los detractores de la vacunación ganaron más y
más adeptos, ya que ser “antivacunas” se convirtió en un ideal, en un
sentimiento, y ya se sabe que contra eso la ciencia no tiene nada que hacer, y
si no que se lo pregunten a Galileo. La gente empezó a no utilizar
preservativos en sus relaciones de riesgo, porque el virus HIV realmente era un
chip, no tan moderno como el chip llamado COVID-19, pero un chip al fin y al
cabo. Se puso de moda tener en todos los sitios charcos de agua estancada para que
el maravilloso mosquito Anopheles criara a su familia sin estrés…; huelga
explicar lo que ocurrió. Además, para más inri, no había médicos en los
hospitales, ya que todos se fueron a La Palma a estudiar el efecto de los gases
del volcán, y los médicos de La Palma se volvieron a Madrid, pero no a
trabajar sino a tomar cañas, que “donde
fueres haz lo que vieres, miniño”,
decían y con razón. Hasta que sólo quedó un ser humano, que se despertó de un
coma y al ver a todo el mundo muerto pues le entró la duda, razonable, de no
quitarse nunca la mascarilla en lo que le quedase de tiempo consciente. FIN
Un trocito de....
"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner
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jueves, 11 de noviembre de 2021
Nanorrelato Nº643. Distopía
domingo, 6 de septiembre de 2020
Nanorrelato Nº 623. La magia de estos tiempos
Y el brillante recién
licenciado en periodismo, en un alarde de valentía posiblemente justificada en
parte por su juventud, en parte por su inexperiencia vital, y en otra parte por
las inflexibles enseñanzas éticas de sus progenitores, dijo: pero todo esto
que vamos a publicar es mentira. Y abracadabra, se hizo la magia de estos
tiempos: desaparece una carrera de periodismo y aparece otra de reponedor en un
centro comercial.
domingo, 21 de junio de 2020
Nanorrelato Nº 609. ¿A destiempo?
Cuando ya era muy mayor, un
enigma se le presentó a destiempo…, o no. Sentado frente al televisor de la
residencia sin escuchar nada no porque no se oyese el aparato, sino por falta
de interés que es la situación que más aísla a una persona para poder hablar
consigo misma, intentaba recordar muchas cosas que en teoría había vivido. Digo
en teoría porque hasta él mismo dudaba de si eran recuerdos ciertos o eran
implantes, que hasta dudaba de si pudiera ser un replicante como en aquella
vieja película, “Blade Runner”. Era capaz de recordar muchas cosas, pero la
cara de las mujeres que había amado, no. No entendía muy bien el porqué, y el
nerviosismo afloraba a sus manos, que hasta le echaban unas gotas amargas en un
vasito cuando ocurría esto; y no quería esa cosa,
ya que se le caía la baba y eso le parecía una pérdida de dignidad. Vaya mierda
de vejez, que soy capaz de recordar el tono exacto del verde de las judías que
comí ayer y la cara de mis amantes no, y así me es imposible decirles…, lo que
en su día no pude, pensaba nuestro anciano pintor.
sábado, 20 de junio de 2020
Nanorrelato Nº 608. Sueños sólidos, líquidos y gaseosos.
Ya tenía una edad, una
edad suficiente, quiero decir, como para cosechar alguno de los sueños que
habían permanecido dentro de su bóveda craneal, o eso pensaba él. Por lo menos,
alguno. Pero parecía que la deseada solidificación de alguno de ellos, o vaporización
de otros, no llegaba, y los sueños seguían en ese estado intermedio muy
parecido a la mermelada, por no poner otro elemento de parecida consistencia y
extremadamente desagradable, sobre todo para la autoestima, cuando se nombra.
Pero ungido por la casualidad más rara que se pueda encontrar, algo así como
aquello que contaba el humorista de alguien que se cae en un pajar y se clava
la aguja, se le apareció un genio, en sueños claro. De inmediato, nuestro
protagonista le pidió un deseo, no sea que se fuera a despertar y vuelta a
empezar. Pero la petición, dado el nerviosismo del momento, no fue concreta,
sino generalizada. Y cuando despertó apareció convertido, igual que le ocurrió
al protagonista del genial libro de Kafka, no en un insecto horripilante, sino
en el jorobado de la historia de la batalla de las Termópilas. ¡Me pediste ser muy importante, crucial, que
tu existencia fuera un antes y un después en el destino, y ahí lo tienes, ya
eres aquel jorobado que traicionó al rey Leónidas y gracias a eso perdió la
batalla …de su vida! Ya eres parte
inmortal de la historia de la humanidad. ¿No era eso lo que pedías?¡ De qué te
quejas, si te lo he concedido…,todo!
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