Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


martes, 17 de mayo de 2011

Nanorrelato nº 89. El albañil

Y, al principio, para no darse a conocer en tiempo temprano donde en un momento de lucidez se le pudiese descubrir antes de haber cumplido con su objetivo, le fue pasando los ladrillos de mes en mes. Más adelante, cuando la confianza se iba espesando, los adoquines eran entregados de semana en semana, para, una vez sólida, dárselos diariamente. Así, sin darse cuenta, el miedo fue construyendo (se) una mastaba, mientras su albañil era incapaz de percatarse de la abominable obra. Cuando sólo quedaba un hueco por cubrir y justo al poner la piedra, en el último movimiento constructor, le fue revelado el verdadero objetivo, bueno…perdón: el resultado. Gritó, pero nadie de fuera le oyó. El aire fresco se consumió. En muy poco tiempo encontró otro operario. Era una época donde el trabajo escaseaba.
Dibujo realizado por el pintor Jesús Oliván

lunes, 16 de mayo de 2011

Nanorrelato nº 88. Variaciones de dos elementos tomados de dos en dos


Érase una vez un hombre que le culpaban de seguir siendo un niño. Érase una vez un niño al que le hablaron como a un hombre. Érase una vez un hombre que deseaba ser cualquier cosa menos un hombre. Érase una vez un niño que no veía el momento de convertirse en hombre. Érase una vez un niño que lloraba como un hombre. Érase una vez un hombre que le daba vergüenza llorar como un niño. Érase una vez un niño y un hombre. Érase una vez un hombre y un niño. ¿Quién de los dos se atrevería antes a hacer lo que tendría que hacer? (¿o quizás es lo que debería hacer?)

domingo, 15 de mayo de 2011

Nanorrelato nº 87. La chuleta

Cuando la ecuación parió por fin la equis, su equis, no se sentó ni reflexionó sino todo lo contrario: dio un salto tremendo. Cómo lo hizo en medio de una vagón del metro, un montón de miradas abandonaron momentáneamente sus libros electrónicos, sus periódicos gratuitos y…las piernas de la de “al lado”, para enfocar al repentino bote de alguien en medio del vacío. En un tiempo mínimo, dichas miradas volvieron a sus tareas anteriores como si allí no hubiese ocurrido nada, salvo la de un anciano, que haciéndole una seña para que se acercase, y tapándose la boca con la mano persiguiendo la máxima discreción, le dijo:
— Llevo toda mi vida sentado en este pupitre esperando este momento caballerete. Aunque tarde, páseme el resultado. ¡Aún puedo aprobar!
Dibujo realizado por el pintor Jesús Oliván

martes, 10 de mayo de 2011

Nanorrelato nº 86. De golpe


Un día, de golpe, se quedó medio tonto mirando una flor. Digo medio tonto porque fue el calificativo más repetido en su entorno, saltando de boca en boca. Bueno…para ser justo he de añadir que no de los más allegados. No, esos no decían nada, y si hablaban algo siempre eran términos médicos que imbuían el suficiente respeto que se merecía su familiar. ¿Qué tendría aquella flor? Pues nos quedaremos sin saberlo ya que, como he dicho anteriormente, se quedó medio tonto.

domingo, 8 de mayo de 2011

Nanorrelato nº 85. El renacuajo

Y por quinta vez, la felicidad volvió a escapársele de la misma forma que las otras cuatro anteriores: como un renacuajo resbalando entre sus temblorosos dedos. Pero en esta ocasión, a diferencia de las previas y previendo que era ya mucho tentar a la suerte, salió corriendo detrás de su “incipiente batracio”. Corrió y corrió, saltó, buceó…hasta que la agarró y consiguió hacerla suya de nuevo. Una vez que era ya evidente que no volvería a dejarla escapar y, por tanto, ella cogió cierta confianza viendo su cambio de actitud, la soltó un poquito para poder mirarla  a los ojos y le dijo:
— ¿Dónde ibas nerviosa?
— ¡Serás chulito!
Dibujo realizado por el pintor Jesús Oliván

viernes, 6 de mayo de 2011

Nanorrelato nº 84. No quería subir


No quería subir, de ninguna de las maneras deseaba encaramarse al vagón. Sabía que al final del viaje aparecería la verdad. De todos los regresos, éste era el más difícil. Por ello intentó resistirse hasta que no pudo más y… se sentó. Una vez sentada, se acomodó a su nuevo estatus y viendo el final próximo lo que no quiso entonces fue levantarse. Pero se aproximaba el final y ahora lo que no quería era andar hacia la salida. Pero tuvo que salir y allí estaba la verdad: Estaba él.

lunes, 2 de mayo de 2011

Nanorrelato nº 83. Nadie


Nunca llegó a imaginarse que, una vez delante del pelotón de fusilamiento, la sensación fuese tan liviana. Siempre había tenido muy presente que podía darse dicha situación, dada su elección (incorrecta) en tiempos de guerra, pero le causó muchísima sorpresa que llegado ese momento tan imaginado y poco deseado, tuviese tan poco empaque la congoja desprendida por el hecho de estar a punto de perder la vida. En cambio, lo que no podía quitarse de la cabeza, el verdadero sufrimiento muy por encima del existencial, era el que nadie había comprendido (ni un solo asentimiento en todo el juicio, pero ni uno) porqué hizo lo que hizo. Nadie.