Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


miércoles, 23 de marzo de 2016

Nanorrelato nº435. La otra "playa"

Todo era mentira, o mejor dicho: había sido mentira ya que la verdad, a partir de ese mismísimo instante revelador, inundaba espacio y mente. Tantos siglos de certezas científicas irrefutables, tantas evidencias todavía más fehacientes que las anteriores se mostraron falsas ante lo que estaba viendo: la Tierra era plana. Y como tal geometría, todo caía hacia la nada irremisiblemente arrastrado por el agua de los océanos que, al perder su sustentación, se precipitaba ensordecedora hacia el vacío. Y también nuestro protagonista, claro, ya que su psiquiatra lo que siempre le decía es que iba en una barca cruzando el mar y que con esfuerzo y ánimo llegaría tarde o temprano a la otra “playa”, la que todo el mundo se merecía, la cálida, la buena, la de arena fina, la de la tranquilidad. No le dio tiempo. FIN.

viernes, 26 de febrero de 2016

Nanorrelato nº 434. ¡Cucaracha para siempre!

Tanto leer “La metamorfosis”, que como le ocurrió a ese cántaro que iba a la fuente,  una mañana apareció convertido en una cucaracha. Si la hubiese leído bien, y no a medias, que las prisas son siempre malas y las suposiciones… peor, posiblemente se hubiera transformado en un “insecto horripilante”, como dice la novela, y con otra metamorfosis (la buena de verdad) se hubiese podido convertir en una mariposa. Pero no: se transmutó en una cucaracha, y por ende de nada le sirvió la magistral lección que expide la magnífica novela. ¡Cucaracha para siempre! 

viernes, 22 de enero de 2016

Nanorrelato nº 433. Por listo

Recé a un Dios y al otro, por si acaso llevaban razón los seguidores de ambos respecto a estar en posesión de la auténtica verdad. Nada, no obtuve respuesta. Acudí a psiquiatras que me entregaron los últimos fármacos disponibles, y a amigos verdaderos que aguantaron a “palo seco” mis axiomas. Nada, de nuevo. Hablé conmigo mismo en bajito, susurrándome, para no asustarme, y con mi otro yo a gritos, mirándole a los ojos en el espejo del baño. Negativo-Noviembre. Tomé las drogas psicodislépticas más poderosas para intentar engañar a la realidad y pasé temporadas en las que me alimentaba sólo de agua microfiltrada y alimentos libres de transgénicos a ver si de la extrema pureza obtenía algo. Silencio. Y...un buen día me respondieron todos a la vez y… ¡coincidieron! Peor. Muchísimo peor. No me gustó en absoluto la respuesta. ¡Me está bien empleado por preguntar! FIN.

jueves, 14 de enero de 2016

Nanorrelato nº 432. XJ25 a Nodriza: Cambio

Y, con una sensación de fracaso enorme, el extraterrestre envió un mensaje de recogida urgente antes de haber finalizado su misión en el azulado y malherido planeta. Ya no le quedaba moneda terrícola de ningún tipo con la que paliar a los miles y miles de mendigos algo de su, para él, incomprensible falta de alimentos. También es cierto que sus extremidades estaban ya cansadísimas de excavar refugios para chiquillos ante los bombardeos en guerras que no comprendía de dónde venían. Tampoco le quedaba dinero para proporcionárselo a brillantes investigadores que estaban a un pasito de paliar enfermedades horripilantes erradicadas hacía siglos en su planeta de origen.
«¿Ya quieres regresar? Te van a echar la bronca, no has terminado tu misión», le dijo su compañero de platillo
« No quieren. Esto no tiene arreglo…. aquí no pinto nada. Vayámonos de aquí »

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Nanorrelato nº 431. Hacer caso

Un día, de pura casualidad, nuestro protagonista se enteró de que el frigorífico también se puede limpiar, mejor dicho: se debe; que la limpieza pirolítica era sólo cosa del horno y que por muy próximos que estuviesen en su exigua cocina, nunca se podría dar tal colaboración; así que se puso manos a la obra y… debajo de una hoja de lechuga estaba él. Recordó con exactitud el día que lo compró. Le encontró más delgado y con un amarillo menos potente. Normal, había estado encerrado en el zulo de las verduras desde…el principio. Al cogerlo le miró, se miraron: la injusticia y la incomprensión llenaron el blanquecino habitáculo. << ¿Por qué? ¿Por qué me compraste y me abandonaste como si fuera un elemento inanimado sin sentimientos?>>, creyó oír nuestro valiente limpiador. Aunque enseguida desechó tal reproche ya que el bisonte pintado en la amarillenta piel de nuestro olvidado cítrico le hizo comprender que sería imposible que hablase en castellano por lo novedoso del idioma, vamos. Pero algo tendría que decirle, no iba a quedar como un ordinario de tres al cuarto. Así que…<<Rosa, rosae>> le dijo en bajito intentando romper el hielo. << ¿Por qué? ¿Por qué no fuiste capaz de apaciguar tu impulso consumista y me dejaste tranquilo en aquella impersonal cesta del Centro Comercial?>> le respondió en un latín casi castellano. Así que, muerto de vergüenza se preparó un gin tonic, a las nueve de la mañana, intentando paliar la injusticia cometida.  Y la lección aprendida le sirvió de mucho el resto de su vida: fue mejor persona desde ese encuentro, ya que entendió que como reza el dicho “ningún enemigo es pequeño”, a nadie se le debe  ignorar por no ser enemigo. Que no sólo hay que “hacer caso” a los malos. Feliz Navidad.  FIN.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Nanorrelato nº 430. Equis igual a....

A lo largo de toda mi existencia, incluidos los sueños como partes inseparables de ella, me consideré una persona singularmente especial. ¡No había ninguna duda! Y en este último instante, cómico y macabro, y... ya sin retroceso terapéutico posible, me doy cuenta de que sólo soy un vulgar suicida. FIN

jueves, 17 de diciembre de 2015

Nanorrelato nº429. ¿La condición humana?

Una vez que asumió que nadie vendría, se relajó. Anduvo unos pasos, alejándose de la gasolinera, y el aire limpio fue eliminando el olor a combustible con lo que pudo empezar a pensar con claridad. Toda su perruna vida había estado esperando algo: o que le pusieran la comida, o que le bajaran a la calle, o que alguien llegara a casa para hacerle unas caricias. Pero todo eso ya se había terminado. Sí. Esta era la última espera. Comenzó a andar y la ilusión llegó de repente al imaginar las aventuras que viviría a partir de entonces. Se fundió con su antiguo amigo recientemente desaparecido y, convirtiéndose en un organismo mitad perro y mitad abuelo, alcanzó el éxtasis libertario: soy yo, por fin. Tiró, al lugar que le corresponde, todas esas promesas y compromisos y sonrisas de color gris marengo. Pero antes de partir quiso mirar al sol y   en su camino tropezó con unos carteles electorales cuyos individuos fotografiados tenían todos los mismos ojos que su…en fin. Leyó algo de promesa o libertad o buen camino. Se descojonó, es más: aulló de risa.