<< ¡Maldita sea!>>
gritó en voz alta, inútilmente ya que estaba solo, mientras miraba fijamente
los bicolores mandos de su nave, perfectamente ordenados, prácticamente idénticos,
igual que un blíster de antidepresivos, vaya. Su queja provenía del fracaso, de
ese maldito sentimiento que le acompañaba hasta en este mágico instante en el
cual estaba a punto de saltar al hiperespacio. << ¡Será
posible!>> Claro, su enfado era
normal ya que estaba fundado en si dicho sentimiento le acompañaría también en
el otro lado. Dudo, pensó, volvió a dudar y…, despegó. Buen viaje. Buena
llegada.
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Témpera sobre lienzo |