Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


lunes, 30 de noviembre de 2015

Nanorrelato nº 427. Dos mitades

Érase una vez un señor que decidió, con sólo la mitad exacta conservada de sus facultades mentales, dos cosas importantísimas a la vez: dejar de fumar y quitarse la vida. <<Perdone señorita, para mí es muy importante que me reciba ese día el médico de tabaquismo. Necesito empezar a dejar de fumar ese día exacto. ¡Tiene que ser ese día! Por favor, hágame caso>> Un hueco repentino en la agenda del neumólogo hizo posible su deseo. Con lo que, después de la consulta, fue a la farmacia a por las medicinas que acababan de recetarle para que le quitasen un poco la ansiedad en su duro proceso. Se tomó su pastilla y… así se encerró en su coche después de conectar el tubo de escape con el habitáculo mediante la manguera que acababa de comprar en la ferretería que (cómodamente) estaba al lado de la farmacia ¡Siempre le había sorprendido esa forma de suicidarse “a la americana”! <<Por fin he conseguido algo importante en mi vida. No todo han sido fracasos>>, fue su último pensamiento…y muy feliz, de hecho. FIN.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Nanorrelato nº 426. Roy

Roy Batty, el replicante de Blade Runner, no murió en el tejado bajo la lluvia. Falso. Sólo se le escapó la paloma, como todo el mundo ha visto. ¿Pero morir?, no. Voy a contaros lo que ocurrió de verdad: Una vez que Rick Deckard abandonó la azotea para irse con la otra replicante por motivos humanos más que evidentes, nuestro rubio amigo tuvo que tragarse su famoso alegato final, que como todos sabéis comienza con “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…” y termina con “…es hora de morir”. Pues no, no murió, y como digo se tragó sus brillantes palabras y acabó en un trabajo de mierda que apenas le daba para pagarse el terapeuta. Allí, en la consulta, a pesar de los esfuerzos del profesional que tenía en frente, no consiguió superar la sensación de fracaso de haber visto rayos C centellear en la oscuridad y de haber estado muy cerca de la puerta de Tannhäuser, con aguantar ahora a un jefe mediocre e hijoputa durante doce horas por un miserable sueldo, además de que su amada compañera ya no estaba y la soledad del apartamento también influye. En resumen, lo que ocurrió al cabo de un tiempo, como sumatorio de su soledad y sensación de fracaso, es que reaprovechó su alegato anterior y lo redujo a “Es hora de morir…en vida”, y agarró una depresión enorme que le llevó a acabar sus días sentado en un sillón sin moverse prácticamente con la baba colgando. En el último instante, antes de apagarse definitivamente su cuasiperfecto material genético, se dio cuenta de que era más humano de lo que pensaba, y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios…de replicante. Este último pensamiento hizo que muriese tranquilo, eso sí. ¡No todo va a ser negativo! FIN. 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Nanorrelato nº 425. Fumando espero, hoy

Consigo llegar al sillón con el mismo esfuerzo que seguramente realizaría un alpinista en coronar el K-2(no lo sé, me lo imagino). Me coloco las gafas nasales correctamente, ya que durante la travesía hasta mi raído destino se habían descentrado y la falta de oxígeno llamaba poderosamente en mi picudo pecho. Me acuerdo de todos los cigarrillos que fumé buscando la paz de su efecto…y me culpo. Me culpo yo, y además en el informe del médico también me culpa él: “Fumador de 40 cigarrillos diarios desde la juventud…” Escribe fumador pero yo sé que quiere decir responsable. Sí, me culpo por haber fumado, y también por haber trabajado en aquella insalubre fundición de plomo desde los catorce años. Me culpo de no haber salido de allí, de no ser valiente…de no haberlo sido nunca. Pero cuando el oxígeno penetra en mis pobres pulmones y me trae un momento de tranquilidad, perdono mi despiste laboral y al médico también. De lo que no consigo indultarme es de no haberla olvidado, y de fumar… esperando, como dice la canción. De eso no. Pero con la tozudez que aporta la cobardía, en cuanto se vaya mi hija, volveré a encender uno que tengo escondido dentro de una caja de medicamentos: para esperarla, hoy.

martes, 10 de noviembre de 2015

Nanorrelato nº 424.El destino

El plateado cohete iba a toda mecha. Sabía servir bien a su piloto, y para ello surcaba el infinito espacio con la misma prisa que él. Ni una sola mirada atrás, ni tan siquiera para contemplar la belleza del sistema solar desde esa distancia. Nada. Aquello era el pasado. Lo que venga será el presente…el presente eterno, que es, sin duda, el mejor futuro. Según iban pasando los años luz, la prisa empezó a amainar. Un bostezo de descanso absorbió de golpe todo el aire de la cabina. Ya no hacía falta ir tan rápido, por lo que puso la turbina al ralentí. Sintió la necesidad de deleitarse con el paisaje y miró por la ventanilla, pero sólo había oscuridad: estaban en medio de la nada; habían salido pero no llegado. Aceleró bruscamente y el motor se partió en dos. Se hizo el silencio. El ordenador le comunicó que ya no había fuerza motriz para llegar al “destino”, y que nunca hay que bajar la guardia ante la desesperación. FIN.


A Ray Bradbury