A penas se acordaba de nada. Su
mente se había ido apagando como las velas que ese chiquillo travieso sopla en
medio de un funeral. Su familia, extrañas figuras para él, repetían constantemente
ese falso axioma de “no se entera de nada, no sufre”; aunque él estaba
hirviendo por dentro, quizá el peor final, ya que lo único que tenía vívido y
claro era esa imagen del torno de la inclusa, ese movimiento rápido y brutal
para su mínima edad, que vaya usted a saber por qué mecanismo neuroquímico
había quedado anclado en vaya usted a saber que circunvolución, posiblemente en
el mismo sitio de aquella mirada
estática del “perro juguete”, alejándose por el retrovisor.
Un trocito de....
"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner
domingo, 16 de marzo de 2025
Nanorrelato Nº 676. El torno y el perro
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