Un trocito de....

"Quizá tuvieran razón en colocar el amor en los libros... Quizá no podía existir en ningún otro lugar" Willian Faulkner


viernes, 30 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 423. ¡En pie, soldado!

Y se presentó el monstruo. Sin avisar. Por detrás, a traición. ¡Como le gusta a él…o a ella! Nada más sentir su presencia se puso en pie. Sin dudar y sin hablarle. No hubo carne trémula por el encuentro. Nada de nada. Al enemigo confianzas y debilidades ninguna. Y le clavó la espada en el pecho, donde no había corazón, claro, que para eso es un monstruo. Suficiente. Él o ella esperaban lágrimas y desesperación, pero no semejante tajo. Le atravesó de lado a lado. Y sin dejarle recobrar su fétido aliento, levantó de nuevo y… ¡Zas! un mandoble certero. Y…siguió adelante. ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!  Te derrotaré. Cabrón o cabrona.

A Rodrigo y su difícil pelea contra el cáncer ¡Éxito!


jueves, 29 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 422. Corruto

Érase un político corruto, ya que era tan iletrado que para definirle sobraba la p (de hecho, sería una falta de ortografía ponerla). Se la llevaba muerta de cualquier sitio y cada puesto que alcanzaba, era de mayor relevancia que el anterior. Una noche, cenando con  la familia, pidió más almóndigas, lo que provocó la risa de sus hijos. << ¿De qué os reís, ignorantes? Si está bien dicho. No se qué… Organismo lo permite. ¡Siempre os tengo que repetir… que sólo hay que esperar a que las instituciones hagan legal lo ilegal!>> Y terminó la frase tirándose  un pedo enorme.

viernes, 23 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 421. El adivino

Érase un buen adivino. Ante él se presentó nuestro protagonista. Y…le preguntó sin miedo. Y…le contesto francamente, con cierto temor eso sí. A partir de ese momento, intentó desesperadamente alterar lo que el magnífico agorero adelantó. Hasta que cayó rendido de cansancio e hizo lo que le habían revelado: se quitó la vida. Y el adivino continuó siendo lo que era, un adivino, pero en una mudanza se rajó, y por significar dicho acto mala suerte para siete años, acabó en la basura, que es el sitio donde tarde o temprano acaban esos videntes.

martes, 20 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 420. El camino bueno

Había una vez dos caminos que corrían superpuestos. Se habían encontrado en un cruce y decidieron, en su día, seguir no ya unidos, sino exactamente juntos. La felicidad lo inundaba todo: las piedras, los charcos, los carteles indicadores, incluso si alguna fruta caía desde algún árbol cercano y rodando acababa en ellos, se endulzaba por ósmosis de la dicha que corría. Una mañana, temprano, se encontraron que había hombres y máquinas trabajando justo después de una curva. Dichos humanos premiaron a uno de ellos, que siguió. El otro se quedó un tiempo esperando la ayuda de su “eterno compañero”, pero…ya no era un camino, sino una autopista con problemas y preocupaciones de una gran vía, con vehículos que circulaban a altísima velocidad, zonas de descanso, gasolineras cada cincuenta kilómetros…etc, y por tanto, ya no podía hacer nada por él. El chiquitín, una vez asumido su (digamos) destino, siguió su viaje hacia la montaña, dando servicio a pequeños carruajes y transeúntes casuales. Lo curioso es que ambos fueron felices, dentro de lo dichoso que se puede ser siendo  autopista o vereda, claro está. He de añadir que el camino pequeño, de vez en cuando, se pregunta si su antiguo compañero no fue siempre una autopista, aunque prefiere pensar que no y recordarle como un… sendero bueno. FIN.  

domingo, 18 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 419. Me siento solo

<<Me siento muy solo>> le dijo Dios al terapeuta, arqueando éste la ceja izquierda debido a la sorpresa producida por tratarse de quien venía semejante afirmación.
 <<¿Solo? ¿Siendo… Dios? >>Ahora el que arqueó su blanca ceja al oír la pregunta fue la Deidad.
<<¿Y eso que tiene que ver? ¿Cómo es posible que después de tantos años y de haberme adorado de tantas formas no tengáis claro QUÉ es un Dios?>>
<<Yo sólo soy un psiquiatra que… está empezando poco a poco, que intenta sacar su consulta adelante>>
<<¡Ya estamos hablando de uno!>> le respondió Dios moviendo su mano circularmente.
<<Es que aquí, se viene a hablar de uno. Recuerde señor que esto es una consulta>>
<<¡Todo el planeta es una consulta, pues! Todo el mundo habla sólo de uno mismo>>
<<Con todos mis respetos…también allá arriba se habla de uno mismo, por lo que oigo>> Esta vez el terapeuta guiñó un ojo mientras apuntaba con su dedo índice al techo de la consulta.
<<Cuando decía hace un ratito que me sentía solo, me refería a vosotros. No estaba hablando de mí. Estaba proyectándome sobre mi…creación. Sois vosotros los que os sentís solos. Bueno: me voy ya. Es la hora y no quiero robarle el tiempo al siguiente humano que con toda seguridad viene a hablar de él, porque creerá que está solo>>
<<Hasta mañana pues, Demiurgo>>

(<<Que enfermo más difícil…..>> susurró el psiquiatra)
(<<Tengo que variar la estrategia de la terapia. No avanzo>> susurró dios)



Dedicado a Félix de Azúa por su magnífica novela “Génesis”

jueves, 15 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 418. El último paramecio

Érase una vez un paramecio que estaba solo. Vamos, se dio cuenta porque ya nadie rozaba sus cilios. Era la primera vez desde….muchos millones de años, que no tenía ningún contacto con otro ser, así que fue a buscar la respuesta. Chocó contra un mamífero, al cual reconoció perfectamente a pesar de su tremendo cambio evolutivo. Le preguntó que porqué le habían dejado solo, él y otros. Que qué pasaba, si estaban molestos por algo que había hecho y cosas así. Nuestro primate evolucionado a humano le respondió que tenía cosas más importantes que hacer que realizar anticuados intercambios osmóticos. Vamos, que ya no le interesaba. Que había sido muy majo pero que…adiós. Nuestro amigo unicelular se entristeció. Y nada más. Siguió solo. Un paramecio, sólo…y solo. Ah, se me olvidaba: Nunca más se dividió. No quería que sus “iguales”, resultantes de la bipartición, sufrieran de soledad. Era un paramecio muy responsable. El último paramecio.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 417. Enfermo

Érase un posible enfermo mental (a pesar de ser el narrador omnisciente, yo tampoco lo sé con seguridad). El creía que estaba malo, pero no lo sabía a ciencia cierta, y eso le angustiaba en demasía. Buscaba una respuesta, que enseguida obtenía al contestarse que estaba enfermo…pero no le valía. Lo planteaba al revés, es decir, como estoy enfermo me hago estas preguntas, pero tampoco la inversión de cuestión cambiaba en algo el resultado. Hasta que un día… << ¿y si no estoy enfermo?>> Esta vez sí, la respuesta le valió ¡Ya lo creo!  Y la angustia fue sustituida por el pánico, el cual le acompañó el resto de su vida… corta, por cierto.



Al genial pintor Edvar Munch

jueves, 8 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 416. ¡Cuidado con ser útil!

Érase un christmas dejado encima de una estantería, olvidado allí desde hacía muchas navidades. Los e-mails, wasabs y mensajes de face, que viajaban por el éter camino del móvil, se reían de él, de su obsoleto mensaje y estática figura. De hecho, nada más llegar al teléfono, le enviaban una carcajada en modo de pitido o campanilla, que es como ellos muestran su desprecio, sobre todo los wasabs, que son los más maleducados y abyectos. Pero nuestro christmas no les hacía caso y, a pesar del tiempo transcurrido, exhibía con orgullo el trineo dorado que llevaba pintado en su cubierta, creyendo además de vital importancia y rabiosa actualidad el mensaje manuscrito en su interior. Un día se oyó un estruendo, como un golpe seco. Miró con disimulo y vio como el teléfono móvil estaba desguazado en el suelo. Nuestro amigo pensó, de inmediato, en la muerte horrible que acababan de tener todos aquellos que tanto se habían reído de él. De pronto, sintió un dolor horrible en su cintura.
<< Eso, calza la mesita con esa tarjeta navideña que… llevaba lustros ahí. Si lo hubieses hecho antes, no me habría quedado sin móvil >>

viernes, 2 de octubre de 2015

Nanorrelato nº 415. Maldito color azul

Lo encendió y apagó casi a la vez. Pasó un rato e hizo lo mismo, aunque tardó un poco más en apretar el botón de desconexión. Transcurrió otro ratito, más corto que el anteriormente referido, y encendió…y ya no lo apagó. Llegó hasta la pantalla del pajarito azul y en un alarde de valentía activó el chat. Miró, puso a trabajar sus dedos y escribió. En cuanto la frase fue enviada al mundo del éter sintió un descanso terapéutico << Me va a oír. Se va a enterar. Ya verás, se va a caer de culo>>. Pero esa pequeña batalla supuestamente ganada enmierdó más su mente. Claro, no había contestación y… peor: las marquitas de recibido no se teñían de azul, el color del amor en estos tiempos modernos. << No lo lee ¡No le interesa! >> El pajarito no siempre trae buenas noticias. A veces, no abre el pico para decir: pío, pío. Tu “pío, pío”, quiero decir.” FIN.